martes, 31 de octubre de 2023

Y tú, ¿a qué aspiras?

 Y TÚ, ¿A QUÉ ASPIRAS?


Hace años se solía escuchar bastante esta expresión que hoy ya ni se oye: "Y tú, ¿a qué aspiras?" No siempre se formulaba por verdadero interés en los planes futuros de la persona a la que se preguntaba, sino más bien como sinónimo de esta otra expresión: "Pero ¿de qué vas?" o "Pero a ti qué te pasa". Es decir, se trataba de hacer caer en la cuenta al interlocutor que su actitud no parecía muy coherente. Tal vez ya no cabe pedir a nadie demasiada coherencia en el comportamiento, y quizás sea por eso que la expresión "¿A qué aspiras?" ha entrado definitivamente en desuso.

Y es que bien pudiera habernos pasado que de tanto mirar y mirar las pantallas, pues nuestro mundo ya es enteramente digital y hasta virtual, hayamos ido desarrollando una aguda miopía que nos impide mirar más allá. ¿Cómo vas a preguntar a nadie por sus aspiraciones, es decir, por sus proyectos a largo plazo, cuando solo nos ocupamos de lo más inmediato? Sin embargo, como decía Julián Marías padre, el ser humano es el animal que proyecta a futuro, que hace planes y tiene aspiraciones. Entonces, si renunciamos a nuestras proyecciones tal vez estemos también cediendo parte de lo que esencialmente somos. ¿Empezamos a preocuparnos ya por la deriva de lo humano, y tratamos de enmendarla en lo posible, o mejor la dejamos estar así a la deriva?

Cuando uno pierde esa visión de largo alcance, tanto sobre uno mismo como sobre la sociedad, aparte de hacer dejación de la propia capacidad de orientar nuestra vida de manera responsable, va a desencadenar otra serie de preocupantes consecuencias, ya que si no me interesa el porvenir tampoco tiene demasiado interés ni el pasado ni la historia. Con que el que ostenta el poder nos presente y repita machaconamente un relato verosímil, nos basta y nos sobra. Y qué contentos con seguir confirmando nuestras ideas, una y otra vez, en nuestras pantallas, en lugar de activar de manera libre nuestra capacidad de búsqueda y proyección. ¡Qué comodidad vivir sin plantearse demasiados asuntos complejos!

Pues, sintiéndolo mucho, vuelvo a tirar del pasado para comprenderme a mí mismo, a los otros y a nuestro presente, y poder así orientar las posibilidades que se abren en el futuro. Y recurro al gran tesoro del evangelio, a ver qué nos dice hoy, día de Todos los Santos. Una vez más el evangelio no nos defrauda, sino todo lo contrario, resulta verdaderamente actual y esclarecedor, puesto que nos hace caer en la cuenta de esa incipiente miopía que impide que despleguemos un tiempo que desborda los estrechos márgenes de la mera sucesión de momentos presentes. Este aquí y ahora no lo es todo; hay un más allá de plenitud y sentido en este aquí y ahora de nuestra existencia. Y es que Jesús capta y expresa lo que vivimos también con la mirada ilimitada de Dios a la par que de hombre.

¡Qué sumamente hermoso que el día de Todos los Santos se nos hable de bienaventuranzas y de hombre y mujeres bienaventurados! Todos nosotros estamos llamados a aspirar a lo máximo, no a quedarnos ni en la superficie ni en lo mediocre. Con eso no basta para realizarnos como persona. Estamos llamados a la comunión con Dios. Que nada ni nadie impida que seamos según el amor de Dios y para el amor de Dios. Vivamos esa apertura al amor ya con nuestros semejantes. Vivamos la santidad ya en la bienaventuranza presente, y a la vez futura, en la fraternidad del Reino de los Cielos aquí ya en la tierra. ¿Hay mayor belleza? ¿Se puede aspirar a más?

Si, hoy recordamos que debemos y podemos ser santos, igual que todos los santos y santos que ya nos han precedido. ¿Cómo se nos puede llegar a olvidar esa vocación fundamental a la santidad de todo cristiano? Trata de ser santo día a día y en medio de todas las circunstancias y vicisitudes que nos acontezcan. Trata de convertir en bienaventurada tu vida y la de los demás, y en esa forma de vivir y ser para los demás: hallaras la dicha completa.

Como nos dijo el Papa Francisco: no nos dejemos arrebatar ni la fe, ni la esperanza, ni la caridad, sino, por contra, que sean las que las ejerzamos cotidianamente en nuestro caminar. Resulta que hay santos en la puerta de al lado.

sábado, 28 de octubre de 2023

Ponte tres en uno

 PONTE TRES EN UNO

La intemperie, el paso inclemente del tiempo, la acumulación de polvo y suciedad, la falta de uso, u otros muchos posibles motivos van inutilizando paulatinamente el funcionamiento de todo mecanismo inventado por el hombre. Cuando lo que iba bien y funcionaba perfectamente se va deteriorando y, poco a poco ya no abre como al principio: un candado, una bisagra, una cerradura, una maquinaria, etc. podremos sustituirlos por otro nuevo u optar por repararlos. Habrá también quienes sin pensarlo demasiado sucumbirán a la primera y más perentoria solución: aplíquese con denuedo la fuerza extrema, un par de golpes secos y, o se termina de romperse o por ceder y volver a funcionar. Otros, más avezados y prudentes que los primeros, tirarán de la fórmula secreta y recurrirán al prodigioso aceite limpiador y lubrificante "Tres en 1", porque, además, con alta probabilidad, este ungüento repondrá el mecanismo a su estado primigenio de uso en cuestión de segundos.

Y es que o se cuidan con esmero los artefactos y herramientas, o terminan por resultar ineficaces e inservibles, acabando en la basura o, en el mejor de los casos, en el punto limpio como testigos mudos de un tiempo que ya pasó y de una utilidad que también se perdió. Pues tarde o temprano lo que no sirve se termina por arrinconarse y finalmente se descarta o recicla.

Tal vez a muchos de nosotros nos vendría bien cierto mantenimiento físico, intelectual, religioso y moral, no sea que, sin apenas notarlo, también vayamos perdiendo destreza, lucidez y acierto. ¿Cómo hacer, pues, para impedir ese deterioro en nuestra actitud y actualidad y poder responder a los retos que nos impone continuamente el presente? ¿Acaso podríamos nosotros descargarnos la última versión del programa humano y más humano para seguir funcionando? ¿Dónde se puede encontrar ese software que precisa nuestro corazón para mantenerse en modo vital? ¿No habrá alguna App resolutiva para poder orientarse en las coordenadas de nuestra existencia sin terminar perdiendo el sentido? ¿O tendremos también nosotros que recurrir al Tres en 1 para mantenernos en perfecto estado de funcionamiento, independientemente de la edad que uno tenga?

Pues sí, existiese ese bálsamo que todo nos lo sana, tanto dentro como fuera, y por tanto, administrado de manera recurrente y generosa, permitiría que nuestra competencia humana no se deteriorase, sino que incluso se incrementara conforme la vamos ejercitando. ¡Qué fácil y sencillo podría resultarnos para mantenernos como personas plenamente operativas!

¡Existe! Escuchad y ponedlo en prácticas, pues el arreglo y la reparación que necesita nuestra humanidad está completamente garantizada. Es el mismo Jesús el que nos da esta fórmula secreta e infalible: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser" y "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Esta es la clave: el amor sin medida, pues en esencia somos amor y nos debemos al amor, tanto a Dios como al prójimo, pues ambos amores son inseparables.

Ejercitémonos en ese amor constante que no hace distinción de personas; amemos a todos y las veinticuatro horas del día. Un amor que, en definitiva, es más que uno, porque viene de Dios, y que ama a través de nosotros. Un amor al que le debemos tanto nuestra vida como la de todos los demás. Un amor que nos habita con misteriosa profundidad y que hemos de saber encarnar en pro de la vida y la felicidad de todos los que nos rodean (los prójimos).

¿Cómo podríamos separar ese amor divino y humano, trinitario y fraterno sin fracturarlo? ¿Cómo no corresponder desde el servicio de nuestras vidas a ese amor recibido? ¿Cómo no repartirlo y acrecentarlo como la mejor vocación que podamos llevar a cabo? Estamos llamados al amor, fuente de cordialidad y convivencia, y no a la guerra ni a las hostilidades y los desencuentros. Dejémonos de excusas, pues es urgentísimo volver a ser seres humanos "reparados" por el amor de Dios y capaces de seguir funcionando para el amor y la entrega desinteresada.

Y si aún no sabes amar porque se te dañó tu capacidad de amar, ya sabes: aplícate cuanto antes el Tres en uno del amor de Dios, y aprenderás a amar en libertad. Repárate, escucha y ama con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todo tu ser entero y unificado. Siente y ábrete al amor de Dios, déjate amar y, superando la cerrazón del egoísmo, ábrete al amor con los demás. Debería ser tu prioridad, tu propósito: integrar corazón, cabeza, alma, voluntad, espíritu y acción para amar más y mejor. Empieza ya y no dejes de amar en toda oportunidad que se te produzca, para eso has sido creado. Amar siempre merece la pena y la vida. 

    

sábado, 21 de octubre de 2023

Salir trasquilado

SALIR TRASQUILADO

Yo creo que a nadie nos gusta que nos tomen el pelo; otra cosa bien distinta es que de vez en cuando nos gasten alguna bromita con la mejor intención, y siempre para reírse con nosotros y no de nosotros. El sano humor y la alegría siempre son necesarios, y hasta beneficiosos, entre verdaderos amigos. Por la misma razón tampoco se nos ocurriría tratar de burlarnos de los demás, pues en consecuencia lo que no te gusta que te hagan a ti, tampoco deberías quererlo para otros. Aunque esto es algo claro y transparente, no está de más recordar que en esta semana por la convivencia que nuestro colegio va a celebrar juntos en estos días, pueda servirnos para seguir permitiéndonos seguir cuidando el buen clima en nuestras relaciones.

Sin embargo, no todas las personas llevan esa recta intención a la hora de tratar y convivir con los demás. Tal vez algunos se crean más o mejores que los demás, y por tanto, para ellos sería correcto engañar o manipular al resto. Tristemente es demasiado frecuente hoy en día recibir bulo tras bulo en los medios de comunicación, por lo que, o estás avisado e hilas fino en el marasmo de informaciones dispares, o, por exceso de candidez, habrás de vivir engañado y confundido.

Un buen ejemplo, y contra toda sensatez y cautela, lo vemos en el evangelio de hoy Domingo XXIX, ya que a los que ostentan el poder, gente ducha en el robo, la tergiversación de la verdad, la manipulación y el engaño, tratan de poner a prueba la capacidad de discernimiento de Jesús, al que llamaban ya entonces Maestro. ¿Pero cómo se les puede ocurrir que van a pillar en un renuncio a Jesús, el Hijo de Dios? ¿En qué cabeza cabe que le iban a saber liar con sus subterfugios para que cayese fácilmente en su trampa? La sola pretensión de considerarse capaces de poder atraparle, deja manifiesto no solo la maldad de su corazón, sino también la torpeza e ignorancia de sus mentes. Jesús es el Camino, la Verdad, y la Vida, y por tanto, todo intento de apagar esa luz está destinada al fracaso. Ciertamente no reconocían al que tenían delante.

Tienen delante al que, como muy bien habían declarado, ni se fía ni de las apariencias, ni de los vanos halagos, ni se deja atrapar en preguntas, puesto que es el verdadero Maestro y conoce la importancia de las preguntas para distinguir exactamente entre la verdad y lo que no lo es: lo admitido sin pensar, lo políticamente correcto, lo que, en definitiva, permite que se mantengan (y hasta terminen pudriéndose) tal cual están y se dan por hecho todas las cosas, el status quo.

Aún así que se le acercan algunos fariseos y herodianos, tan ladinos y seguros de su malintencionada sagacidad y, después de presuntamente alagarle, pues le dicen que Él no juzga según las apariencias, le proponen la consabida preguntilla capciosa: "¿es lícito pagar impuestos al César?". Y es que si contestaba que sí, ya podían ponerle en contra del pueblo que le seguía, pues entonces se declaraba partidario de colaborar con el imperio romano que ocupaba sus territorios y les expoliaba con gran cantidad de impuestos. Pero si contestaba que no, se ponía oficialmente en contra del poder político establecido, y por tanto, sería considerado un insurgente más, un proscrito al que habría que poner a buen recaudo cuanto antes.

Sí, Jesús, acertadamente les responde a su vez con otra pregunta "¿De quién son esta cara y esta inscripción" (de la moneda con la que pagáis los impuestos)? Pues, ahí lo tenéis. "pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Ni más ni menos. Es decir, no mezcléis, no confundáis, no embadurnéis: a cada uno lo suyo, lo político por un lado y lo religioso por otro.

Que no nos confundan tampoco a nosotros. No siempre los problemas son lo que parecen o lo que quieren que parezcan. Incluso una guerra puede parecer que enfrenta a pueblos y religiones distintas, pero tal vez utilicen a pueblos y religiones como escusas fáciles de enfrentamiento y división, cuando en realidad son conflictos que obedecen a otros intereses geopolíticos ocultos, y los pueblos, las religiones y el ser humano de a pie, somos las víctimas. 

¿A qué lado te sitúas, eres prorruso o proucranianio? ¿Propalestino o proisraelí? ¿Del César o de Dios? No, esa no es la pregunta, sino ¿Estás a favor del hombre, de la vida, de la justicia y los derechos humanos? ¿Estás a favor de la paz, la convivencia y la voluntad de entendimiento? ¿Estas por el bien o por el mal? ¿Eres de Dios? Pues habrá que dar a Dios lo que es de Dios, es decir, todo el bien y el amor de que seas capaz, esto es, dar mucho y buen fruto.

Pero además, Jesús, con su respuesta deja zanjada la separación entre religión y gobierno, que no deben estar unidas, pues cada una de ellas ha de dedicarse a lo suyo propio; aunque sí sería conveniente entenderse por el bien de los hombres, del desarrollo de sus condiciones de vida y su libertad.

Por ello, los misioneros, dedicados en cuerpo y alma a encarnar el evangelio y a promover el Reino de Dios, no cejan de trabajar por la promoción del ser humano, la justicia y el bien común, porque es una exigencia radical del evangelio, inseparable del anuncio de la buena nueva que sana y salva. Hoy domingo del Domund, les tenemos bien presentes, oramos por ellos y, en la medida de nuestras posibilidades, colaboramos con ellos.

Ojalá los gobernantes desde su papel tratasen de contribuir también a la paz, la justicia, la convivencia y el bien de los pueblos. Tal vez, sobra ideología, que termina enfrentando a los hombres y países, y falta amor. Tal vez nos falta astucia para no caer en embelecos y empezar a distinguir mejor la verdad. Jesús lo tenía claro, ni se dejó Él embaucar, ni debemos tampoco nosotros dejarnos embaucar por los embaucadores de un u otro lado, sino que busquemos a Dios y sus obras. Tratemos de ser misioneros de ese mundo fraterno, donde en lugar de armas y monedas (o denarios), de intereses y lucro desmedido, haya pasión por el hombre y caridad.

Y que los que fueron con intención de tomarle el pelo a Jesús, o aquellos que siguen intentando tomárnoslo a nosotros, terminen quedando trasquilados una vez más.

CONVIVAMOS EN PAZ LOS UNOS CON LOS OTROS,

EN EL COLE Y EN TODA LA TIERRA.  


sábado, 14 de octubre de 2023

Dejarte en leído

DEJARTE EN LEÍDO


Con gran frecuencia nos comunicamos entre unos y otros empleando Whatsapp. Esta nueva forma de comunicación es práctica, sencilla, cómoda, barata y rápida, por lo que es comprensible que en muy poco tiempo se nos ha terminado convirtiendo en una herramienta imprescindible en nuestro día a día. Tal vez incluso podríamos sospechar que hasta hacemos de dicho modo de comunicación un uso abusivo. Pero de eso no toca hablar en este momento.

Por ello no nos resulta extraña la nueva expresión "me ha dejado en leído", es decir, que le has escrito a alguien y ni se ha molestado en contestarte. Vamos, que ni siquiera uno es merecedor para esa persona ni de un mísero sí o un no, simplemente te ignora o te deja pospuesto para mejor ocasión. En este ritmo de vida que llevamos como podemos, donde predomina lo inmediato, hacerle esperar a uno un cierto tiempo en responder resulta del todo inasumible e inaceptable, incluso pudiendo suponer que el interlocutor de mi mensaje puede encontrarse ocupado en otra tarea en el momento en que yo le he escrito. No nos importa, reclamamos atención total e inmediata. Por tanto, nos enfurecemos enseguida  en lugar de concederle al menos el beneficio de la duda o de cierta pausa en la respuesta.

Menos aún nos gustaba cuando algún amigo o compañero invitaba a todos los del grupo, o al menos a los más selectos, pero no a nosotros. Eso sí que supone un motivo sustancial para el enfado, la furia y la mayor de las tristezas, porque cómo iba a ser yo el único que se iba a quedar fuera de la fiesta.

Pues en esta ocasión el evangelio -XXVIII domingo T. O. (A)- nos presenta la situación justamente al revés, es el mismo Dios el que nos ha preparado una magnífica fiesta, en la que como proclama el profeta Isaías no va a faltar nada de nada, sino que, por contra, va a sobrar de lo mejor de lo mejor. Es la mejor de las fiestas posibles y nos invita por el Whatsapp de entonces, que eran los profetas, los voceros de Dios. Así que nos llega la invitación del mismo Dios de la mano de esa gente tan comprometida y servidora, pero nosotros le hacemos el mayor de los desplantes y le dejamos en leídos.

Tal vez pueda ocurrir que con la que está cayendo, no estamos para más fiestas que la nuestra, en la que seamos nosotros los únicos y exclusivos protagonistas. O puede que haya otras fiestas que parecen cautivarnos más que la que Dios está ofreciendo, otros caminos divergentes, otras propuestas alternativas, muchas otras formas de alejarnos de la fiesta de la concordia y la fraternidad. Escucha, sopesa y decide consecuentemente si en esa boda está tu lugar.

Habría también que plantearse si somos merecedores de esa magnífica invitación. A juicio del artífice de la fiesta sí que lo somos, el nos considera dignos invitados a la fiesta de bodas de su Hijo, otra cosa muy distinta es que nosotros nos hagamos verdaderos merecedores de ese extraordinario evento al que el mismo Dios Padre nos convida.

La fiesta no va a dejar de celebrase, independientemente de que nosotros decidamos acudir o no. Todo está ya preparado desde la eternidad, es el banquete de bodas del Cordero, la celebración del amor esponsal del Hijo y los que hicieron de su vida un seguimiento del Amor a todos. Va a ser memorable; pues todos estamos llamados a participar y celebrarlo a lo grande, con la verdad de lo que uno es. Sin embargo, tú, ¿piensas dejar la invitación en leídos? ¿Vas a inventarte una excusa para declinar la invitación? ¿Te vas a quedar al margen de la celebración?

Pues entonces ¡ánimo, vente a la boda! y no olvides venir con tus mejores galas, revestido con la belleza sinigual de la fe, la esperanza y la caridad. No hay indumentaria más adecuada para ir a esta gran fiesta.

sábado, 7 de octubre de 2023

Romper la baraja

 ROMPER LA BARAJA


En múltiples ocasiones, y tras grandes esfuerzos, logramos ponernos de acuerdo para realizar una actividad conjunta entre diferentes. Todos asumen su respectiva función, respetan las reglas y saben a qué atenerse y qué esperar. Sin embargo, también conocemos que no siempre salen las cosas como se desean y termina por romperse la baraja del acuerdo, disolverse el pacto establecido, las buenas maneras, y aquí paz y después gloria, cada uno tira por su lado. La vida parece más un camino de encuentros y desencuentros porque estos primeros llevan ya la fecha de caducidad.

Parece que nos cuesta horrores entendernos los unos con los otros, pero cuando más o menos lo logramos, poco dura la alegría en casa del pobre, ya que a las primeras de cambio cualquiera se sale por la tangente. Y esta triste realidad es constatable en todo lugar y desde que tenemos recuerdo de las peripecias de los seres humanos sobre la tierra. Nada, o al menos poco, nos debe sorprender hoy en día el comportamiento excesivamente cerril y desleal de nuestros representantes políticos, que en lugar de buscar posturas tendentes a construir lo común para bien de todos, se afanan en exclusivamente por lo suyo, forzando los acuerdos que marcaban las reglas del juego. Resulta sorprendente lo rápido que lo echamos todo a perder por arrimar exclusivamente el ascua a nuestra sardina. ¿Cómo vamos a pedirles a nuestros representantes que procedan de modo ejemplar y distinto al que nosotros solemos  ajustándonos?

Pero como hemos dicho no es nada nuevo ese modo de proceder, ya el profeta Isaías muestra su enfado cuando el pueblo de Israel opta por alejarse de su Dios, que les sacó de la esclavitud y les constituyó como pueblo próspero, libre y singular. Ellos prefieren romper con el acuerdo y andar obcecadamente por un camino que no es el de Dios, sino el de la injusticia y la deslealtad.

Es como si cuando viviésemos según nuestra complacencia, se diera rienda suelta al pillaje y la maldad. A ver si va a resultar acertado aquello que decía Dostoievski en Los hermanos Karamazov, "cuando Dios no existe, todo esta permitido". Tal vez, una y otra vez, a lo largo de la vida personal y colectiva, necesitamos alejarnos de Dios, tanto física como espiritualmente, para poder hacer lo que se nos antoja, especialmente si es algo poco honroso. Pero aún así las culpas de nuestros desaciertos se las echamos a Aquel que suele terminar siempre cargando con nuestras culpas y pagando los cristales rotos.

Una y otra vez el Dueño y Señor de la viña nos confía el mundo a los seres humanos, y nuestro mundo particular a cada uno de nosotros, deposita nuestro pequeño mundo en nuestras manos confiando en nuestra capacidad. pero una y otra vez recibe el mismo pago: la ingratitud, la queja y la protesta. Una y otra vez, día tras día desde los tiempos remotos, nos otorga la oportunidad de un nuevo día para que hagamos germinal la semilla del bien, y hagamos de este tiempo y lugar un mundo donde crezca la paz, la fraternidad, la gratitud, la generosidad, el perdón, la alegría y el apoyo. Pero, una y otra vez, con fatídico empeño no lo logramos nunca.

No debería resultarnos nada sorprendente que a ese Dios todopoderoso le deberían entrar unas ganas irrefrenables de romper la baraja de manera definitiva; sin embargo, cuando va a romperla, se encuentra que hemos sido nosotros los que hemos roto previamente la baraja que nos había entregado. Pero, Él, con una renovada capacidad de amor vuelve a sacarse una nueva baraja de la manga y concedernos una nueva oportunidad de hacer algo digno con ella, pero volvemos a hacerle trampas con las cartas. Tal vez tratamos de ganar con trucos y engaños al Dios que se deja ganar por amor.

Duros de cerviz y entendimiento es verdad que somos, porque bastaba con tratar de cumplir aquello que nos dice hoy San Pablo en la segunda lectura cuando les dice a los Filipenses: "todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable; todo lo que es virtud o mérito tenedlo en cuenta". Sin embargo, preferimos seguir viviendo justamente de modo contrario: practicar la injusticia, vivir en la mentira y el engaño, discriminar, no respetar, ser deshonestos y avariciosos, materialistas, consumistas, individualistas y desagradecidos al olvidar los dones que le debemos a Dios. ¿Es sensato nuestro proceder? ¿Es acertado? ¿A dónde nos conduce este modo de vida?

Al final, queramos o no, se quedarán con el Señor únicamente los que hayan remar a contracorriente, priorizar el amor a Dios y al prójimo de forma decidida e inseparable. El Señor no va a renunciar a su sueño y a su promesa, aunque solo se quede para aquellos que supieron conformar su vida según la voluntad de Dios y, por tanto, se mantuvieron en todo momento a la escucha y siguieron sus pasos. Felices los que en lugar de ingratitud, son capaces de devolverle parte de lo recibido de Dios, y se hacen dignos de haber sido depositarios de tanto don y tanta ternura, entregándole los frutos de sus acciones y lo más preciado de su ser. ¿Tan difícil es atenerse al amor con entrega y lealtad? Somos de Él y a Él nos debemos. ¿Puede haber mejor uso de nuestra libertad?