BASTA CON UN SENCILLO GESTO
La mayor parte de las veces tendemos a simplificar mucho la realidad para facilitarnos su comprensión, y solemos ver o todo blanco o todo negro; o todo bueno buenísimo o todo malo malísimo. Pero sabemos bien que además de los extremos hay también posiciones intermedias, aspectos, matices o detalles importantes que en esa simplificación excesiva se nos suelen pasar por alto. Corremos con ello un gran peligro, pues en el ambiente actual tan crispado, podemos llegar a ser muy manipulables si aceptamos por buenas esas visiones demasiado sesgadas (e interesadas) que se nos ofrecen por doquier.
Por supuesto que nuestro mal tiene remedio, basta con pararse a pensar por uno mismo, reflexionar y discernir, manejando distintos puntos de vista, información verdadera y profunda. Pero de ejercitarse en el saludable ejercicio de discurrir ya nos ocuparemos cualquier otro día, aunque en cada una de las sucesivas entradas de este blog se nos invita semanalmente a ello.
Pues a pesar de todo lo dicho anteriormente, esto es, que debemos también tener en cuenta la gradación de la gama de grises entre los términos opuestos, el evangelio de este domingo nos pone ante una disyuntiva: o somos o no somos agradecidos. O como dijo Hamlet: ser o no ser, esta es la cuestión que hoy nos ocupa.
Resulta que de los diez leprosos que Jesús curó mientras iban de camino, tan solo uno se vuelve y regresa a presentar su gratitud a quien le había puesto remedio a su mal. Todos fueron curados de la lepra, pero además este fue curado de la otra lepra, tan extendida en la sociedad actual, el egoísmo, que nos impide reconocer, valorar y agradecer a los demás lo que hacen por nosotros. Seguramente porque estamos demasiado ocupados con nosotros mismos y nuestras particularidades. ¿Nos queda algún resquicio para lo que no sea solo la autorreferencia?
Sabemos que siempre nos han dicho que de ser bien nacidos es ser agradecidos. A todos nos lo han enseñado desde temprano. Sin embargo, parece que llevamos tanta prisa (o tanto individualismo) que las más de las veces se nos olvida a la hora de llevarlo a la práctica. Pero basta con un solo gesto, una mirada cómplice, una sonrisa afable o con una palabra tan hermosa como "gracias" para al menos devolver al que nos ha ayudado parte del favor que nos ha hecho.
Aquí hay pocas "medias tintas" o somos agradecidos o no lo somos. Párate a pensar hoy un poco en ello, en todo lo que en verdad deberías agradecer y a quiénes. No es tarde, puedes empezar a ser un poco más agradecido. Pero cuidado, porque practicar la gratitud es empezar a sentir una felicidad sencilla y contagiosa; es empezar a cambiarte a ti, a tu mundo y el mundo; es empezar a transformar el mundo en uno mucho mejor, más habitable y humano. Sí y solo con un solo gesto hecho hábito y virtud.
Levántate, empieza por ser agradecido. ¡Hay tanto que agradecer cada día! Tal vez será por eso que Jesús termina diciendo al leproso agradecido: "LEVÁNTATE, TU FE TE HA SALVADO". Y sí tal vez del agradecimiento a la fe, haya solo un pequeño tramo que recorrer. Recuerda que la palabra eucaristía significa literalmente acción de gracias, y por tanto también ella puede ser una escuela donde aprender a agradecer el inmenso regalo de la vida, una vida plena y agradecida.
