sábado, 25 de abril de 2026

Remontar la corriente

REMONTAR LA CORRIENTE


Por inercia nos vamos dejando llevar por la costumbre, o por las numerosas influencias de que somos blanco fácil. Aunque podemos hacer las cosas de otra manera, o incluso hacer otras nuevas, al final terminamos repitiendo las mismas, lo esperado, reproduciendo sencillamente lo que vemos en otros. Se suele decir que somos hijos de nuestro tiempo, y efectivamente es así, asumimos las tendencias, gustos y modas del momento, sin ni siquiera pararnos un momento a pensar si es o no lo mejor.
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Se podría decir también, que para estar a la altura del presente, nos mimetizamos los unos con los otros para no sentirnos del todo bichos raros, pero es que además los medios de comunicación, las series, las redes sociales y la publicidad poseen una enorme influencia para indicarnos cómo hablar, cómo vestir, cómo pensar, qué valores tener y demás, y es que son los grandes uniformadores. Se equivoca tal vez el que se crea que el el colegio el que influye de manera definitiva en los valores que va a asumir una persona. sobre todo es el ambiente, la cultura vigente a la que nos vamos adaptando. Por ejemplo, hoy en día, al menos en Europa, cuando se viaja al centro de una ciudad, se encuentra uno los mismos establecimientos, las mismas marcas, la misma comida rápida, como si uno no se hubiese movido del lugar de origen. Debe ser por aquello de la tan cacareada globalización. Cada vez todo menos singular y más uniformado.

En cuanto a las ideas, parece que por doquier abundan los populismos, es decir, que triunfa con asombrosa facilidad la manipulación ideológica, puesto que mayoritariamente tenemos más interés por consumir que por pensar con criterio. Aunque, por supuesto, sí hay personas que, aún perteneciendo también a una época y lugar determinados, son capaces de vivir según su propia singularidad desde la coherencia. Si te fijas un poquito, aunque puedan parecer clones, hay algo que les distingue, ni imitan ni se afanan en distinguirse, tan sólo aciertan a ser ellos mismos. Porque el ahora, con toda su riqueza, puede funcionar con un determinismo que nos termina anulando, o justamente al revés, para posibilitar el despliegue de aquello que verdaderamente se es. Donde muchos se encierran libremente, otros andan sueltos.

Algo tendrán los clásicos, cuando ni llegan a ser superventas ni jamás quedan desfasados. Tal vez porque no fueron escritos para venderse a las tendencias ni buscaron adaptarse tanto a estas que lograran meramente un éxito pasajero, sin tampoco ser un completo unos textos inadaptados a su tiempo que se anularan su significado contextualizado. Los salmones, por ejemplo, saben nadar a favor de la corriente cuando es necesario, pero también remontan por la encrespada corriente de los ríos para regresar al lugar en que nacieron y poder allí reproducirse. Como animales remontan sin saber qué ni por qué realizan ese viaje de retorno, aunque para ello hayan de superar la fuerza de una corriente enormemente impetuosa. Ojalá los humanos fuéramos capaces de enfrentarnos también a las corrientes poderosamente moldeadoras, que a menudo soportamos, para conseguir alcanzar la verdad que escapa de las apariencias vigentes de la temporada. ¿Pero quién tendrá esa fuerza de voluntad y esas convicciones para superar las aguas torrenciales del pensamiento único?

El cristiano, el que reconoce vivo a Jesús en el presente, ya se sitúa entre aquellos que, frente a la corriente arrolladora del mundanal ruido, logra ir justamente en sentido contrario. No se deja llevar por los valores dominantes, sino que trata de remontar en esa búsqueda de la autenticidad que da el Espíritu. Si se vive en modo pascual, ya se ha empezado a no ser meramente pasto de la muerte anuladora, pues la semilla de la vida eterna, don del amor de Jesucristo resucitado, ha empezado a arraigar en este tiempo. Cristo ha muero y ha resucitado para que nosotros ya seamos germen de esa vida en Cristo. Seguimos en el mundo, pero el mundo no nos posee ni nos domina, puesto que reconocemos en nuestras vidas la voz del Pastor que da la Vida y que nos da de su Vida.

Creer ha de ser vivir, escapar del sometimiento a los falsos pastores que anuncian lo que no pueden dar, para saber gozar de una libertad comprometida al servicio de los hombres y de la construcción del bien común. Creer ha de ser vivir de forma sanada, con valentía y con sentido, sin reducirse a quedar recluido en uno mismo. De ahí que una conversión profunda, radical y continuada sea necesario. Hay que pasar por la puerta del corazón de Cristo Salvador, Buen Pastor. Tenemos en él la puerta abierta para entra por ella y obtener la libertad verdadera, superando ese condicionamiento impuesto por los cánones de lo comúnmente asumido.

Si quieres ser tú, no te confundas de puerta, pues algunas son sólo puertas de escape en falso, otras más bien de huida. Escucha su voz, su palabra, y fíate, pues es la voz que reconoces más íntima a ti mismo que la tuya propia, es la voz que te va a guiar hacia las fuentes tranquilas y los verdes prados, a aquella luz irrenunciable que portas. Ciertamente has de lograr zafarte de las imposiciones, de los moldes, y remontar, escapar de una instalación comodona y resignada de tu refugio, para arremangarte y ponerte a trabajar por un mundo según la voluntad de Dios. Es un proceso, pero Él viene en tu rescate y te va a ayudar a encontrarte. No pongas reservas.

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