sábado, 23 de mayo de 2026

La fórmula magistral

 LA FÓRMULA MAGISTRAL


Andan en ello, denodadamente están los laboratorio antiguos y modernos, tras la fórmula secreta que dé por fin con la pastillita de la eterna juventud. La ciencia, de la mano de la ultimísima tecnología, cree que en breve tendrán a disposición de los mayores acaudaladas fortunas un remedio útil, si no contra el paso del tiempo, al menos conta el envejecimiento y conseguir detener los estragos que la avanzada edad realiza en nuestro frágil organismo. Antaño ser mayor solía conllevar el ser sabio, o al menos venerable por la experiencia vital acumulada. Hoy, en lugar de aceptar y valorar cada etapa de la vida y el fin natural de nuestros días, nos hemos rebelado contra el declive natural del organismo. Son muchas las dolencias y sufrimientos de los seres humanos, algunos producidos por la enfermedad, pero otros por la pobreza, la desigualdad, el hambre o la guerra. Esas deben de importarles bastante menos a los pudientes, porque no les terminan de parecer dignas de solución, pero la vejez sí, para los que sólo se preocupan de sí mismos y de lo que les afecta a ellos.

Puede que vivir consista más en desgastarse por el bien de los demás, que tratar de retener y acumular lo que biológicamente es contra natura. En una sociedad individualista y desvinculada, más propia de una terrible distopía que de los grupos verdaderamente humanos, cada cual iría exclusivamente a lo suyo siendo indiferente a los problemas e injusticias de los otros, a los que se termina considerando enemigos o rivales, pero no semejantes. Nada de lo humano nos debería resultar ajeno, y menos los rostros de las personas sufrientes. Sin embargo, parece que cada vez más nos estamos volviendo invisibles los unos a los otros, pues aunque los hombres no somos islas, a veces parece que sí lo fuésemos, y rodeados además de innumerables tiburones hambrientos.

Pero para este enfriamiento de lo que propiamente supone una pérdida de la calidez humana, sí hay remedio. Lo primero es ser consciente de lo que nos está sucediendo, y una vez que ya hemos dado con el mal que nos daña, tratar de acudir a aquel que pueda paliarlo o al menos aliviar los síntomas. Considero que perseverar en el daño sería una completa necedad. Antaño uno no se presentaba en la botica a que le diesen un remedio general y válido para todos, pues a cada dolencia había que personalizarle su remedio. Para eso, los especialistas, en el secreto de la trastienda, mezclaban cuidadosamente y preparaban la fórmula magistral específica para la dolencia del paciente. Eran otros tiempos y otra manera de relación interpersonal, donde médico, enfermo y boticario conocían sus nombres y hasta las vicisitudes de sus respectivas vidas. 

Hoy cerramos el triunfo de Jesucristo, que estando muerto ha resucitado y nos dona su Espíritu. Hoy celebramos el inicio y andadura de la Iglesia, es decir, del cuerpo místico del Resucitado que desde entonces le anuncia y testimonia a lo largo de la Historia. La Historia es ahora historia de salvación, tanto para cada ser humano como colectiva, pues la Iglesia es católica, universal en el tiempo y en el espacio. Hoy recibimos con indescriptible júbilo los múltiples dones del Espíritu Santo. Este es el remedio personalizado que el Gran Boticario nos ha preparado como remedio para nuestra sanación. Necesitamos este desborde del amor de Dios para lograr llegar a desbordarnos nosotros de su amor y poder superar el aislamiento egoísta.

Alcemos la mirada, porque nos llega generoso el Espíritu para transformar el anquilosamiento que tristemente venimos asumiendo. Recuperemos al ser humano que prioriza el encuentro y el trato con los demás, en lugar de la ansiedad por hacer sin medida. Interactuemos con nuestros semejantes en lugar de con el móvil y demás ladrones de tiempo. Dedícate tiempo a ti, a los hermanos y a Dios, que esto siempre ha sido el norte de la vida humana. El Espíritu va a potenciar tu liberación, muchísimo más que esas bebidas energéticas que te mantienen activo físicamente, pero sólo eso, físicamente, pero no integralmente. Déjate activar por el Espíritu libertador, y verás lo que ocurre con tu vida.

Ya viene el papa, y trae debajo del brazo una carta encíclica, un mensaje irrenunciable para todos nosotros si queremos estar despiertos ante los retos de esta nueva etapa histórica. Aún podemos ser miembros activos de esta "Magnífica Humanitas", en lugar de pasivos en inconscientes víctimas de lo pueda ocurrir. Todos nosotros nos hemos de preparar para recibir al Espíritu que viene y a León XIV. Ambos son coincidentes, ambos hablan de la capacidad que tenemos los seres humanos para lograr un mundo habitable y sostenible, un lugar justo y en paz, un mundo digno de la dignidad de todo hombre, un mundo conforme a la voluntad del Dios de Jesús.

Aprovechemos esa confluencia de venidas para empezar a hacerlo posible. Empezando por cada uno de nosotros y responsabilizándonos también de lo comunitario. Se trata de vivir y realizar según el Evangelio, nada más y nada menos, porque es el mejor remedio a los males que nos afligen de forma global. Cristo no murió en vano, sino para darnos vida, y justamente ahora en estos días, con el envío de su Espíritu en Pentecostés, nos la da, capacitándonos para propiciar y acrecentar esa verdadera vida en este mundo que languidece por la falta de amor que le estamos dando. Ninguna tarea puede merecer más la pena que aquella que el Espíritu consolador nos vaya propiciando. Seamos dóciles colaboradores con Él y habremos acertado de pleno con lo mucho o poco que cada uno haya logrado, pues es lo que el mismo Dios trinitario nos pedía.

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