lunes, 30 de mayo de 2022

EN UNA SOLA LÁGRIMA

 EN UNA SOLA LÁGRIMA


El ser humano llora, al igual que algunos animales con los que convivimos. Ahora bien, mientras ellos suele llorar principalmente por dolor, el origen de nuestras lágrimas es muy variado, y por ello su interpretación muy matizable.

Sin afán clasificatorio podríamos apuntar que hay lágrimas de cocodrilo, que serían aquellas de gran grosor pero de escasa sinceridad, que no convencen a nadie. Pero como dice la canción hay otras muy distintas, esas "lágrimas negras", de una gran intensidad y dramatismo. También en nuestra lengua está la expresión "sudor y lágrimas" para expresar aquello que cuesta mucho esfuerzo conseguir. Aunque se puede incluso llorar de la risa o de alegría, y entonces las lágrimas no son ya amargas.

Según la tradición hubo antaño diversos santos que recibieron como don o gracia de Dios ese noble ejercicio del llanto frecuente, y desde entonces su oración era llanto agradecido ante la inmensidad del amor de Dios que les desbordaba. Otros, sin embargo, hacían oficio del verter copiosamente el néctar de sus lagrimales, y eran contratados en eventos fúnebres para contribuir a la exaltación de los lamentos, aunque su implicación en el duelo fuese más aparente que auténtica.

Un magnífico hombre y poeta, León Felipe, escribió aquellos versos inmemoriales en los que decía: "Toda la luz de la tierra la verá un día el hombre por la ventana de una lágrima", pues a veces nada hay más necesario para dar salida a una gran emoción que la claridad de una lágrima. ¡Qué don este de poder aflorar esas gotitas de rocío que tanta verdad oculta sacan a la luz!

Porque según dicen lo peritos en lágrimas, estas pueden ser basales, encargadas de mantener limpios nuestros ojos; otras son reflejas, y los protegen de sustancias nocivas o irritantes. Nos quedan las más conocidas, esas que liberan nuestro estado emocional, y por ello llevan el nombre de psíquicas o emocionales. Así, mientras las primeras se encargan del buen mantenimiento del órgano fisiológico que nos permiten ver y leer, las últimas nos capacitan para una conveniente regulación de nuestra intimidad.

Al final de su vida, Jesús les avisa a los apóstoles que Él se va a marchar pronto, y que llorarán por su pérdida, pero que después reirán. Es decir, que esas primeras lágrimas de desesperación por la pérdida del ser querido, por la fe fundamentada en la resurrección, se transforman en lágrimas incontenibles de júbilo y alegría. Y es que no será la primera vez que empezamos llorando y terminamos riendo sin apenas transición. Si no que se lo digan a los niños, que son nuestros mayores artistas espontáneos de lágrimas.

No nos olvidemos que ya llega el final de curso, y que como todos los años, hay un grupo de alumnos que van a terminan su periplo académico y vital en nuestro colegio. De alguna manera nos ocurre a nosotros como a los apóstoles, pues tenemos sentimientos muy profundos que terminan por aflorar en nuestros ojos. Y entonces las lágrimas nos saben saladas como el mar, tal vez porque contienen un poco del mar que hemos de surcar, inmenso e inabarcable.

Nuestros alumnos de 4º de ESO, con los que hemos vivido tanto a lo largo de estos años, deben zarpar y cruzar ese amplio y luminoso mar. No tengáis miedo, estáis bien preparados para surcar los mares. Sacad buen partido al viento favorable, al viento del Espíritu, al viento de La Provi que lleváis muy dentro, y vuestras vidas serán una gran aventura.

Tal vez para despediros, más que palabras y palabras, lo mejor sea soltar alguna furtiva lágrima con la que poder expresar todo aquello que no sabemos decir de otra manera. Por hoy podemos hacer como aquellos santos de antaño y tengamos que tomarnos cierta licencia para llorar. Que llore el que quiera y todo lo que quiera, y tal vez en una misma lágrima maravillosa podamos aliviar la pena y dar rienda suelta a la risa.

Igual que Jesucristo en la fiesta de la Ascensión se separa de ellos, pero sin dejarles del todo, porque permanece presente en la comunidad de creyentes que es la Iglesia, en su palabra, en los sacramentos, en los necesitados o en nuestro interior; así tampoco nosotros no nos terminamos de separarnos del todo. Tened por seguro que aquí seguiremos para cuando fuere necesario. Y veréis lo que sentís cuando volvéis por aquí, vuestro cole, vuestra casa, vuestra familia Provi.









sábado, 14 de mayo de 2022

Quilates

 QUILATES


El experto es aquella persona que domina ampliamente sobre un campo del saber. Así hay expertos muy demandados en ciberseguridad, en nutrición, en microbiología molecular, en inteligencia artificial, etc. Por ello, las universidades ofrecen sus propias titulaciones como experto en... ya que al que lo sea en aquello que demandan las empresas, le lloverán un sinfín de ofertas laborales. Es indudable, este mundo en el que vivimos precisa expertos en casi de todo.

Seguramente tú también ya seas casi experto en algo y ni siquiera lo sepas. Tal vez haya entre nosotros algún experto en cafés, otros en chocolate, otro en quesos, otro en juegos de ordenador, otro en redes sociales, en música, en baile, en fútbol... Y es que uno se va especializando progresivamente en aquello que más le gusta o que incluso le apasiona.  

Normalmente al experto no le dan gato por liebre, como al resto de los mortales, en aquello en lo que domina, porque sabe distinguir cualitativamente y con precisión entre lo bueno, lo malo, lo regular y lo mejor. Un ejemplo característico sería el del joyero o el orfebre que a diario maneja y trabaja con algo tan valioso como el oro; sabe reconocer a ojo la pureza del material que tiene entre manos, es decir, sus quilates, y por ello no se equivoca en estimar su valor.

Pues en evangelio del V domingo de Cuaresma, vemos al mismo Jesucristo, atisbando ya su final, quiere despedirse de sus discípulos dejándoles una enseñanza de muchos quilates, nada de sucedáneos, va a lo esencial y más valioso de su predicación: "amaos los unos a los otros como yo os he amado". Nada más sencillo, pero a la vez más complicado.

Porque el que más y el que menos algo sabe de amar a los demás, pero ¿realmente qué calidad tiene nuestro amor? ¿De qué grado de pureza es el amor que ofrecemos a los que decimos que queremos mucho? ¿Es un amor posesivo o liberador? 

Jesús nos muestra que Dios Padre es amor misericordioso e incondicional, y lo hace encarnando ese amor que se ofrece, sacrifica y da vida a los que ama y quieren a su vez amar. Realmente la vida de Jesús que podemos ir viendo en el evangelio, desde la anunciación hasta la resurrección, es una magistral escuela de amor. ¡Ojalá aprendamos a amar como Él nos ama! Ese amor es el que posee el máximo de quilates que podamos encontrar. No lo hay mayor ni mejor.

Es un amor de renuncia, es un amor de entrega, aceptación, respeto, ternura, comprensión, reconciliación, confianza, sinceridad. Es amor de madre y de padre. Es locura de amor.

¿Podemos aspirar a alcanzar ese amor que aquilata nuestra manera de amar a los demás? Sí, para ello hemos nacido, no para menos. Por tanto, no nos conformemos con otras realizaciones imperfectas y parciales del gran amor, aprendamos a amar a los demás como Él nos ama. Solo así vas a hacer posible tu mejor versión, y tu vida poseerá para ti mismo el valor más alto.

También nuestro corazón es algo experto en amores y sabe reconocer qué amor es verdadero y da plenitud. No aspires a menos.



sábado, 7 de mayo de 2022

En el umbral del silencio

EN EL UMBRAL DEL SILENCIO



¿En nuestros días es posible aún hacer silencio? ¿Es necesario el silencio? ¿Podemos recuperar el silencio? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Has escuchado acaso el caer los copos de nieve, el roce de una tela, el latido de un corazón, el sonido que produce el viento al remover las hojas de los árboles o el titilar de las lejanas estrellas? ¿Has tratado de escuchar aquello que parece que nadie aprecia o que hacemos simplemente como si no existiera? ¿Te has parado a escuchar el sonido del silencio? Tal vez haya rumores insondables por descubrir y la verdadera vida que acontece e importa, pero permanece sepultada bajo el ruido externo o el propio ruido interior. 

A lo largo de la evolución del ser humano ha habido sentidos que se nos han ido atrofiando hasta solo quedar como un pobre vestigio de aquello que fueron. Se dice que hemos ido perdiendo parte de la capacidad olfativa que conservan otras especies animales, aunque todavía un olor nos puede retrotraer poderosamente a momentos intensamente vividos. Sí, es importante educar la capacidad sensitiva para poder apreciar la gama de tonalidades y llegar a descubrir mundos maravillosos, que de otra manera permanecen ignotos aunque los tengamos delante de nosotros. ¡Ay si abriéramos nuestros sentidos! 

Por ello, podría ser maravilloso recuperar un silencio esencial que nos cautivase, porque así nos sería permitido descubrir gran cantidad de matices que el ruido cubre sordamente. Pero fijar la atención, no quedarse en lo meramente aparente, agudizar los sentidos e indagar con sutilidad, debe ser solo apto para intrépidos. Y ¿Quién quiere ser eso? ¿Quién quiere conocer y conocerse? ¡Ay, si al menos tratáramos de asomarnos a todo aquello que damos por descontado no puede ser que exista!

A veces lo primero que conviene hacer es escapar de la sobreinformación, buscar resquicios por donde alcanzar cierta independencia, un pequeño atisbo de libertad, cierta fresca brisa. Para comenzar hay que partir de cero, borrar la pizarra, hacer tabula rasa, resetear y reiniciar de nuevo. ¡Ay si pudiéramos apartar todo lo que nos ciega y confunde y descubrir entre la maleza y la hojarasca el comienzo de una senda incipiente! Precisamente eso es lo más necesario, acallarnos, hacer silencio. Y entonces, allá a lo lejos empezarás a percibir el canto lejano de algún pájaro entre la fronda o la voz queda, apenas un rumor, que apunta precisamente a lo que estás buscando.

Un agudo teólogo afirmaba que el creyente es el que escucha la Palabra. Es esa escucha que se hace con las orejas, los oídos, pero también con las manos abiertas, los ojos cerrados, los labios, el corazón, y todo el ser cuando logra silenciarse. Solo alguien avezado en silencios podrá escuchar así. Y solo alguien que escucha así, sin interpretar ni imponer condiciones o prejuicios, podrá reconocer su voz. Una voz distinta, un voz que personaliza, que da sentido a todos los sinsentidos que nos desvelan, porque su voz es la del Amado, la que se escucha solo resonar en lo más íntimo.

El Evangelio de este domingo IV de Pascua nos propone escuchar la voz de Cristo, reconocerla y seguirla. Aunque quizás si no morimos previamente a la distorsión, no podremos escuchar aquella voz inconfundible que nos llama a resucitar con Él. Abrámonos, pues, a esa voz que dentro clama como manantial de vida tan sin hacerse notar. Experimenta la profundidad del silencio. Detecta con claridad esa voz amada que contiene la música más plena y que te llama.

¡Ojalá escuchásemos hoy la voz del Señor!





sábado, 30 de abril de 2022

Al alzar las alas

 AL ALZAR LAS ALAS


Alrededor aletea ya la primavera. Todos podemos sentirlo y apreciarlo. En las proximidades a parques y jardines diversas flores compiten por mostrar su íntegra belleza y su original fragancia. Está brotando un tiempo nuevo cuajado de promesas y brotes.

Sabemos también de dónde venimos. Hemos atravesado tiempos áridos, donde se nos fueron al traste nuestras bien asentadas seguridades, y tuvimos que hacer de tripas corazón al vérnoslas cara a cara con la crudeza de la incertidumbre. Parece -aunque tal vez solo lo parece- que ya vamos saliendo de tanta zozobra, y al fondo parece que ya vislumbramos esa esperada luz del final del túnel. Ojalá se vayan disipando todas las congojas y tristezas con las que hemos tenido que convivir en los últimos tiempos.

La noche trae consigo el alba. La semilla aventura la cosecha. La crisálida testimonia que para llegar a lo mejor es preciso transformarse íntegramente desde lo más profundo del ser. ¿Pero quién le iba a decir a la oruga que desplegaría unas inmensas alas? ¿Le habría creído? Así como la muerte en cruz, contra todo lo previsible, conlleva la Vida en abundancia. Está bastante claro que la lógica de Dios no es nuestra lógica pacata de lo previsible. Ahora ya sí podemos afirmar que ninguna situación es irreversible, e que incluso, tras la oblación de Jesús, hasta la muerte tiene solución: LA RESURRECCIÓN. 

Y tal vez cada uno de nosotros también tenga esa capacidad oculta y que ni siquiera somos capaces de sospechar ahora. Podríamos llegar a desarrollar un alba prometedor, una generosa cosecha, o acaso hasta unas ligeras alas. Que sea impensable no quiere decir que sea imposible. Estamos en tiempo pascual, de frutos de resurrección, y por ello no deberíamos desechar las inmensas posibilidades que nos abre la resurrección del Viviente.

Pero es preciso pasar por la transformación para lograr esas anheladas alas, puesto que en ninguna tienda, ni física ni virtual, vas a poder adquirirlas. No, como mucho podrás conseguir unas tristes alas aparentes de quita y pon, que nunca van a ser las tuyas. O te nacen o no hay nada que se pueda hacer para lograrlas. Y esa transformación requerida solo será posible con costosas renuncias. Solo la noche que renuncia a sus tinieblas amanece. Solo la semilla que rompe su cáscara posibilita su germen. Solo la oruga que renuncia a su protección urticante adquiere esas alas con las que poder alzar el vuelo. Pero la palabra renuncia resulta poco de nuestro agrado.

Por tanto nosotros ¿Nos vamos a atrever a posibilitar nuestras alas? ¿A qué vas a renunciar para ello? Tal vez no sirva solo con renunciar a lo superfluo y requiera una apuesta más arriesgada. Tal vez tengas que renunciar también a tu tiniebla, romper tu encorsetado cascarón y renunciar a tus seguridades protectoras. Salir a la intemperie. Soltar amarras ¿Seremos capaces de renunciar, aún sabiendo la Vida que nos espera?

Solo es superando las cadenas el ego -y esto es harto difícil- podrás alcanzar al amor transformador que origina la aparición de tus alas. A veces parece que estamos atrapados en los apegos a lo corriente, tan esclavizados en rutinas y en lo consabido, que nos va cercenando poco a poco ese ser que bien podría ser libre.

Empieza ya el mes de mayo, el mes de la Virgen María, y alrededor aletea ya la primavera. Por ello, aprovechemos y con María, nuestra Madre, que se entregó por entero a la voluntad de Dios, que no era más que vivir en la confianza absoluta de la ternura de Dios, bien podremos renunciar a todo aquello que no propicia nuestras alas. Como María, que supo ascender completamente a la torre de la humildad, y por ello asumir la aventura insospechada de ser la madre del Salvador, nosotros podremos empezar a soltar los lastres que nos alejan de Dios. Y cuando menos te lo esperes estarás agitando tus bellísimas alas en el aire y alzando ese libre vuelo para el que has nacido. No podrás creértelo, pero será verdad, ya que si empiezas ahora a dejarte transformar por la gracia del Resucitado, tarde o temprano podrás volar. Como María, que sea el amor de Dios el que haga brotar tus íntimas alas.

DEJÉMONOS TRANSFORMAR




 

domingo, 24 de abril de 2022

De vivos y muertos

DE VIVOS Y MUERTOS


Tenía que acontecer lo absolutamente impensable, lo extraordinario, lo increíble, que un muerto volviera a la vida, para que los que vivíamos como muertos vivientes, pudiéramos volver a la vida. Y por esto bien podemos llamar a las cosas por su nombre: RESURRECCIÓN.

Vida y muerte parecen términos antitéticos, al menos así, a bote pronto. Sin embargo, si nos detenemos a tratar de relacionar los conceptos, resulta que no lo son tanto. El proceso de la vida va parejo al de la muerte; mientras vamos viviendo, ya hay células de nuestro organismo que van muriendo al tiempo que otras nacen. Se inicia la vida, pero a la vez nos vamos aproximando poco a poco a esa muerte que nunca descansa. Tal vez más que contrarios son términos complementarios, estrechamente entrelazados, vivimos y morimos a la par, y hasta podríamos decir que morimos porque vivimos. Pero esto nos daría para mucho y ya ha sido tratado por otros autores tan insignes como Unamuno.

Pues sí, la mayor parte de las veces, a los vivos se nos van insertando inercias de muerte, se nos va apagando la vida lentamente, sin darnos cuenta y como si no tuviese remedio alguno. Primero nos dejamos por el camino la infancia. ¿De verdad que es irremediable perder la infancia o podemos permitirnos seguir conservando actitudes fundamentales de la infancia aunque acumulemos la tira de años?

Después, y progresivamente, nos dejamos arrebatar lo más auténtico que desde la infancia portamos dentro. Posteriormente llegamos a la adolescencia y aunque buscamos denodadamente nuestra identidad, la verdad escurridiza de quien debemos ser, esta se nos va perdiendo en sucesivas tentativas, y no nos queda otra que aferrarnos a una de sus múltiples versiones de un yo algo descabalgado. Después los desengaños amorosos, que terminan acorazándonos el corazón, las traiciones, las separaciones, los desencuentros, las renuncias, los fracasos... Y cada cual salva del naufragio lo que puede; pero todos acumulamos heridas que van cicatrizando sin cerrar nunca del todo. Por el camino se va imponiendo la cruda realidad y, sin querer reconocérnoslo demasiado, vamos soltando aquellos sueños que éramos. Cualquiera que nos viese desde esta perspectiva, sí que podría reconocernos como medio muertos en vida, con más desilusiones que esperanzas.

Y en medio de estas vidas acomodadas, pero con un lastre de renuncias callado, irrumpe Jesús, que pasa por la muerte y regresa de ella para darnos VIDA. ¿Cómo de la muerte va a surgir poderosamente la vida? ¿Cómo vamos a dejarnos contagiar de esa vida que hace saltar por los aires todas las pequeñas muertes que se nos han ido incorporando como irremediables? ¿En que medida puedo yo resucitar con Él?

Tal vez sí. Lo primero creyendo, es decir, confiando en lo que nuestro corazoncito afirma. Trata de escuchar en lo más secreto de ti si esa voz, que resuena al escuchar el evangelio, te ilumina con una luz que hasta ahora no habías percibido. Tal vez esa claridad ya sea la misma que la de Cristo, Vencedor de la muerte. Tal vez estés ya con Él resucitando a una vida nueva incipiente.

Otra manera de volver a la vida sea tan sencilla como volver al amor. Pero no a un amor según el mundo, sino según Dios: un amor que no sabe de egos, ni intereses, ni precios, un amor gratuito y genuino. Sí, hay otra manera de amar que podemos aprender y poner en práctica: el don de sí, el sacrificio, la búsqueda del bien del otro, es decir un amor no de posesión, sino de entrega. También esa forma de amar se vuelve luz de la resurrección dentro de uno, una luz que serena y renueva. Esa luz también es resurrección que el Resucitado nos regala, porque "Yo soy el que vive. Estaba muerto, y ya ves, vivo por los siglos de los siglos".

Algo hemos logrado entender tras el domingo de resurrección: ni estamos hechos para la muerte, ni la muerte tiene la última palabra, sino que nuestro Dios es un Dios de vivos que nos ha hecho para la vida plena y eterna. Seamos testigos de ello.

¿También tú necesitas resucitar? ¿Quieres vivir? Tan solo has de dejarte iluminar por el Señor de la Vida.



jueves, 21 de abril de 2022

DÍA DE LA FUNDACIÓN

 NUESTRO DÍA


FUNDACIÓN EDUCACIÓN Y EVANGELIO

En esta vida uno va haciéndose cada vez más mayor, a medida que va pasando el tiempo, sin prisa pero sin pausa. Sería deseable que esa transformación no solo se produjese en el plano físico, sino también paulatinamente en el intelectual, psicológico-emocional, y también en el espiritual. Y así, a medida que acumulamos más experiencia, deberíamos aprender a distinguir lo mejor de lo bueno, o al menos, lo bueno de lo mediocre. Por ello tiene tanto sentido el lema de este curso 2021-22 "SÉ TU MEJOR VERSIÓN". Ir creciendo y mejorándonos día a día.

Porque a poco que ya hayamos vivido y conocido distintas maneras de entender y vivir la educación, se podrá detectar que el proyecto de la Fundación Educación y Evangelio es de esos por los que merece la pena apostar; esos que pretenden hacer realidad el lema al que ya hemos aludido, y aspiran a la mejor versión posible de la educación, con un proyecto múltiple y diverso en el que ya quince colegios andan implicados. Y eso se nota.

En los centros FEYE os tomamos muy en serio la educación de todos los alumnos que se forman en nuestros colegios. Los profesionales de los distintos colegios no solo son grandes profesionales, sino que además les ilusiona lo que hacen, y por tanto, no escatiman esfuerzos para que tanto el aprendizaje como la convivencia sean excelentes. Es una educación cuidada y que cuida con esmero, pasión y entusiasmo. Y eso nos distingue.

Además, tratamos de no separar lo educativo del Evangelio. Por lo que todo nuestro hacer está basado en una antropología cristiana liberadora. No solo les proponemos a nuestros alumnos el mensaje evangélico y los magníficos valores de nuestra religión cristiana (amor incondicional, ser para los demás, dignidad de la persona, respeto, fe, esperanza, caridad, paz, alegría, cuidado, familia...), sino que nuestro modelo pedagógico es Jesús, el Maestro, que cuando nos mira es capaz de ver la mejor versión que cada persona puede llegar a ser. En nuestros colegios tratamos de vivir el Evangelio. Y eso deja huella.

Es por todo ello que el símbolo de nuestra Fundación, en la que estamos integrados todos los colegios, sea un árbol en el que cabemos y participamos todos y cada uno: alumnos, profesores, PAS, familias y equipos directivos. Cada uno trata de hacer su misión, siempre complementaria a la del resto, y por tanto colaborando los unos con los otros. Y este es el secreto para que el proyecto de la FEYE sea una realidad.

En las raíces de nuestro símbolo, que siempre nos fijan, sostienen y alimentan, el Evangelio. En el tronco el esfuerzo común, la unidad y el trabajo común. Y las ramas vigorosas, por las que circula la savia de la competencia espiritual, la pedagógica y la relacional, dan sentido a todo lo que se viene realizando: nuestros alumnos y sus admirables frutos. ¿Puede haber árbol más hermoso? ¿Es que no vamos ha estar contentos de formar parte de este árbol tan llenos de vida? ¡Pues vamos a celebrarlo y a dar gracias a Dios por estar impulsándolo!

Gracias también a ti por ser parte y hacer posible que este árbol siga y siga creciendo frondoso.

¡MUY FELIZ DÍA DE LA FUNDACIÓN!










domingo, 17 de abril de 2022

Adentrarse en la luz

 ADENTRARSE EN LA LUZ

A menudo nos estamos debatiendo entre la luz y las tinieblas, entre las tenues penumbras de nuestras vidas, a veces excesivamente grises, y aquellos otros momentos de especial brillo, los que van quedando amarrados a eso que tratamos de identificar como los mejores momentos de nuestra vida. Pero, reconozcámoslo, predomina lo anodino sobre lo digno de volverse memorable.

Vivimos instalados en la opacidad de un bienestar particular, acostumbrados a la primacía de lo individual, entendido como absolutismo de un ego que no cesa de reclamar más y más necesidades perentorias, y en donde muy difícilmente encontramos algún retazo de esa ficticia felicidad a la carta. La inercia consumista en la que hemos aprendido a estar situados, no nos proporciona la plenitud que parece que denodadamente buscamos.

Son tiempos de mucho neón y luz artificial -aunque el precio de la electricidad esté por los cielos-, pero también de mucho engaño y desengaño, de demasiada desilusión y excesiva sombra. Si miramos las redes sociales, podría darnos la impresión que llevamos una existencia muy feliz, siempre disfrutando al máximo, aunque también se aprecia en esas mismas redes sociales una tendencia a insultar y maltratarnos entre unos y otros a las primeras de cambio; y eso es síntoma de toda la insatisfacción que hemos acumulado.

También nos llegan una y otra vez noticias desoladoras de desgracias que no contribuyen más que socavar esos frágiles pilares de nuestra esperanza, y a avivar con facilidad los paralizantes miedos e incertidumbres que se ciernen sobre todos. Y en medio de este estado de cosas, en el que cada uno sobrevive como puede, y que no logramos más que ir solo tirando, Cristo, el Dios humanado, se deja arrebatar la vida, y contra toda evidencia, RESUCITA para todos los hombres. Y este mundo nuestro, tan malparado, se llena de una luz pura que irrumpe para concedernos una claridad necesaria.

Tal vez aquí está la clave, en que nos dejamos dominar por las evidencias, pero unas evidencias superficiales, unas evidencias propuestas por los medios de comunicación de forma reiterada, pero muy pocas veces vemos más allá el secreto de lo impensable. Pues la resurrección de Jesucristo, condenado a muerte por el poder establecido del momento, se impone con una rotundidad maravillosa en lo secreto. Rompe el velo sagrado del templo, descorre la pesadísima losa de lo inamovible, y hace que la vida verdadera resurja de nuevo. Pero no la descubrirán más que aquellos que se permitan que esa resurrección primero acontezca dentro de ellos, donde el Señor ha establecido su íntima morada; esos que se atreven después a mirar con ojos de niño, repletos de ilusión y amor. 

Sí, los bienpensantes, los incapaces de escuchar al que miraba con esa mirada límpida, creían estar haciendo lo correcto cuando mandaron al patíbulo al que se decía Hijo de Dios, y que además ya de paso, ponía en tela de juicio tantas cosas para ellos seguras, sagradas y verdaderas, es decir, las evidencias a las que se aferraban.

Sin embargo, a pesar de esas interesadas razones evidentes, "hay razones del corazón que la razón no entiende" (Blaise Pascal), y en esas razones del corazón son las que nos hace caer en la cuenta Jesús de Nazaret, para que pasemos con Él de la muerte a la vida, o de la tiniebla a la luz, o de la tristeza a la alegría, o de la egolatría a la fraternidad, o de la falta de fe, esperanza y caridad, al compromiso por el Reino de Dios.

No permanezcamos más en la ausencia de luz. No nos privemos de esta fiesta de la presencia de la luz que, desde lo oscuro de la muerte, se abre paso como el alba y logra disipar las tinieblas. Cristo inaugura con su resurrección una luz nueva y verdadera, una luz de la que nos hace partícipes a los que vivimos injertados en Él. El que es la Vida, nos la da resucitando, y nos la da en abundancia. Recibámosla.

Este es el momento oportuno de dejar que Cristo nos resucite. Es el tiempo pascual en el que podemos pasar con Él de la muerte a la Vida, dejar ya la noche y adentrarse en la Luz, porque VIVE, y nosotros podemos vivir con Él.

De ti, Cristo Resucitado,
de ti, Cristo Vivo,
estamos necesitados de Ti,
de esa resurrección que puedes ofrecernos solo Tú.
Que tu sangre de resurrección que da vida
circule ya irradiando en nuestras venas,
para ser a la novedad absoluta
del amor que renueva la vida.
En ese amor tuyo divino
volvemos a ser y nos reconocemos
los hombres y mujeres libres que debiéramos ser,
capaces de resucitar la fraternidad humana
que todos llevamos intacta en lo más hondo.
Ansiamos empezar de nuevo a vivir estrechando lazos,
amalgamando el perdón y la paz,
descubriendo la hermosura luminosa de cada día,
y compartir generosamente los bienes, las penas y alegrías
que nos vayan viniendo,
porque contigo resucitado
la vida resplandece de sentido pleno.

¡VAYAMOS CON TU LUZ A ILUMINAR EL MUNDO!