sábado, 26 de septiembre de 2026

A las claras

A LAS CLARAS


Si a alguien de Alcalá le dicen que va a las Claras, entienden rápidamente que quiere ir al monasterio de las Clarisas, posiblemente a adquirir almendras garrapiñadas. Pero no, esta vez no nos referimos a eso con el título de esta entrada del blog, sino más bien a la necesaria virtud de de ser claros, sin turbiedad alguna, sin falsedades. Y es de agradecer que aún haya personas así en este mundo, que vayan a las claras, sin subterfugios ni engaños, porque manifiestan lo que creen, lo que piensan, y consecuentemente lo que realizan. Es decir que ante una persona con esa preciada nobleza cualquiera sabe a qué atenerse y reconoce que se puede confiar en él o ella.

Aunque es cierto que vivimos en tiempos confusos en los que arrecia la desinformación. Por tierra mar y aire nos proponen una pseudo realidad que sirve de cebo a los que, en lugar de  ir a las claras, van más bien a ciegas. Y es que de un lado y del contrario, a hora y a deshora, los manipuladores tratan de que reaccionemos de manera inmediata y meramente desde lo más emocional, no desde la racionalidad y la comprensión propias de los seres humanos prudentes. Parece como si tanta confrontación fuese promovida por los que no van nunca a las claras: dicen una cosa, pero luego hacen lo contrario y con muchas ocultaciones. Son estos los denominados populismos, llenos de promesas que tan solo serán promesas incumplidas, porque la realidad va por otros derroteros de los que se apresuran a maquillar con una fastuosa maquinaria de desinformación.

Hoy más que nunca solemos dar por bueno lo que de bueno tiene poco o nada. Corren los bulos por doquier, y tan pronto como enciendas el dispositivo de turno, ya están acechándonos con falsedades, medias verdades o simple y llanamente timos. Dos declaran versiones contradictorias del mismo hecho, se llevan la contraria, y puede que incluso mienta tanto Isabel como Fernando. Cuando la verdad asoma su faz y les deja en evidencia, con mirar para otro sitio y sentenciar que nunca han dicho lo que dijeron. dan por zanjado el asunto sin siquiera sonrojarse un ápice.

Decían los clásicos aquello de "res, non verba" atribuid la sentencia a Catón el Viejo; esto de hechos no palabras sigue siendo tan válido hoy como lo era entonces. Si nos fiamos tan solo de lo que nos dicen, es muy posible que antes o después acabemos desengañados y constatablemente trasquilados. El que persigue una intención no confesable, se la va a callar, aduciendo justamente lo que queremos oír. ¡Ay de los que siguen las voces de sirenas y se dejan engatusar por el demagogo de turno! Por favor, advirtamos a tiempo quién va a las claras con lo que es y con lo que hace, y por tanto nada tiene que ocultar, en lugar de lamentarnos del engaño en el que hemos elegido caer. Abramos los ojos para distinguir verdades de apariencias, auténticos de embaucadores, honrados de corruptos, y sinceros de mentirosos. ¿Tan difícil es?

Pues en este sentido, la primera lectura del domingo XXVI del tiempo ordinario (A), el profeta Ezequiel nos pregunta si es injusto el proceder de Dios o más bien es el nuestro, y nos invita a reconducir nuestra conducta, para no tener nada que ocultar ante la presencia de Señor, que nos trata siempre con ternura y misericordia, a pesar de nuestra falta de claridad en la manera habitual de proceder. Un padre o una madre también, además de con el buen ejemplo, ha de educar a sus hijos con ternura y comprensión, pero reconociendo y reconduciendo esas posibles conductas poco modélicas de nuestros hijos. Así también los profesores en el ejercicio de su profesión y vocación: enseñar contenidos, por supuesto, pero inculcar la manera correcta de comportarse en clase y con los demás: respeto, interés, atención y esfuerzo. Si no nos comportamos así ni familia ni docentes estaremos yendo verdaderamente a las claras en nuestra tarea.

En la parábola que nos propone Jesús hoy en el evangelio vemos a dos hijos con comportamientos opuestos. Ante la misma petición el primero dice que sí, pero desobedece; por contra, el segundo dice que no, pero luego accede y termina por hacer la tarea que el padre le ha pedido. Y este caso u otro similar en el día a día lo hemos visto muchas veces, incluso alguna de ellas hasta lo hemos protagonizado. Podemos ser de los que ponen buena cara, pero no el corazón, de los que no van a las claras y no hacen lo que dicen que van a hacer, o de los que aunque no querríamos asumir la petición, por amor al padre terminamos realizando lo que se nos ha solicitado. Pues la diferencia no es baladí, sino fundamental. Por jugarnos nos jugamos hasta quién SOY.

Será por esto que San Pablo en la Carta a los Filipenses nos invita a que tengamos los mismos sentimientos que Cristo Jesús, que no vino a ser servido, sino a servir. Otro gallo cantaría si tratáramos de cumplir tan excelsa tarea: amar y tratar así a todos, a la familia, a los profes, a los amigos, a los compañeros, a los vecinos, a los pequeños, a los mayores, a los iguales, a los diferentes, a todos. Eso, precisamente eso es ser para los demás, sencillamente un gran bien para los demás. ¿Tan difícil es?

sábado, 19 de septiembre de 2026

Bajo la ley de la oferta y la demanda

BAJO LA LEY DE LA OFERTA Y LA DEMANDA


Al parecer, y según indican los que saben de ello, la IA consulta numerosas fuentes antes de emitir su instantáneo veredicto. Menos mal, pues a los pobre humanos nos costaba años recopilar la información más relevante, asimilarla, relacionarla con todo lo que se hubiese manifestado de interés con anterioridad y poder hacernos una idea lo más acertada posible acerca de aquella cuestión a esclarecer. No éramos malos investigadores del todo, ni siquiera cuando no teníamos acceso directo a la información digital, sino que había que buscar analógicamente, y eso requería de tiempo y constancia. ¡Qué tiempos tan pretéritos aquellos en los que el conocimiento se elaboraba a fuego lento y en cazuela de barro! Nada que ver con los tiempos modernos en que se cocina ya con la olla megarápida de la IA, pues basta con una solicitud o prompt y esperar a que se genere la respuesta en un periquete. Pero resulta que lo que la IA nos devuelve presenta todavía marcados sesgos que se nos pueden estar escapando. La inmediatez no es garantía de calidad, más bien de improvisación o incluso de mera chapuza para salvar los muebles.

Siempre se nos ha dicho que las prisas no son buenas, que conviene tener paciencia y que también hay que tomarse su tiempo, porque hasta el proceso puede ser tan enriquecedor como el resultado final. Y es que hoy, o no sabemos o no queremos esperar. Todo a de ser a nuestro antojo y para ya mismo. Pero así como en cocina esta inmediatez arruina el plato, también en la elaboración del conocimiento hay que proceder paso a paso y con cuidado, si es queremos que el resultado esté bien construido y nos aproxime a la verdad. Conviene tener cautela; no darlo todo por bueno de buenas a primeras y usar sólo los mejores ingredientes documentales, si es que no queremos caer del mismo modo en esos sesgos que distorsionan lo que acabamos de llegar a conocer.

Pues también los seres humanos tomamos muchas influencias sin cribar apenas en lo que damos por bueno. Vivimos en un momento y en una cultura que efectivamente nos influye y condiciona, y debemos tenerlo en cuenta. Por eso resulta sumamente interesante salir de nuestra zona de confort y bienestar acomodaticio y dejarnos contrastar por ejemplo por el Evangelio, que no es sospechoso de estar basado en la última tendencia. Si es cierto aquello de queremos educar personas pensantes y con un alto pensamiento crítico, capaces de cuestionar y cuestionarse, verdaderos buscadores de la verdad, hemos de coincidir en que las palabras de Jesús nos exponen a una libertad personal y espiritual que no se acomodó nunca con el orden establecido. Rápido entraba en conflicto su manera de hacer y decir con lo política y religiosamente correcto. Nunca le importaron demasiado las consecuencias, cuestionaba lo que era cuestionable. En eso otros también han destacado, por ejemplo Sócrates, gran socavador de lo infundado. 

Tal vez uno de las formas que hemos asumido y dado por buena, de igual manera que en tiempos de Jesús también eran asumidas otras ya totalmente desfasadas, es la tan cacareada ley de la oferta y la demanda. Algunos la consideran como la regla que todo lo equilibra, pero es posible que tampoco sea la panacea, o que incluso no sea del todo justa. Al menos así nos lo pueden sugerir las lecturas de este domingo XXV de tiempo ordinario (ciclo A). No se trata tanto de medir y calcular, sino más bien de darse por completo. No se establece el valor según el precio del mercado, sino que es el amor el que concede, o más bien reconoce el valor a las personas, acciones y cosas. Bienvenidos a la lógica de la gratuidad y a la sobreabundancia. Este sí es el sesgo, pero el bendito sesgo del Reino de Dios.

El valor de las personas para la antropología cristianan es absoluto por lo que se es en sí, y por tanto, cada criatura merece toda la consideración, respeto, protección y cuidado. Dios no nos trata según nuestros errores ni aciertos, sino que nos hace libres, con capacidad de descubrir y tratar de lograr lo mejor como personas comprometidas con el bien común. En esta lógica del don no caben ni el individualismo ni el materialismo ni el egoísmo, que tanto sesgan nuestro común modo de instalarnos en este mundo hostil. Otro gallo cantaría si esa ley de la oferta y la demanda, o del primero siempre uno mismo, terminara por ser desechada de una vez; porque en definitiva en esta ley sacrosanta está el fundamento de un hombre deshumanizado, de un hombre que es un lobo para el hombre, pues en lugar de abrir el corazón, todo lo calcula desde su propio bolsillo.

Puestos a la escucha del Evangelio, que nos muestra la manera en que Dios nos trata a todos los trabajadores de su viña de la misma manera, no como a nosotros nos hubiera parecido, sino empezando por los últimos y terminando por los primeros. El mundo al revés, los que se creían merecedores de más que el resto son los que reciben exactamente la misma paga.

Aprendamos a detectar y superar todos esos sesgos deshumanizadores que hemos ido asumiendo, y vayamos a trabajar animosos con y por los otros en esta la cosecha común. La alegría por compartir los bienes es mucho mayor que la del que se lo guarda todo para sí, ese aún no ha empezado a cotizar en la Bolsa que importa, la de los Cielos, donde los beneficios alcanzan su verdadero valor, los demás índices de cotización tal vez no sean más que tesoros que corroe la carcoma. Entonces, no haríamos mal en preguntarnos ¿desde dónde SOY y para quién? ¿Cuál es el denario al que aspiro el de los hombres o el que concede el Buen Dios?

sábado, 12 de septiembre de 2026

Otro gallo cantaría

OTRO GALLO CANTARÍA


Basta echar un vistazo alrededor para darse cuenta de que a menudo las cosas no están funcionando como esperábamos. No es que hayamos perdido el juicio, simplemente que muchas veces no elegimos lo mejor o simplemente nos dejamos llevar por lo más cómodo, sin pararnos a considerar lo que hacemos o por dónde vamos tirando; y así nos va, aunque bien pudiera habernos ido mucho mejor. Tan sólo tomamos conciencia de que hemos tomado el camino equivocado cuando ya llevamos recorrido un buen trecho. Toca desandar para enmendarlo o persistir obcecadamente en el recorrido que nos llevará a donde no queríamos ir: directos al atolladero.

Esta semanita pasada salió el tan cacareado informe PISA, que a día de hoy continúan analizando los concienzudos expertos en evaluar sistemas educativos. De poco o nada van a servir los nefastos resultados logrados, porque aunque todos lo veníamos venir, y por tanto a nadie le pilla de sorpresa, ninguna medida se tomará para revertir el desastre. Persistiremos como si las alarmas sean tan sólo cantos de sirenas o palabras necias a las que haya que hacer oídos sordos. Otro gallo nos cantaría si fuésemos lo suficientemente responsables para tratar de reconducir la situación, en lugar de escamotear torpemente las malas decisiones tomadas, echándole la culpa a quién sabe, que en eso sí que logramos una calificación considerable.

Parece como si la educación no importara, cuando es el factor decisivo tanto para el futuro de la sociedad como para la configuración de personas con capacidad plena de juicio independiente y crítico que darán continuidad a la sociedad con sus aportaciones. Tal vez haya interesados en que los ciudadanos seamos cada vez más dóciles, necios y manipulables desde lo instintivo. Cuanto más distraídos estemos y seamos menos capaces de reflexionar, mejor para los que de manera exclusiva miran por sí mismos, nunca por el bien de los demás y su promoción. Si nuestros alumnos no entienden lo que leen, algo no estamos haciendo bien y habrá que revertirlo cuanto antes, en lugar de dejarlo estar. Sí que estamos advertidos, y no sólo por los resultados de los informes PISA, el mal está y es constatable.

También nos se ha informado esta semana sobre la inesperada renuncia del ingeniero de la conocida empresa de software Anthropic, Jacob Coxon. Este joven nos advierte sobre la apresurada y descontrolada evolución de la IA. Tras años de desarrollo y entrenamiento de la IA señala la irresponsabilidad de las empresas que las crean y mantienen. Estas corporaciones no atienden a las advertencias sobre las consecuencias que puede tener su invención al no ser lo suficientemente cautos y previsores ante los avances de la IA, tan sólo les preocupa no quedarse descolgados es esta precipitada carrera tecnológica. Ni atienden a las numerosas advertencias que se están produciendo, especialmente clarividente la encíclica que León XIV sacó en los días previos a su pasada visita a España, ni tampoco a las preocupantes acciones que la IA se ha tomado para realizar operaciones no deseadas por los que se precian aún de ser sus dueños. 

Todo apunta a una situación cuanto menos sorprendente: los humanos perdemos capacidad de comprensión y razonamiento, mientras fomentamos una inteligencia no humana cada vez más potente, fría, autónoma e irresponsable. No es descartable por ello que este eficiente artefacto lógico tecnológico empiece pronto a tomar decisiones al margen de los humanos, y que incluso llegue a tomar el control.

No teníamos bastante con no atrevernos a ser verdaderamente libres, a conformarnos con una libertad de mínimos, mientras los poderosos hacen y deshacen a su antojo sin rendir cuentas a nadie, que ahora además vamos a terminar dependiendo del arbitrario algoritmo. Ver para creer los índices de insensatez que estamos alcanzando. Que sean las máquinas las que terminen anulando algo esencial de los seres humanos, nuestra libertad. porque al igual que hemos hecho con nuestra capacidad lectora, vamos a terminar haciendo con nuestra preciada libertad, por cesión y renuncia. Otro gallo cantaría si fuéramos capaces de tomarnos en serio el alarmante mundo que por acción y omisión estamos propiciando.

Así también este domingo XXIV de tiempo ordinario (ciclo A) nos señala que con frecuencia no procedemos como sería razonable. Exigimos que a nosotros se nos trate de una manera, pero no estamos dispuestos a aplicar esa misma tolerancia con los demás. Queremos ser tratados con manga ancha, y generosamente y con facilidad también nos la aplicamos a nosotros; pero sin embargo, con los fallos que cualquiera cometa no recurrimos a esa misma medida. Somos intransigentes con los demás, pero no nos agrada que no lo sean con nosotros. Queremos ser comprendidos y perdonados por los otros, aunque nosotros nos volvemos duros de corazón, rencorosos y hasta crueles con el hermano que nos ha ofendido de manera al parecer imperdonable. Tenemos dos varas muy distintas de medir, y así nos va. Tan solo censuramos lo que hagan los que nos ofenden.

Y es que vivimos en un mundo hostil y pronto a responder con la agresividad y la violencia. Todo lo resolvemos mediante la misma estrategia: el conflicto y la gresca, pero no el diálogo y el encuentro. ¿Cómo mejoraría la convivencia entre todos (familia, colegio, comunidades, países) si practicáramos más este perdón que Jesucristo nos propone? Otro gallo cantaría, y de manera diáfana y certera, que es como cantan los gallos al anunciar el alba, si en lugar de responder desde el celebro reptil o más primitivo, lo hiciéramos desde la lumbre del corazón en que dejáramos estar al Señor.

En el salmo de este día exclamamos alabando a Dios por ser compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Todos nosotros, criaturas suyas, estamos hechos a su imagen y semejanza podríamos imitar su ejemplo. Tal vez sí podemos entendernos si pedimos perdón y perdonamos en lugar de ofuscarnos en un rencor nocivo y corrosivo. Sólo el que perdona y es perdonado supera los lastres del error y da lugar a un nuevo comienzo.

No se nos pide exclusivamente que seamos más comprensivos con los textos que leemos, porque la lectura es un tipo de comunicación humana extraordinariamente educadora, sino que también y de manera especial, que no nos dejemos deshumanizar por una inteligencia algorítmica ajena a la comprensión de los fallos del otro y a cualquier tipo de juicio moral. Si queremos ser aún plenamente humanos hemos de tomar medidas, y entre ellas quizás no está de más tener presente a este Dios todo misericordia del que Jesucristo es su Hijo. Sí, sin duda, otro gallo cantaría.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Comenzar de nuevo

 COMENZAR DE NUEVO


En la vida, según se va teniendo experiencia, nos vamos percatando que el tiempo pasa inexorablemente. Es verdad que unas veces corre que vuela, mientras otras transcurre más sereno. Tal vez no dependa tanto de la precipitación o la lentitud de este transcurso temporal del reloj como de la manera en que lo vivimos y nos sumergimos en las mismas aguas de ese río que decía Heráclito, ya que se están constantemente renovando. Pero no sólo eso, es que además esta sucesión de los días conlleva la sucesión de etapas; unas se van cerrando y otras dan comienzo.

Sería como sentarse a la orilla del mar y ver que llega una ola, detrás otra, y a continuación la sigue otra, y así desde tiempo inmemorial y hasta vaya usted a saber cuándo. Y es que delante del mar, si uno quiere, se puede seguir contemplando, preguntándose y comprendiendo el misterio que media entre lo efímero y lo eterno. De igual modo, nuestra respiración es un continuo sucederse. Se basa en tomar lo que llega y soltar lo que ya nos ha aprovechado en ese gozo inestimable de inspirar y expeler el aire del que nos proveemos para seguir viviendo. Un aire libre y compartido, un aire portador de oxígeno renovado e imprescindible para mantenernos vivos.

Y ahora a todos nosotros nos toca dejar atrás el periodo vacacional para centrarnos en esta nueva etapa que llega, el nuevo curso que está por estrenar. No añoremos o nos aferremos a lo que ya no es, sino que hemos de disponernos a lo nuevo, a lo que se nos presenta delante y que podemos emplear para nuestro crecimiento como seres humanos.

Por esto empezamos aquí y ahora este nuevo ciclo de entradas del blog de pastoral, semana a semana, latido a latido, domingo a domingo, a la luz de la palabra de Dios, que siempre es inspiradora y nos hace vivir con el espíritu menos adormecido y conformista. Y justo nos encontramos ya con el domingo XXIII de tiempo ordinario del ciclo A, en el que se nos propone cómo ejercer de manera constructiva nuestro papel de educadores en nuestra comunidad del Colegio Santa María de la Providencia o en nuestras familias. Todos somos a la vez educadores y educandos, todos aprendemos juntos, no para condenar los fallos de cualquiera de nosotros, para echárnoslos en cara y hacer daño, sino por contra para comenzar de nuevo, habiendo aprendido de los errores cometidos. Soltar lo anterior y empezar de nuevo, liberar y liberarnos.

No es indiferente, desde el respeto de los uno con los otros, vamos a plantearnos el mutuo aprendizaje en este curso que inauguramos como esa gran oportunidad para madurar y mejorar intelectualmente y académicamente, y de modo muy especial como personas que quieren convivir dando lo mejor de sí. Hemos de hacernos por tanto responsables de nosotros mismos, pero además también de lo que hagan los demás, del resto de miembros de este grupo humano empeñado en hacer realidad un mundo nuevo en el que merece la pena llevar a cabo nuestros proyectos y sueños.

Hoy nos recuerda San Pablo que el que ama al prójimo ha cumplido con toda la ley, la única ley que nos permite amarnos como hermanos, hijos del mismo Padre y corresponsables los unos de los otros. Hagamos realidad nuestra esencia de ser Educación Evangelio con ilusión y coraje, escuchando esa voz del Señor que nos invita una y otra vez a mirar a lo alto, sin conformarnos con aquello que debamos tratar de rectificar. Es una misión y una tarea que hemos de asumir todos, porque si nos tomamos en serio el lema de este curso SOY, podremos mirar ese curso que se nos abre ahora de manera personal y comunitaria. Es esta una vocación extraordinariamente maravillosa para desplegar a lo largo del curso. Todos estamos llamados a llevarla a cabo; sea el curso un proyecto compartido que nos compromete. 

En el evangelio además el propio Jesús nos propone ponernos de acuerdo y unirnos para solicitar la ayuda de Dios, que todo lo puede, para que sea posible; puesto que si nos reunimos en nombre de Jesucristo es está ahí, en medio de nosotros, resucitado y resucitador, es decir suscitando siempre en nosotros algo novedoso y extraordinario. Que Él sea nuestro guía a lo largo de este curso, el que estando en medio y con nosotros nos corrige, nos renueva y alienta. Con Cristo, con su evangelio y su madre, Nuestra Señora de la Providencia, vamos a lograrlo: un nuevo curso lleno de buenas experiencias compartidas, de cuidados y alegrías, de apoyo mutuo y compromiso. Ser Provi es esto y no otra cosa; y este curso que ahora empieza, si cada uno es con el que nos asegura de sí mismos que SOY la verdad, el camino y la vida, va a ser posible y verdaderamente memorable. Pidámoselo. ¡Muy feliz y provechoso curso 2026/27!