RESUCITA
Resucita cada día, cada vez que asoma por el horizonte
el sol que quiebra la noche y la disipa
en abrazo deslumbrante y nos regala
el sol que quiebra la noche y la disipa
en abrazo deslumbrante y nos regala
la luz generosa y la esperanza prístina.
Nada pueden ya los miedos
y los funestos augurios que ocultos acechan y tienden
a cubrirnos de amargo sinsentido con su mortaja.
¡Y es que hoy es nuestra Pascua!
Resucita cada día, siempre haciéndolo nuevo,
en el pan reciente, en el saludo fraterno, y en los afanes cotidianos
a que nos comprometemos por un mundo todavía humano,
en el pan reciente, en el saludo fraterno, y en los afanes cotidianos
a que nos comprometemos por un mundo todavía humano,
todavía posible, realizable y pendiente de ser llevado a cabo.
Resucita Cristo también con el que no se deja vencer
tampoco esta vez por la inercia de la traición continuada;
resucita el que aún afirma las ganas de ser
tampoco esta vez por la inercia de la traición continuada;
resucita el que aún afirma las ganas de ser
más cristalino, real y auténtico.
Resucita con aquel, que sin salir indemne de lo ya pasado,
prosigue con la mirada del corazón indómita,
dispuesto a amar con inocente ternura,
transformando las heridas en abundante bálsamo sanador,
en comprensión compasiva y fiel confianza,
para que el amor haga posible
prosigue con la mirada del corazón indómita,
dispuesto a amar con inocente ternura,
transformando las heridas en abundante bálsamo sanador,
en comprensión compasiva y fiel confianza,
para que el amor haga posible
la potencia del ahora insondable.
¡Y es que hoy es nuestra Pascua!
Resucita con fuerza firme el Resucitado
y quedan oficialmente inaugurados los sueños nunca perdidos,
y el ser humano queda libre
y el ser humano queda libre
para quebrar el carril férreo del algoritmo;
regresan entonces los pájaros con sus cantos,
regresan entonces los pájaros con sus cantos,
y la palabra recobra su sentido nítido.
Resucita aquel que no cede al mal cruel y destructivo,
al egoísmo ciego, al abrupto individualismo depredador,
ni al olvido del vínculo con el rostro hermoso del hermano.
Resucita y hace que caigan los muros
del hielo feroz que nos apresaban el corazón,
despuntando el inocente milagro de la primavera en el espíritu.
despuntando el inocente milagro de la primavera en el espíritu.
Resucita cada día -bendito sea el Señor bueno-,
y con Él se reestablecen nuestras fuerza para volver a apostar
por lo que el amor redignifica,
por lo que en verdad merece la pena desvivirse,
por lo que descubre el corazón, sabio y atento.
y con Él se reestablecen nuestras fuerza para volver a apostar
por lo que el amor redignifica,
por lo que en verdad merece la pena desvivirse,
por lo que descubre el corazón, sabio y atento.
¡Y es que hoy es nuestra Pascua!
Resucita en la mirada atenta, sincera, bondadosa,
capaz de callar, aceptar, comprender
y decir una palabra sincera de aliento fraterno.
Resucita cada día -y si quieres tú con Él-
a un protagonismo de tu propia existencia no vivida en vano,
no malgastada, no frustrada en una muerte anticipada,
sino para dar vida plena en la afirmación
sino para dar vida plena en la afirmación
de un encuentro recíproco, unitivo,
dentro de la comunidad que cree
dentro de la comunidad que cree
y celebra la inmensidad del don de la Vida
que el Cristo nos regala.
¡Y es que hoy no podemos callar,
porque es nuestra Pascua!
