ACERTAR DE PLENO
Basta con un poquito de maña y práctica para comenzar a adiestrarse en el tiro con arco. Si además se cuenta con un buen monitor y se persevera, lo lógico es ir progresando y afinar poco a poco la puntería. Tal vez podríamos aventurarnos a establecer similitudes entre esto del tiro al arco y una vida que tensa, que se esfuerza y apunta un objetivo lejano, pero preciso. Cada intento supone arriesgarse: bien se puede fallar, bien se puede acertar. Así, por ello, en la vida deberíamos también tratar de ir adquiriendo cierta pericia en el noble arte vivir; pero las evidencias muestran que no siempre se tiene esa disposición para la adquisición de conocimientos, destrezas, habilidades y competencias necesarias para acertar de lleno con una biografía que produzca satisfacción, propia y ajena, que obtenga la calificación máxima.
¿Qué nos impide al menos tratar de conseguir vivir con cierto mérito y de manera honesta? Basta prestar atención a aquellos que optaron por la vía fácil frente a los que su existencia ha consistido en todo un ejemplo de superación. Fueron afinando la puntería, para acabar acertando de pleno. ¿Por qué entonces nos obcecamos tantas veces en emular a los que mal empiezan y peor aún acaban? ¿Es que no estamos ya suficientemente advertidos de vidas extraviadas? De necedad habría que calificar la elección de aquellos que habiendo sido advertidos persisten en vivir como insensatos. Poco piensan por sí mismos, se dejan llevar sin control ni dominio propio, son pasto del capricho o del viento que sopla an cada momento. No logran hacerse con las riendas de su vida, y por ello no llegan a buen término.
Y es que afortunadamente no partimos de la nada, sino que podemos aprovechar el tesoro que nos han legado los maestros que en el mundo han sido, para establecer el suelo nutricio adecuado en el que arraigarnos. Contamos con su experiencia, con su rico bagaje, con un saber verdaderamente aprovechable. Hubo y hay hombres sabios de los que se puede aprender mucho. Desde ahí que haya que tratar de descubrir lo valioso de sus enseñanzas para afinar el tino de nuestras decisiones. Hagamos, por tanto, el esfuerzo es escuchar y escrutar la sabiduría recibida, para que desde ella podamos aprender el camino recto que conduce al acierto. No es lamentable errar, pero, sin embargo, sí que lo será si fallamos por descuido o desinterés, echando en saco roto lo mejor del mensaje que nos ha hecho llegar la tradición sapiencial.
Las lecturas de este VI domingo de tiempo ordinario, previo ya a la inminente Cuaresma, nos avisan que no nos queda otra que optar, hacer uso de nuestra libertad, para amar de manera abierta y sincera o limitarnos a un amor egocéntrico, pacato y cerrado. Si quieres vivir a la manera que Dios te propone, valora y agradece, en lugar de exigir y quejarte; reconcíliate con el hermano, piensa, siente y actúa conforme a los mandatos del Señor, creador del hombre y del universo, y no atentes contra su voluntad. Procura que tu comportamiento sea intachable, por mucho que los reclamos para no hacerlo sean numerosos. Cada uno ha de ser responsable de lo que hace y de lo que deja de hacer, aún teniendo la posibilidad de haberlo realizado. Ahí está el acierto o el fallo, y también el secreto que nos capacita para lograr la plenitud, porque no es sino amando como se llega a ella.
Los seres humanos, hoy como ayer y como siempre, con toda urgencia, hemos de superar una condición humana reductora, que no desarrolla todo su potencial. Hemos sido hechos para Dios, y como dice San Agustín, nuestro corazón no está satisfecho hasta que no descansa en Él. Si quieres seguir tu propia ley al margen de la de Dios, para utilizar al resto de semejantes según tu interés: sólo cosecharás dolor e insatisfacción. Por contra, si accedes, acoges y amas como Él nos enseña, puedes considerarte sabio, pues sigues al que es la Sabiduría.
Aprovecha esta vida, no la desperdicies ni malogres; intenta acertar de pleno. Dentro de ti, allá donde la conciencia se hace oír, allí el Señor te habla a lo más íntimo. Si escuchas esa voz y actúas en consecuencia, tu acierto será pleno, y no tendrás duda de ello. Además, para los que aciertan hay un premio eterno, sin que la Agencia Tributaria pueda mermártelo, porque hay que dar al César lo que es del César, pero a Dios lo que de verdad cuenta, lo que verdaderamente está en juego.
Vive para lo grande, no te quedes en el engaño del gozo inmediato ni de las posesiones materiales, pues el mundo suele publicitar una manera fraudulenta de conducirte, no buscando tu bien sino otros intereses inconfesables. Descubre, pues, la grandeza de la vida vivida desde el espíritu. Recompón tu perspectiva con sabiduría y acierto: escucha, conecta, transforma, pues Dios se ha hecho carne real y todo está lleno de su gloria para los que saben descubrirlo y admirarlo. Goza de Dios y de los hermanos y de la vida vivida con acierto. No lo lamentarás. Aprovecha que viene la Cuaresma para depurar lo que en verdad merece la pena.

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