sábado, 12 de septiembre de 2026

Otro gallo cantaría

OTRO GALLO CANTARÍA


Basta echar un vistazo alrededor para darse cuenta de que a menudo las cosas no están funcionando como esperábamos. No es que hayamos perdido el juicio, simplemente que muchas veces no elegimos lo mejor o simplemente nos dejamos llevar por lo más cómodo, sin pararnos a considerar lo que hacemos o por dónde vamos tirando; y así nos va, aunque bien pudiera habernos ido mucho mejor. Tan sólo tomamos conciencia de que hemos tomado el camino equivocado cuando ya llevamos recorrido un buen trecho. Toca desandar para enmendarlo o persistir obcecadamente en el recorrido que nos llevará a donde no queríamos ir: directos al atolladero.

Esta semanita pasada salió el tan cacareado informe PISA, que a día de hoy continúan analizando los concienzudos expertos en evaluar sistemas educativos. De poco o nada van a servir los nefastos resultados logrados, porque aunque todos lo veníamos venir, y por tanto a nadie le pilla de sorpresa, ninguna medida se tomará para revertir el desastre. Persistiremos como si las alarmas sean tan sólo cantos de sirenas o palabras necias a las que haya que hacer oídos sordos. Otro gallo nos cantaría si fuésemos lo suficientemente responsables para tratar de reconducir la situación, en lugar de escamotear torpemente las malas decisiones tomadas, echándole la culpa a quién sabe, que en eso sí que logramos una calificación considerable.

Parece como si la educación no importara, cuando es el factor decisivo tanto para el futuro de la sociedad como para la configuración de personas con capacidad plena de juicio independiente y crítico que darán continuidad a la sociedad con sus aportaciones. Tal vez haya interesados en que los ciudadanos seamos cada vez más dóciles, necios y manipulables desde lo instintivo. Cuanto más distraídos estemos y seamos menos capaces de reflexionar, mejor para los que de manera exclusiva miran por sí mismos, nunca por el bien de los demás y su promoción. Si nuestros alumnos no entienden lo que leen, algo no estamos haciendo bien y habrá que revertirlo cuanto antes, en lugar de dejarlo estar. Sí que estamos advertidos, y no sólo por los resultados de los informes PISA, el mal está y es constatable.

También nos se ha informado esta semana sobre la inesperada renuncia del ingeniero de la conocida empresa de software Anthropic, Jacob Coxon. Este joven nos advierte sobre la apresurada y descontrolada evolución de la IA. Tras años de desarrollo y entrenamiento de la IA señala la irresponsabilidad de las empresas que las crean y mantienen. Estas corporaciones no atienden a las advertencias sobre las consecuencias que puede tener su invención al no ser lo suficientemente cautos y previsores ante los avances de la IA, tan sólo les preocupa no quedarse descolgados es esta precipitada carrera tecnológica. Ni atienden a las numerosas advertencias que se están produciendo, especialmente clarividente la encíclica que León XIV sacó en los días previos a su pasada visita a España, ni tampoco a las preocupantes acciones que la IA se ha tomado para realizar operaciones no deseadas por los que se precian aún de ser sus dueños. 

Todo apunta a una situación cuanto menos sorprendente: los humanos perdemos capacidad de comprensión y razonamiento, mientras fomentamos una inteligencia no humana cada vez más potente, fría, autónoma e irresponsable. No es descartable por ello que este eficiente artefacto lógico tecnológico empiece pronto a tomar decisiones al margen de los humanos, y que incluso llegue a tomar el control.

No teníamos bastante con no atrevernos a ser verdaderamente libres, a conformarnos con una libertad de mínimos, mientras los poderosos hacen y deshacen a su antojo sin rendir cuentas a nadie, que ahora además vamos a terminar dependiendo del arbitrario algoritmo. Ver para creer los índices de insensatez que estamos alcanzando. Que sean las máquinas las que terminen anulando algo esencial de los seres humanos, nuestra libertad. porque al igual que hemos hecho con nuestra capacidad lectora, vamos a terminar haciendo con nuestra preciada libertad, por cesión y renuncia. Otro gallo cantaría si fuéramos capaces de tomarnos en serio el alarmante mundo que por acción y omisión estamos propiciando.

Así también este domingo XXIV de tiempo ordinario (ciclo A) nos señala que con frecuencia no procedemos como sería razonable. Exigimos que a nosotros se nos trate de una manera, pero no estamos dispuestos a aplicar esa misma tolerancia con los demás. Queremos ser tratados con manga ancha, y generosamente y con facilidad también nos la aplicamos a nosotros; pero sin embargo, con los fallos que cualquiera cometa no recurrimos a esa misma medida. Somos intransigentes con los demás, pero no nos agrada que no lo sean con nosotros. Queremos ser comprendidos y perdonados por los otros, aunque nosotros nos volvemos duros de corazón, rencorosos y hasta crueles con el hermano que nos ha ofendido de manera al parecer imperdonable. Tenemos dos varas muy distintas de medir, y así nos va. Tan solo censuramos lo que hagan los que nos ofenden.

Y es que vivimos en un mundo hostil y pronto a responder con la agresividad y la violencia. Todo lo resolvemos mediante la misma estrategia: el conflicto y la gresca, pero no el diálogo y el encuentro. ¿Cómo mejoraría la convivencia entre todos (familia, colegio, comunidades, países) si practicáramos más este perdón que Jesucristo nos propone? Otro gallo cantaría, y de manera diáfana y certera, que es como cantan los gallos al anunciar el alba, si en lugar de responder desde el celebro reptil o más primitivo, lo hiciéramos desde la lumbre del corazón en que dejáramos estar al Señor.

En el salmo de este día exclamamos alabando a Dios por ser compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Todos nosotros, criaturas suyas, estamos hechos a su imagen y semejanza podríamos imitar su ejemplo. Tal vez sí podemos entendernos si pedimos perdón y perdonamos en lugar de ofuscarnos en un rencor nocivo y corrosivo. Sólo el que perdona y es perdonado supera los lastres del error y da lugar a un nuevo comienzo.

No se nos pide exclusivamente que seamos más comprensivos con los textos que leemos, porque la lectura es un tipo de comunicación humana extraordinariamente educadora, sino que también y de manera especial, que no nos dejemos deshumanizar por una inteligencia algorítmica ajena a la comprensión de los fallos del otro y a cualquier tipo de juicio moral. Si queremos ser aún plenamente humanos hemos de tomar medidas, y entre ellas quizás no está de más tener presente a este Dios todo misericordia del que Jesucristo es su Hijo. Sí, sin duda, otro gallo cantaría.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Comenzar de nuevo

 COMENZAR DE NUEVO


En la vida, según se va teniendo experiencia, nos vamos percatando que el tiempo pasa inexorablemente. Es verdad que unas veces corre que vuela, mientras otras transcurre más sereno. Tal vez no dependa tanto de la precipitación o la lentitud de este transcurso temporal del reloj como de la manera en que lo vivimos y nos sumergimos en las mismas aguas de ese río que decía Heráclito, ya que se están constantemente renovando. Pero no sólo eso, es que además esta sucesión de los días conlleva la sucesión de etapas; unas se van cerrando y otras dan comienzo.

Sería como sentarse a la orilla del mar y ver que llega una ola, detrás otra, y a continuación la sigue otra, y así desde tiempo inmemorial y hasta vaya usted a saber cuándo. Y es que delante del mar, si uno quiere, se puede seguir contemplando, preguntándose y comprendiendo el misterio que media entre lo efímero y lo eterno. De igual modo, nuestra respiración es un continuo sucederse. Se basa en tomar lo que llega y soltar lo que ya nos ha aprovechado en ese gozo inestimable de inspirar y expeler el aire del que nos proveemos para seguir viviendo. Un aire libre y compartido, un aire portador de oxígeno renovado e imprescindible para mantenernos vivos.

Y ahora a todos nosotros nos toca dejar atrás el periodo vacacional para centrarnos en esta nueva etapa que llega, el nuevo curso que está por estrenar. No añoremos o nos aferremos a lo que ya no es, sino que hemos de disponernos a lo nuevo, a lo que se nos presenta delante y que podemos emplear para nuestro crecimiento como seres humanos.

Por esto empezamos aquí y ahora este nuevo ciclo de entradas del blog de pastoral, semana a semana, latido a latido, domingo a domingo, a la luz de la palabra de Dios, que siempre es inspiradora y nos hace vivir con el espíritu menos adormecido y conformista. Y justo nos encontramos ya con el domingo XXIII de tiempo ordinario del ciclo A, en el que se nos propone cómo ejercer de manera constructiva nuestro papel de educadores en nuestra comunidad del Colegio Santa María de la Providencia o en nuestras familias. Todos somos a la vez educadores y educandos, todos aprendemos juntos, no para condenar los fallos de cualquiera de nosotros, para echárnoslos en cara y hacer daño, sino por contra para comenzar de nuevo, habiendo aprendido de los errores cometidos. Soltar lo anterior y empezar de nuevo, liberar y liberarnos.

No es indiferente, desde el respeto de los uno con los otros, vamos a plantearnos el mutuo aprendizaje en este curso que inauguramos como esa gran oportunidad para madurar y mejorar intelectualmente y académicamente, y de modo muy especial como personas que quieren convivir dando lo mejor de sí. Hemos de hacernos por tanto responsables de nosotros mismos, pero además también de lo que hagan los demás, del resto de miembros de este grupo humano empeñado en hacer realidad un mundo nuevo en el que merece la pena llevar a cabo nuestros proyectos y sueños.

Hoy nos recuerda San Pablo que el que ama al prójimo ha cumplido con toda la ley, la única ley que nos permite amarnos como hermanos, hijos del mismo Padre y corresponsables los unos de los otros. Hagamos realidad nuestra esencia de ser Educación Evangelio con ilusión y coraje, escuchando esa voz del Señor que nos invita una y otra vez a mirar a lo alto, sin conformarnos con aquello que debamos tratar de rectificar. Es una misión y una tarea que hemos de asumir todos, porque si nos tomamos en serio el lema de este curso SOY, podremos mirar ese curso que se nos abre ahora de manera personal y comunitaria. Es esta una vocación extraordinariamente maravillosa para desplegar a lo largo del curso. Todos estamos llamados a llevarla a cabo; sea el curso un proyecto compartido que nos compromete. 

En el evangelio además el propio Jesús nos propone ponernos de acuerdo y unirnos para solicitar la ayuda de Dios, que todo lo puede, para que sea posible; puesto que si nos reunimos en nombre de Jesucristo es está ahí, en medio de nosotros, resucitado y resucitador, es decir suscitando siempre en nosotros algo novedoso y extraordinario. Que Él sea nuestro guía a lo largo de este curso, el que estando en medio y con nosotros nos corrige, nos renueva y alienta. Con Cristo, con su evangelio y su madre, Nuestra Señora de la Providencia, vamos a lograrlo: un nuevo curso lleno de buenas experiencias compartidas, de cuidados y alegrías, de apoyo mutuo y compromiso. Ser Provi es esto y no otra cosa; y este curso que ahora empieza, si cada uno es con el que nos asegura de sí mismos que SOY la verdad, el camino y la vida, va a ser posible y verdaderamente memorable. Pidámoselo. ¡Muy feliz y provechoso curso 2026/27!

sábado, 6 de junio de 2026

Superalimentos

SUPERALIMENTOS


Somos lo que comemos, dicen los expertos en nutrición. Y muy probablemente sea una verdad irrefutable, entre otras cosas por la evidencia de los beneficios que aporta llevar una dieta variada y saludable. El que se alimenta mal enferma. El que cuida su alimentación nutre adecuadamente lo que su cuerpo necesita y eso repercute en la mejora de su salud. Sí, en gran medida somos lo comemos, pero de manera similar podríamos llegar a decir que también comeremos según lo que seamos. 

Hoy, que a la gente le gusta cuidarse, se han hecho famosos los llamados superalimentos. Y esas tendencias son conocidas, impulsadas y aprovechadas por el mercado, que conoce bien nuestros intereses y debilidades. Por ello la lista de estos extraordinarios ingredientes en una dieta saludable y razonada no termina de estar consensuada del todo y por todos. Como se suele decir hay disparidad de pareceres, como hay disparidad de sabores y nutrientes.

Es muy conveniente, por tanto, el cuidado del cuerpo, del propio cuerpo; pero lo que sería de lamentar es que ahí se acabaran nuestros cuidados. Tal vez sería necesario alzar la mirada para comprender que hay que cuidar también la mente, sin olvidarnos tampoco del alma. No podemos empobrecernos a ser exclusivamente cuerpos, sino que además este cuerpo integra alma y espíritu. La grandeza de nuestro cuerpo mortal es que somos mucho más aún, y de ahí que requiramos de otros alimentos indispensables.

Está fenomenal hacer ejercicio en el gimnasio, pero para evitar malograrse se hace muy recomendable ejercitarse también en las bibliotecas, haciendo series de levantamiento de libros, ejercitando la comprensión lectora y la actividad pensante, la puesta a punto de un vocabulario fabuloso y el desarrollo de la musculatura de la imaginación y de la inquietud intelectual. Es en el colegio donde se nos ofrece esa educación integral de mente y cuerpo que no deberíamos desdeñar. Craso error sería dilapidar aquellos alimentos del alma y del espíritu que tan provechosos pueden llegar a ser para el crecimiento de cada uno de nosotros.

Pero además, habrá otra alimentación que precise el deseable fortalecimiento de los tejidos del cuerpo, de ese cuerpo aumentado que no se agota en el individuo, sino que inserta y fortalece a las personas formando familias, grupos y comunidades. Es ese el cuerpo relacional en el que hemos de insertamos para lograr desplegar nuestra vocación a realizar lo que somos no exclusivamente reducidos a individuos, sino en función de los demás. Si perdemos de vista esta dimensión vital de nuestra existencia, el aislamiento termina por destruir la esencia misma de lo que es el ser humano. Cuidado porque este superalimento es imprescindible: interrelación, convivencia saludable y apoyo mutuo.

Este domingo celebramos por todo lo alto la solemnidad del Corpus Christi con el papa recorriendo las calles de nuestra ciudad de Madrid. Es sin duda una ocasión histórica en la que León XIV acude al epicentro de la ruptura social en que estamos inmersos ha hablarnos del fermento de unidad que se puede lograr cuando todos compartimos el mismo pan partido de Jesucristo. Es en Aquel que dio su vida en rescate por todos en dónde está ese ansiado superalimento para la regeneración personal de este mundo fragmentado por el materialismo, el individualismo y la pérdida de los vínculos entre los seres humanos entre nosotros. Sí Jesucristo con su cuerpo y su sangre, con su palabra y su ejemplo puede puede desbrozarnos la vía del encuentro: un encuentro con el rostro del hermano y del Padre. León no viene ha hablar de sí mismo, sino del Dios vivo que ha resucitado, capaz de hacernos partícipes de su vida y de su resurrección.

Estamos todos invitados a acoger a León XIV y a escuchar ese mensaje de unidad que nos trae. Estamos invitados a sentarnos en la misma mesa eucarística y compartir ese pan y ese vino que son Cuerpo y Sangre del mismo Jesús que se entrega por amor a todos. Ha Él de igual manera podemos acogerle para nutrir esa fibra moral, social y espiritual que se nos ha debilitado alarmantemente. Tampoco sería un acierto desechar este Superalimento que se nos ofrece para el crecimiento armónico de la persona, porque el que come de su Carne y bebe de su Sangre tiene vida eterna ya que Jesús mismo, el Hijo amado habita en Él y Él en nosotros.

No nos quedemos en una mera sombra de lo que podemos llegar a ser. Aprovechemos el gimnasio, la escuela y la Iglesia. Ahí nos van a proporcionar la alimentación y preparación adecuadas para el despliegue de la verdad de lo podemos desarrollar. Así ahora, en estos días de conclusión del curso todos hemos de alzar la mirada y considerar si hemos tratado de alcanzar lo esperado y en qué medida lo hemos conseguido. Nuestros alumnos mayores acaban ya su paso por nuestro centro, esperamos haberos ofrecido nuestros superalimentos para que al menos sepan lo que les conviene de aquí en adelante. Recordad que esta será siempre vuestra casa, y por tanto podréis volver cuando queráis y se os abrirán de nuevo las puertas. La Provi es una familia unida, puesto que se alimenta del cariño de María, madre del Aquel que es alimento para la Vida eterna, a la que todos deberíamos apuntar.

sábado, 30 de mayo de 2026

Quien a su familia se parece

 QUIEN A SU FAMILIA SE PARECE


Conocidísimo es el refrán español que afirma aquello de que "Quien a su familia se parece, honra merece". Y es que si hemos recibido un buen ejemplo y una educación apropiada, reproducir posteriormente ese legado que nos han transmitido es realmente justo y meritorio. ¡Qué menos que valorar y cultivar esa preciosa herencia! No se trata de ser meras copias sin originalidad, sino justamente perfeccionar desde la singularidad de cada uno, y en un contexto diferente, esa manera conocida de afianzarse y dotar de sentido nuestras particulares biografías. Todos deberíamos tratar de ser sucesores de un linaje, y honrarlo con nuestra mejor aportación posible.

Y es que es propio de los humanos reconocernos en los otros e imitar aquello que hemos aprendido. Muy posiblemente a lo largo de la vida habremos gozado de hermosos ejemplos y también de experiencias fallidas. A su vez, en la medida que vamos desplegando la existencia, nos convertimos también en modelo de otros muchos, en educadores de los demás por interacción con ellos, seamos conscientes de ello o no. Por tanto, sí importa, y mucho, lo que cada uno hace o lo que deja de hacer, pues de este modo se demuestra el ejemplo que ha recibido y el que está dispuesto a ofrecer también a los demás.

Sin embargo, es muy frecuente otra tendencia contraria: pretendemos que los demás se comporten como nosotros decidimos, que se adapten a nuestro parecer, gusto y antojo. No tanto parecernos a lo que hemos visto y considerado como ejemplar, sino por contra exigir que los demás reproduzcan nuestro modelo. Es ahí donde van a aparecer futuros choques y problemas de convivencia, ya que si todos absolutizamos nuestros modos de pensar o actuar no vamos a dejar posibilidad de encuentro y entendimiento con nuestros semejantes. Y estos patrones de aprender del otro, o de tratar a toda costa que el otro aprenda del uno, tan comunes, pueden estar ocurriendo en la vida espiritual. ¿Queremos asemejarnos a Dios o que Dios se acomode a mis expectativas? Tal vez esta opción reflejaría el grado de madurez del creyente.

Pretender que sea Dios el que nos refleje conduce inequívocamente a la decepción y ruptura con Dios, de igual manera que el que obliga a que los demás realicen lo que uno espera termina por complicar cualquier relación. La otra opción es la más adecuada para el discípulo que desea dejarse hacer por la gracia e ir transformando su vida conforme a la voluntad de Dios, del Dios Creador y Dador de vida plena. Es esta segunda forma de seguimiento la que resulta enriquecedora, la que reproduce lo que ve en el Señor dentro de la Iglesia, lo mejor, lo ejemplar, lo que hace crecer realmente.

Hemos de reproducir esa imagen del Dios trinitario en nosotros y en nuestras comunidades: el amor del Padre, la entrega filial del Hijo en la Vida que da el Espíritu Santo. Este es nuestro tesoro, nuestro cuño y mejor ejemplo. De origen y por nuestra condición somos creados según esta imagen y dotados de capacidad para desarrollar y concretar con inmensa belleza la semejanza con este Dios Uno y Trino, origen y meta de nuestro vivir. Pues si uno vive sólo para sí, su no alza la mirada y abre el corazón, no esta moldeando esa semejanza con la Fuente de todo amor. Pero sí logramos escapar de este autocerramiento individualista que despersonaliza, aísla y empobrece el ser, podremos empezar a estar a merced del fuego del Espíritu transformador. Serás libre y capaz de operar en ti y con los hermanos procesos de crecimiento y santidad.

Sí tenemos una familia a la que parecernos, contamos con extraordinarios modelos para reproducir esa semejanza honrosa. En lugar de desfigurar esa impronta divina que está en nosotros, podemos empeñarnos en destrozarla y destrozarnos nosotros al mismo tiempo. Pero quizás, con la ayuda de los que ya están más avezados en este desarrollo espiritual, que nos acompañan e iluminan es nuestro proceso de liberación, podemos ir gestando lo mejor que hay en nosotros y que la gracia va a enriquecer. Ensanchemos el alma, soltemos amarras, hagamos lo mejor, no lo mediocre, no lo establecido ni lo que nos coarta.

Este domingo de la Santísima Trinidad es tiempo propicio para crecer en esa imagen y semejanza a que nos debemos, como han hecho y hacen tantos santos. Contamos para ello con la gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo. Viene ya nuestro pontífice, León XIV a anunciarnos con valentía el Reino de Dios. Si todos nos ponemos a ello estos procesos de transformación que la Trinidad suscita a favor de los seres humanos serán imparables.

sábado, 23 de mayo de 2026

La fórmula magistral

 LA FÓRMULA MAGISTRAL


Andan en ello, denodadamente están los laboratorio antiguos y modernos, tras la fórmula secreta que dé por fin con la pastillita de la eterna juventud. La ciencia, de la mano de la ultimísima tecnología, cree que en breve tendrán a disposición de los mayores acaudaladas fortunas un remedio útil, si no contra el paso del tiempo, al menos conta el envejecimiento y conseguir detener los estragos que la avanzada edad realiza en nuestro frágil organismo. Antaño ser mayor solía conllevar el ser sabio, o al menos venerable por la experiencia vital acumulada. Hoy, en lugar de aceptar y valorar cada etapa de la vida y el fin natural de nuestros días, nos hemos rebelado contra el declive natural del organismo. Son muchas las dolencias y sufrimientos de los seres humanos, algunos producidos por la enfermedad, pero otros por la pobreza, la desigualdad, el hambre o la guerra. Esas deben de importarles bastante menos a los pudientes, porque no les terminan de parecer dignas de solución, pero la vejez sí, para los que sólo se preocupan de sí mismos y de lo que les afecta a ellos.

Puede que vivir consista más en desgastarse por el bien de los demás, que tratar de retener y acumular lo que biológicamente es contra natura. En una sociedad individualista y desvinculada, más propia de una terrible distopía que de los grupos verdaderamente humanos, cada cual iría exclusivamente a lo suyo siendo indiferente a los problemas e injusticias de los otros, a los que se termina considerando enemigos o rivales, pero no semejantes. Nada de lo humano nos debería resultar ajeno, y menos los rostros de las personas sufrientes. Sin embargo, parece que cada vez más nos estamos volviendo invisibles los unos a los otros, pues aunque los hombres no somos islas, a veces parece que sí lo fuésemos, y rodeados además de innumerables tiburones hambrientos.

Pero para este enfriamiento de lo que propiamente supone una pérdida de la calidez humana, sí hay remedio. Lo primero es ser consciente de lo que nos está sucediendo, y una vez que ya hemos dado con el mal que nos daña, tratar de acudir a aquel que pueda paliarlo o al menos aliviar los síntomas. Considero que perseverar en el daño sería una completa necedad. Antaño uno no se presentaba en la botica a que le diesen un remedio general y válido para todos, pues a cada dolencia había que personalizarle su remedio. Para eso, los especialistas, en el secreto de la trastienda, mezclaban cuidadosamente y preparaban la fórmula magistral específica para la dolencia del paciente. Eran otros tiempos y otra manera de relación interpersonal, donde médico, enfermo y boticario conocían sus nombres y hasta las vicisitudes de sus respectivas vidas. 

Hoy cerramos el triunfo de Jesucristo, que estando muerto ha resucitado y nos dona su Espíritu. Hoy celebramos el inicio y andadura de la Iglesia, es decir, del cuerpo místico del Resucitado que desde entonces le anuncia y testimonia a lo largo de la Historia. La Historia es ahora historia de salvación, tanto para cada ser humano como colectiva, pues la Iglesia es católica, universal en el tiempo y en el espacio. Hoy recibimos con indescriptible júbilo los múltiples dones del Espíritu Santo. Este es el remedio personalizado que el Gran Boticario nos ha preparado como remedio para nuestra sanación. Necesitamos este desborde del amor de Dios para lograr llegar a desbordarnos nosotros de su amor y poder superar el aislamiento egoísta.

Alcemos la mirada, porque nos llega generoso el Espíritu para transformar el anquilosamiento que tristemente venimos asumiendo. Recuperemos al ser humano que prioriza el encuentro y el trato con los demás, en lugar de la ansiedad por hacer sin medida. Interactuemos con nuestros semejantes en lugar de con el móvil y demás ladrones de tiempo. Dedícate tiempo a ti, a los hermanos y a Dios, que esto siempre ha sido el norte de la vida humana. El Espíritu va a potenciar tu liberación, muchísimo más que esas bebidas energéticas que te mantienen activo físicamente, pero sólo eso, físicamente, pero no integralmente. Déjate activar por el Espíritu libertador, y verás lo que ocurre con tu vida.

Ya viene el papa, y trae debajo del brazo una carta encíclica, un mensaje irrenunciable para todos nosotros si queremos estar despiertos ante los retos de esta nueva etapa histórica. Aún podemos ser miembros activos de esta "Magnífica Humanitas", en lugar de pasivos en inconscientes víctimas de lo pueda ocurrir. Todos nosotros nos hemos de preparar para recibir al Espíritu que viene y a León XIV. Ambos son coincidentes, ambos hablan de la capacidad que tenemos los seres humanos para lograr un mundo habitable y sostenible, un lugar justo y en paz, un mundo digno de la dignidad de todo hombre, un mundo conforme a la voluntad del Dios de Jesús.

Aprovechemos esa confluencia de venidas para empezar a hacerlo posible. Empezando por cada uno de nosotros y responsabilizándonos también de lo comunitario. Se trata de vivir y realizar según el Evangelio, nada más y nada menos, porque es el mejor remedio a los males que nos afligen de forma global. Cristo no murió en vano, sino para darnos vida, y justamente ahora en estos días, con el envío de su Espíritu en Pentecostés, nos la da, capacitándonos para propiciar y acrecentar esa verdadera vida en este mundo que languidece por la falta de amor que le estamos dando. Ninguna tarea puede merecer más la pena que aquella que el Espíritu consolador nos vaya propiciando. Seamos dóciles colaboradores con Él y habremos acertado de pleno con lo mucho o poco que cada uno haya logrado, pues es lo que el mismo Dios trinitario nos pedía.

sábado, 16 de mayo de 2026

Alzad la mirada

 ALZAD LA MIRADA


Si alguien se atreviese a librarse, aunque sólo fuera por un momento, del yugo de la pantalla del móvil, tal vez se percataría de que sus semejantes existen, merodean por doquier, no son virtuales, sino reales y dotados de carne y hueso. ¡Qué sorpresa, el mundo no es reductible a un mero visor! Y es que parece que el conocidísimo mito de la caverna de Platón es más actual que nunca. Sin duda estamos encadenados frente a un muro en que se nos proyectan sombras de sombras suficientemente manipuladas y creíbles, que tomamos y preferimos a la realidad monda y lironda. Y es que creemos que es preferible ver lo que han visto otros muchos, o lo que dictamina el Gran Hermano del algoritmo, a contemplar sencillamente lo que de verdad nos acontece, lo que tenemos delante, con su dosis inédita de belleza. Jamás deberíamos limitarnos a ver sólo a través del espejo.

Nos atrapa la pantalla; sucumbimos a la dictadura de la imagen y de las aplicaciones diseñadas para engancharnos. Les hemos entregado nuestra libertad y adormecido nuestras conciencias. Nunca nos han tenido más sometidos, pues ni siquiera han tenido que doblegarnos, ha sido una esclavitud libremente elegida. Y en este panorama de cesión de lo propiamente humano, se nos invita a romper con ese autosometimiento. La próxima visita de León XIV lleva como lema "Alzad la mirada". ¡Qué acierto!

Levantemos el corazón, pero para ello primero apartemos la mirada de la cárcel táctil de cristal. Tal vez basta por empezar con este pequeño gesto para descubrir el rostro del otro, el rostro del hermano, su verdad misma y la nuestra, que no tiene que coincidir exactamente con la que nos vienen presentando en los medios oficiales de la subrepticia oficialidad. Levantemos la mirada los unos y los otros para volver a suscitar el encuentro y la capacidad de relaciones efectivas y afectivas entre todos, escapando de las redes y de las interacciones meramente digitales. Recuperemos la capacidad de reconocernos aún humanos.

Empecemos al menos por eso, pero alzar la mirada supone no solamente un acto de regreso a lo humano, también supone un empoderamiento, un reconocimiento de nuestra dignidad y de nuestra capacitación para afrontar nuestro proyecto personal y comunitario. Que nadie nos conduzca sin más al atolladero de turno, hemos de ser protagonistas: pasar de la indiferencia y desafectación insensible a la toma de conciencia y al compromiso. Sí, hemos de levantar la cabeza porque hemos de abandonar el desaliento y desengaño generalizados, recupera la esperanza y las ganas de cambiar de rumbo. Todavía se le puede dar la vuelta a la tortilla, que empiece ya el motín abordo de la humanidad que pretende dejarse vencer por el tedio, la distracción permanente, el desánimo y la apatía. Tirar la toalla no puede ser una opción.

No sigamos cabizbajos enganchados a la deriva aceptada del que cree que no puede hacer nada. Los primeros apóstoles pudieron caer también presos de la desesperación tras la muerte en cruz del Maestro, pero Cristo resucitado se hizo presente y se lo impidió. Donde se le entrevé, donde está y se hace sentir, no puede cundir la desesperación, porque la fe comprende la certeza de su promesa, el triunfo inesperado de los débiles. Superemos esa tendencia feroz a la muerte del sentido, empeñémonos en volver a vivir para el amor de Dios y su voluntad transformadora de las realidades humanas. Nunca nos demos por vencidos, está con nosotros hasta el final de los tiempos.

Este domingo celebramos la solemnidad de la Ascensión a los cielos de Jesucristo. Cierra ya este periodo de se inició con el sepulcro vacío en la mañana del primer domingo de la historia. Él regresa con el Padre, para acercárnoslo mediante el envío de la fuerza del Consolador. Estas heridas suyas y nuestras, las de cada uno, serán ya focos de luz por la gracia que Él nos va a enviar en Pentecostés. Vamos allá, nos envía la fuerza de su Espíritu Santo que nos capacita para constituirnos Iglesia y ser anuncio y presencia de Cristo en esta tierra llamada a inflamarse de su amor. El ser humano es destinatario del amor de Dios y con su libertad liberada puede corresponder a su amor.

Él asciende y nosotros al alzar la mirada, el ánimo y el corazón, fortalecidos por su aliento nos quedamos aquí a la espera activa de su vuelta. Nos ha dejado instrucciones hemos de aprender a amar como Él nos amó, a servir como Él nos sirvió, a no dejar a nadie de lado, a ocuparnos los unos de los otros e invitarles a formar parte de su Reino. Que nadie se quede mirándose ya su ombligo si no quiere, cabizbajo y preso del desencanto. Es tiempo oportuno para el anuncio y aunar libertades que buscan con pasión la Verdad, la belleza y el bien. En la medida en que seamos verdaderos miembros de esta vida en Cristo, de quién procede la gracia, podremos ser auténticos ser testigos de la salvación que Dios nos regala.

Pronto vendrá León XIV a Madrid a refrescarnos el vigor y la alegría de que Cristo nos hace partícipes. Podremos encontrarnos con él, acogerle, escucharle, acoger sus palabras y tratar de llevarlas a término. Va a ser una fiesta poder estar cerca de este mensajero de la paz y de Jesucristo Resucitado. La Iglesia de Madrid se está preparando con entusiasmo. Viene a invitarnos a alzar la mirada, recobrar la esperanza y empezar a vivir según el evangelio. ¡Qué gran ocasión se nos presenta! No la dejemos escapar, va a ser un momento histórico, un verdadero regalo de Dios para todos nosotros. León, sé bienvenido.

sábado, 9 de mayo de 2026

Soltar amarras

SOLTAR AMARRAS


Si algo tendríamos que tener claro es que el amor siempre ha de ser absolutamente un acto libre. Es más, sin esa condición imprescindible, tal vez a lo mejor no sería propiamente conveniente denominarlo amor. Sin auténtica libertad para amar no podemos hablar de amor auténtico. Se hace necesario recordar aquellos famosos libros del conocido psicólogo y filósofo alemán Erich Fromm: El arte de amar y El miedo a la libertad. Y es que con frecuencia los seres humanos nos conducimos como si aún lo elemental no lo hubiésemos adquirido: amar de veras.

Ser libre requiere un arduo aprendizaje, pero aprender a amar así, con entrega generosa, sin exigir nada al otro, es efectivamente una de las artes mayores que pueda adquirir el ser humano. Sin embargo, muchas personas siguen utilizando la escusa del amor para algún tipo de manipulación posesiva del otro o dominio que hasta trata de anularle. Los otros no están para servirnos de ellos ni cubrir las propias carencias, los otros están para tratar de darnos nosotros y amarles de la mejor de las maneras, es decir, como Dios nos ama y como Jesucristo nos enseña en los evangelios. Pero no, seguimos amando egoísta y posesivamente, de manera inmadura y muchas veces causando verdadero sufrimiento. Tanto es así, que hasta se nos ofrecen sortilegios para amarrar al otro ,en lugar de amar y liberar a aquella persona amada. Mal entendemos, pues, esto del amor y seguramente también de la libertad.

Qué bueno que como cristianos nos pongamos a revisar nuestros modos de amar, si son más de amarrarnos con miedo a los otros y a todo aquello que nos da seguridad, o por contra, es un amor que respeta, que se ofrece, que no impone y que reconoce en el otro su plena libertad. Para seguir a Cristo no podemos permanecer anclados a tantos ídolos que nos atrapan, sujetan e impiden la libertad necesaria para escuchar su voz. Hay que limpiarse bien los oídos, el entendimiento y el corazón para captar esa voz y esa luz pascual que nos permite reconocerle vivo y presente. Si uno permanece aferrado a los múltiples lastras, atado con sogas o cadenas a los apegos, no va a poder ponerse a la escucha de esa palabra liberadora o sencillamente la va a rechazar de plano. Pero si logramos escapar de la red de superficialidad, aturdimiento y materialismo que nos atrapa, sí que podemos ya ponernos en modo resurrección y crecimiento.

Hay que soltar amarras mediante la incorporación a la vida en Cristo, dejar que Él suavemente vaya desatando nuestras vendas, tal y como ya hizo en el sepulcro, para que empecemos a vivir y tengamos vida. Es Él el que nos vivifica con su Espíritu. Preparémonos para recibirlo. Vaciémonos de tanto con que cargamos y que nos tiene ya casi sin aliento, para hacerle sitio a Él. Nada somos si Él no nos insufla su vida espiritual, porque Él hace de cada uno de nosotros miembros suyos, que formamos parte de su cuerpo, la Iglesia, y en ella hemos de aprender a ver y a amar como Él nos ama. La libertad y el amor son posibles, y si nos dejamos amar libremente, aprenderemos por fin su mismo estilo.

Hoy, sexto domingo de Pascua, Jesucristo nos dice que "Yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros". ¿Acaso esta vida suya en nosotros no es garantía de libertad en el mayor de los grados concebible? Es la libertad absoluta de Dios para amar y crear sin más limitación que el bien de los seres a los que se ama. Con solo Dios dentro, nada ya nos atrapa.

Sí, hemos de dar el paso, desamarrarnos por completo para sólo obedecer a esa libertad que da el Espíritu. Nuestras vidas así no pueden ser tristes, sino gozosas porque no hacemos ya nuestra voluntad particular, vivimos haciendo la voluntad del Amor. Sí, hay que lograr desamarrarse de lo que nos atrapa, y amarrarnos a la libertad de los hijos de Dios. Nada puede haber más emocionante que dejarse llevar y llenar por ese amor libre, incondicional y correspondido que Jesucristo nos concede, todo lo demás no, realmente no nos libera. Prueba y verás, si te atreves a ello.