sábado, 16 de mayo de 2026

Alzad la mirada

 ALZAD LA MIRADA


Si alguien se atreviese a librarse, aunque sólo fuera por un momento, del yugo de la pantalla del móvil, tal vez se percataría de que sus semejantes existen, merodean por doquier, no son virtuales, sino reales y dotados de carne y hueso. ¡Qué sorpresa, el mundo no es reductible a un mero visor! Y es que parece que el conocidísimo mito de la caverna de Platón es más actual que nunca. Sin duda estamos encadenados frente a un muro en que se nos proyectan sobras de sombras suficientemente manipuladas y creíbles, que tomamos y preferimos a la realidad monda y lironda. Y es que creemos que es preferible ver lo que han visto otros muchos, o lo que dictamina el Gran Hermano del logaritmo, a contemplar sencillamente lo que de verdad nos acontece, lo que tenemos delante, con su dosis inédita de belleza. Jamás deberíamos limitarnos a ver sólo a través del espejo.

Nos atrapa la pantalla; sucumbimos a la dictadura de la imagen y de las aplicaciones diseñadas para engancharnos. Les hemos entregado nuestra libertad y adormecido nuestras conciencias. Nunca nos han tenido más sometidos, pues ni siquiera han tenido que doblegarnos, ha sido una esclavitud libremente elegida. Y en este panorama de cesión de lo propiamente humano, se nos invita a romper con ese autosometimiento. La próxima visita de León XIV lleva como lema "Alzad la mirada". ¡Qué acierto!

Levantemos el corazón, pero para ello primero apartemos la mirada de la cárcel táctil de cristal. Tal vez basta por empezar con este pequeño gesto para descubrir el rostro del otro, el rostro del hermano, su verdad misma y la nuestra, que no tiene que coincidir exactamente con la que nos vienen presentando en los medios oficiales de la subrepticia oficialidad. Levantemos la mirada los unos y los otros para volver a suscitar el encuentro y la capacidad de relaciones efectivas y afectivas entre todos, escapando de las redes y de las interacciones meramente digitales. Recuperemos la capacidad de reconocernos aún humanos.

Empecemos al menos por eso, pero alzar la mirada supone no solamente un acto de regreso a lo humano, también supone un empoderamiento, un reconocimiento de nuestra dignidad y de nuestra capacitación para afrontar nuestro proyecto personal y comunitario. Que nadie nos conduzca sin más al atolladero de turno, hemos de ser protagonistas: pasar de la indiferencia y desafectación insensible a la toma de conciencia y al compromiso. Sí, hemos de levantar la cabeza porque hemos de abandonar el desaliento y desengaño generalizados, recupera la esperanza y las ganas de cambiar de rumbo. Todavía se le puede dar la vuelta a la tortilla, que empiece ya el motín abordo de la humanidad que pretende dejarse vencer por el tedio, la distracción permanente, el desánimo y la apatía. Tirar la toalla no puede ser una opción.

No sigamos cabizbajos enganchados a la deriva aceptada del que cree que no puede hacer nada. Los primeros apóstoles pudieron caer también presos de la desesperación tras la muerte en cruz del Maestro, pero Cristo resucitado se hizo presente y se lo impidió. Donde se le entrevé, donde está y se hace sentir, no puede cundir la desesperación, porque la fe comprende la certeza de su promesa, el triunfo inesperado de los débiles. Superemos esa tendencia feroz a la muerte del sentido, empeñémonos en volver a vivir para el amor de Dios y su voluntad transformadora de las realidades humanas. Nunca nos demos por vencidos, está con nosotros hasta el final de los tiempos.

Este domingo celebramos la ascensión a los cielos de Jesucristo. Cierra ya este periodo de se inició con el sepulcro vacío en la mañana del primer domingo de la historia. Él regresa con el Padre, para acercárnoslo mediante el envío de la fuerza del Consolador. Estas heridas suyas y nuestras, las de cada uno, serán ya focos de luz por la gracia que Él nos va a enviar en Pentecostés. Vamos allá, nos envía la fuerza de su Espíritu Santo que nos capacita para constituirnos Iglesia y ser anuncio y presencia de Cristo en esta tierra llamada a inflamarse de su amor. El ser humano es destinatario del amor de Dios y con su libertad liberada puede corresponder a su amor.

Él asciende y nosotros al alzar la mirada, el ánimo y el corazón, fortalecidos por aliento nos quedamos aquí a la espera activa de su vuelta. Nos ha dejado instrucciones hemos de aprender a amar como Él nos amó, a servir como Él nos sirvió, a no dejar a nadie de lado, a ocuparnos los unos de los otros e invitarles a formar parte de su Reino. Que nadie se quede mirándose ya su ombligo si no quiere, cabizbajo y preso del desencanto. Es tiempo oportuno para el anuncio y aunar libertades que buscan con pasión la Verdad, la belleza y el bien. En la medida en que seamos verdaderos miembros de esta vida en Cristo, de quién procede la gracia, podremos auténticos ser testigos de la salvación que Dios nos regala.

Pronto vendrá León XIV a Madrid a refrescarnos el vigor y la alegría de que Cristo nos hace partícipes. Podremos encontrarnos con él, acogerle, escucharle, acoger sus palabras y tratar de llevarlas a término. Va a ser una fiesta poder estar cerca de este mensajero de la paz y de Jesucristo Resucitado. La Iglesia de Madrid se está preparando con entusiasmo. Viene a invitarnos a alzar la mirada, recobrar la esperanza y empezar a vivir según el evangelio. ¡Qué gran ocasión se nos presenta! No la dejemos escapar, va a ser un momento histórico, un verdadero regalo de Dios para todos nosotros. León, sé bienvenido.

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