sábado, 21 de febrero de 2026

Darle la vuelta al calcetín

 DARLE LA VUELTA AL CALCETÍN


Con frecuencia no nos damos cuenta de que las cosas son susceptibles de modificación, incluso de poder darle por completo la vuelta. Es comprensible que nos adaptemos a lo que hay, pero esta acomodación no debe evitar el deseo de mejora, porque si no estaríamos condenados a someternos a una realidad que se nos impone de modo tiránico. Es por eso que cualquier persona con un alto nivel de esfuerzo y superación, no se rinde fácilmente, aunque la situación con la que tenga que campear no tenga demasiados visos de llegar a una solución satisfactoria. Al menos lo intenta.

Un partido de tenis se puede remontar aún cuando todo parezca avocado a la inminente derrota. Que se lo digan, si no, a nuestro grandísimo campeón Rafa Nadal, pues como hubiese la más mínima posibilidad de remontar, ahí iba a estar, pegando fuerte y nunca viéndose como perdedor. Y es que hay que ser capaz de ver las inmensas posibilidades que quedan inadvertidas incluso donde todos dan ya la batalla por perdida. El mismo Albert Einstein decía que "En medio de la dificultad se encuentra la oportunidad. No trates de ser una persona de éxito, trata de ser una persona de valor. El éxito es efímero, pero el valor deja huella. Lo que realmente define a alguien no es cuánto logra, sino cómo contribuye al mundo. La creatividad, la curiosidad y la capacidad de cuestionarlo todo son las herramientas que transforman los problemas en posibilidades". Así que el que es capaz de intentarlo es el que puede llegar a ser capaz de darle la vuelta al calcetín del problema, de la pregunta o del atolladero, y encontrar finalmente un camino por el que avanzar.

Tenemos en nuestro idioma diferentes expresiones para indicar lo que supone la capacidad de transformar completamente una situación: "giro inesperado" "darle la vuelta a la tortilla" o "darle la vuelta al calcetín". Cada una de estas frases hechas tiene su particularidad: la primera parece no aludir al agente que realiza la acción; la segunda tiene el sentido de completar una acción; mientras que la tercera expresaría una capacidad de resolver drástica y sencillamente una situación complicada. "Ponerlo todo patas arriba" no implica que se resuelva, pero sí que se trata de alterar con todo aquello que no debía estar más como estaba. A veces hay que atreverse a tomar esas decisiones que desbloquean y permiten comenzar de otra manera o al menos encontrar una salida.

Y metidos ya el el tiempo litúrgico fuerte de la Cuaresma, toca exponerse a aquello que incluso tratamos insistentemente de evitar plantearnos. No queda otra, en Cuaresma no es que nos pongamos de serio riguroso, es que nos ponemos a tratar de coger al toro por los cuernos, en lugar de seguir escapando de nosotros mismos y de aquellas pseudo verdades útiles para andar por casa.

Empezando por el Génesis -que siempre será buen comienzo-, vemos a Adán y Eva haciendo y un uso cuestionable de su libertad paradisiaca, y saltándose a la torera el mandato divino. No debía ser para nuestros primeros padres suficientemente apetecible el múltiple bien y la concordia inicial, y, tal vez debido a la propia condición humana, terminaron por hacer lo único que no debían hacer. Pero como muy bien nos indica San Pablo en la carta a los Romanos, es el mismo Jesucristo el que viene al mundo a darle por completo la vuelta al calcetín de la situación creada por nuestros famosos antecesores. Sin embargo Cristo sí obedece, reestablece y perfecciona la unión entre el Creador y sus criaturas.

Y en el evangelio de este primer domingo de Cuaresma vemos a Jesús internarse en el desierto para encontrarse allí, superando las pruebas de las tentaciones, con la verdad irrebatible de su condición de mesías y salvador. Y es que sin desierto ni prueba no sale a relucir la verdadera identidad oculta de lo que cada uno es. Es ahí, en el meollo del problema, en donde anda suelta y oculta la solución que debemos encontrar. No es que sea una aguja en un pajar, sino que en el desolado desierto cuaresmal, se trataría más de hallar una luz fundamental en medio de un vasto dominio de arenas fulminadas por un sol arrasador. Para rescatar al hombre y devolverlo a su verdadera condición original, debía el mismo Dios hacerse hombre, para que todos pudiéramos volver a ser humanos retomando la vinculación con el Dios del que nunca debimos desgajarnos. Jesús, por tanto, enfrentándose a la necesidad y al tentador, es como nos gana para sí y nos libera.

No nos engañemos, llevando una vida superficial y comodona, y perfectamente instalada en lo banal, el calcetín de nuestra propia existencia está y estará del revés. Hay que atreverse, exponerse, dar la cara e incluso la batalla. Seamos libres para asumir riesgos, para pensar, sentir y discernir por nosotros mismos. Vamos, que el tiempo cuaresmal ha empezado y el desierto está también dentro de uno esperándonos. Él venció y nosotros con Él vamos a vencer también. Alejémonos ya de los espejismos de la irrealidad e internémonos ya en la prueba. Trata de convertirte en alguien que se sabe también espiritual. Tú y tus más profundas verdades están en juego. Ahí, en el laberinto de lo que no es ni satisface estará la solución que tanto anhelas. ¿Te atreves? Tal vez del desierto logres sacar un verdadero Edén, o al menos la satisfacción de conocer tu identidad real, pero para ello habrás de darle necesariamente la vuelta al calcetín.

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