VERIFICADO
Resulta lamentable, verdaderamente lamentable, pero hemos terminado por acostumbrarnos a que nos den gato por liebre. En nuestra tradición cultural tenemos bien representada la figura del pícaro; aquel personaje que sobrevive mediante el ejercicio aprendido y bien ejercido del engaño. De aquellos sujetos reales y literarios hemos pasado después a los timadores, que de igual modo embaucaban al primero que pueden para ganarse la vida a su costa, sin tener que trabajar demasiado. Y es que de siempre ha habido estafadores que del engaño han hecho su modus vivendi; pero lo de ahora parece que supera todas nuestras expectativas, ya que hemos caído en la edad de oro de las fake news, de la mentira organizada y generalizada. Corren malos tiempos para la honradez, que pasa incluso por ser algo risible. Cada cual trata de tomar el pelo al que se deje y si hace falta hasta a engañarse a uno mismo. Y es que entre unos y otros hemos terminado por escamotear a la verdad su honorable y merecido sitio.
Te llega una información, y antes de darla por bueno sin más, conviene tener cautela, ya que con la IA lo que no es ni ha sido puede llegar a parecer más real que lo que realmente lo es. Ya no te puedes fiar de lo que ves ni oyes ni lees, debes molestarte en ponerlo preventivamente en cuestión y contrastarlo antes de darlo por bueno. Si antaño se decía que hombre prudente vale por dos, bien podríamos añadir hoy que toda prudencia es poca para transitar con certeza en este laberinto virtual y proceloso. No se trata de ser un incauto ni de proceder siempre con desconfianza, sino más bien de ser taimado y avispado, para evitar ser tomado por incauto.
Conviene, pues, prestar mucha atención a todo, pues solo estando atentos logramos distinguir el grano de la paja, el bulo de la información verídica, y poder estar así, al menos, bien informados para saber a qué atenernos. Porque no es descartable que aunque nos hayan avisado por activa y por pasiva, como solemos ir tan a lo nuestro y sumidos en la distracción de turno, se nos pase por alto aquello que debíamos haber captado y advertido a tiempo. Quizás el conocidísimo carpe diem tenga que ver más con esa atención provechosa, que con el mero disfrute vano y fútil. Andémonos con pies de plomo para no creernos lo falso tanto como para detectar lo seguro, aclarado y confirmado. Porque tanto lo primero como lo segundo nos conducirá directos al error y al fallo de pleno.
En este sentido, las lecturas de este segundo domingo de tiempo ordinario, pasados ya el Adviento y la Navidad, nos sirven de ejemplo acerca de la tozudez recalcitrante de los humanos, empeñados en no admitir por bueno lo que está suficientemente anunciado, probado, contrastado y verificado, a la vez que andamos prestos a caer en el primer anzuelo que nos presenten de modo facilón y seductor. Y tanto el mercado como los manipuladores lo saben y lo aprovechan para hacer su agosto. Reconozcamos que se lo permitimos.
En la primera lectura el profeta Isaías claramente anuncia e identifica al Hijo, a ese que hemos celebrado su nacimiento recientemente, Jesús, "el siervo de Yaveh" y "Luz de las naciones". En precioso el salmo 39 además, el salmista se asemeja al mismo Cristo, que se expresa reconociéndose en esa identidad de siervo, que es para hacer la voluntad del Padre, en total disponibilidad y sin reservas. ¡Qué privilegio para todo creyente orar con las mismas palabras que oró Jesús expresando esa entrega libre a la voluntad del Padre! Poder hacer así nuestros sus mismos sentimientos y participar de la misma vocación de Jesucristo. Incluso podemos llegar a afirmar que Él sigue rezando a través de nuestro ser.
En la segunda lectura, tomada ya del Nuevo Testamento, San Pablo, se dirige a la comunidad de Corinto, reconociéndoles asimismo como los que sí han dado crédito al anuncio del evangelio; han validado a Jesús y se han unido a Él de tal manera que ya forman parte de su cuerpo, que es la Iglesia. Los creyentes en el Resucitado recibimos, por la fe y el bautismo, una nueva identidad y tratamos de vivir acorde a ella, invocándole y tratando de realizar ese modo de vida en sintonía con el amor a Dios y al prójimo. No es tarea fácil, pero ahí andamos, tratando de acertar a lograrlo en la medida que podamos. Para ello contamos con la ayuda de la gracia de Dios y de los hermanos.
Y en el evangelio es San Juan Bautista el que nos lo identifica sin lugar a dudas: "Este es de quién dije", es el que os anunciaba, es el que esperábamos y nos estábamos preparando para recibirle. No deberíamos precisar de más testimonios que nos sirvieran para reconocer la identidad del Salvador. Contamos con las profecías, los salmos que nos hablan de Él, los Evangelios, las cartas de los apóstoles, los magos de Oriente que también saben reconocerle y hasta el testimonio del Bautista, que reconoce la acción del Espíritu sobre Jesús. Son testimonios múltiples y conformes, dignos de credibilidad. Sin lugar a dudas Él es.
Tan solo nos falta dar un paso más para reconocer de manera absolutamente segura que Jesús de Nazaret es el que dice ser y el que dicen que es: verificarlo por uno mismo, acercarse a Él y dejarse transformar por su presencia. Entonces, si haces experiencia personal de Cristo, también tú serás de los que confirman que en Él tenemos al Dios con Nosotros, al Cordero de Dios que asume nuestra condición y perdona nuestros pecados, porque nos abre una etapa nueva, un comienzo personal y comunitario más esperanzador. No te dejes engañar, mira a ver si lo que hasta ahora has visto y oído tiene visos de se la gran verdad sobre la que seguir construyendo todas las demás.

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