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sábado, 16 de noviembre de 2024

Aún queda tiempo

 AÚN QUEDA TIEMPO


De manera inexorable, sin hacerse casi notar, como de puntillas, el reloj no da tregua a ninguna hora, y sigue su curso ajeno tanto a nuestras alegría y a nuestras penas, que de todo hay según vengan los acontecimientos, y según también cómo se los tome cada uno. Habrá quien prefiera no caer en la cuenta del avance incesante del tiempo, y vivir como si nada sucediese, como si no pasara la vida, como si no fuera con él. ¿Es que acaso no notas los estragos que la edad va produciendo en ti como el más artero de los artesanos? ¿Qué sería si no de la potente industria de cosméticos que ralentizan, supuestamente, el deterioro apreciable del cuerpo? ¿Qué esfuerzos no se exige la investigación farmacéutica en I+D para garantizarnos, sea como sea y cueste lo que cueste, una larga vida saludable y feliz?

Les habrá también los que miran hacia atrás con nostalgia, seguros de que cualquier tiempo pasado fue mejor, aferrándose a recuerdos de una etapa ya ida, como si el cielo y la tierra nueva prometidos no pudieran ser más que el Edén primero. Sin embargo, en las lecturas de este domingo XXXIII se nos recuerda que el tiempo sigue sucediendo, y que de igual manera que hubo un comienzo para todo, es seguro y esperable que llegará también el fin. Lo sabemos, es de sobra sabido, aunque prefiramos olvidarnos, como si con ello, sumidos en la ignorancia voluntaria, nos fuese más asequible seguir viviendo al margen de lo que termine ocurriendo.

En la anterior entrada de este blog, veíamos que a veces todo se renueva misteriosamente, como si no tuviese nunca fin; se trataba aquello que calificábamos de inagotable, y que nos predisponía a entregarnos generosamente en todo aquello que emprendamos. En este final de tiempo ordinario, se nos presenta otro aspecto imprescindible, contrario y complementario: la caducidad. Hemos de estar por tanto atentos a lo que acaece y a los signos de los tiempos; hemos de vivir prevenidos, como si todo fuera a cumplirse y terminarse de un momento a otro. Que no nos pille despistados, sino bien informados y preparados para actuar de manera adecuada y responsable.

No están de más las alertas, esas que a veces aunque necesarias, terminan llegando demasiado tarde. Esta no nos llega al móvil, nos llega directamente por vía del evangelio. Estad avisados; estad en sobre aviso; estad alertas, atentos, vigilantes, porque en el momento menos pensado ocurre lo que siempre termina ocurriendo. No hay modo de evitar lo inevitable ni de remontarse atrás, al pasado, para tratar de poner remedio a lo que ya no tiene remedio, aunque en su día sí lo tuvo. Actuemos cuando aún quede tiempo, sí ese tiempo tan preciado y necesario que se nos escapa tan callando.

Prepárate, pues, ahora, para lo que venga, que no te pille a contra pie, y no dejes de ser consciente que se cumplirá el plazo, tarde o temprano. Aún estamos a tiempo, y por tanto, aprovecha, disponte, céntrate en lo esencial e importante y no dejes que se te escape tu propia vida por los derroteros que no quisieses. Espabila, aún estás a tiempo; aún nos queda algo de tiempo, aunque no sepamos calcular con precisión cuánto será. No dejes para mañana lo que debas ser hoy. Apresúrate a cambiarte hoy mismo, porque se cumple el tiempo, la tarde avanza y ya va apagándose lentamente el día. Recapacita, reflexiona: ¿Estás viviendo? ¿Estás amando? ¿Estás cumpliendo con lo que se te ha pedido o dejaste que se te fuese la vida en entelequias y bobadas?

Nadie cuenta con todo el tiempo del mundo, y por ello, lo quieras o no, lo sepas o no, al final se te pedirá cuenta. ¿En qué gastaste tu tiempo? ¿Qué fue lo que hiciste con tus talentos? Y entonces, con el tiempo cumplido, no habrá vuelta de hoja, entregarás lo que has sido sin subterfugios ni engaños, la sola verdad de lo que hiciste y fuiste, y Dios misericordioso sabrá corresponderte.

Entonces ¿Qué mejor que ser desde ya muy Provi? Porque sí, también se cumple el tiempo estipulado y llega ya el día de la Provi, el día de Santa María de la Providencia, la fiesta de nuestro colegio. ¿Te estás preparando? ¿Vas a vestirte de gala, como la ocasión lo merece, o es que piensas quedarte al margen, sin venir, vivirlo ni celebrarlo con todos los que formamos el colegio? Tú decides.

MUY FELIZ SEMANA DE LA PROVIDENCIA

sábado, 18 de noviembre de 2023

AFANES

AFANES



Tan solo una pequeña hormiguita puede servirnos de gran ejemplo. Salvo los niños chiquititos, prácticamente nadie les presta ni la más mínima atención a estos minúsculos animalillos que recorren afanosos el suelo. Son tan insignificantes en su tamaño y peso que, salvo que estén intentando hacerse con una miga de nuestro alimento, ni percibimos siquiera su presencia. Prestamos mucha más atención a lo que es obvio y grande que a lo menudo y discreto. Y es que somos así, ¡cómo para detenernos entonces en aquello que escapa a nuestros burdos sentidos! Solemos hacer la vista gorda, porque nos trae más cuenta y no deparamos en sutilezas. 

Sin embargo, bien mirado, las hormiguitas han sido alguna que otra vez puestas como ejemplo de laboriosidad y empeño. Eran aquellos otros tiempos, donde se consideraba un gran valor el esfuerzo. Hoy en día nos va más eso de ser cigarra que de ser hormiga. El que va de listo es el mejor considerado: aquel que dice pasárselo muy bien y es experto en no hacer nada de provecho, aquel que se dedica a perder el tiempo a todas horas, o aquel que vive del cuento o al menos del trabajo de los otros. Y eso incluso sabiendo de antemano que a la larga al vago redomado no le suele ir demasiado bien. Da igual, porque lo que importa ahora es tan solo lo inmediato y concreto, ya que plantearse más allá acaso es insensatez y locura. Además, las teorías están muy bien, pero la práctica nos aconseja inclinarnos una y otra vez por lo más fácil, por el camino más corto para conseguir lo que queramos, y hasta si hace falta hacer (y hacernos a nosotros mismos) todo tipo de trampas.

Y es que, aunque a la hormiga le resulta de lo más normal comportarse movida por su continuo afán, a nosotros los humanos personas del siglo XXI, cada vez se nos está olvidando más conducirnos por grandes afanes, personales y colectivos -a los que llegamos a llamar utopías-, y nos apresuramos a recoger y disfrutar los frutos de aquello que no nos hemos trabajado. Exigimos, pero no damos. Nos frustramos, pero apenas hemos sudado la camiseta. Ay, si al menos fuésemos un poquito hormiguitas constantes y laboriosas, que prosiguen infatigablemente en la tarea y la persecución de los afanes.

Poniendo otro ejemplo, entre los muchos que podríamos plantearnos, al peregrino le mueve un afán, que es llegar a un lugar para él especial y sagrado. Para lograrlo ha de avanzar sin desfallecer una jornada y otra también, superando todo tipo de obstáculos y dificultades, porque persigue su afán, y ello da sentido a todo lo que hace y vive, y a todo el empeño y el esfuerzo que pone en ello. Al final, poco a poco, lo va logrando y se siente inmensamente feliz por haberlo conseguido.

Justamente de eso deberíamos hablar hoy. El tiempo litúrgico llega ya a su fin, a su ocaso, y las lecturas de este domingo nos hacen caer en la cuenta de lo que hemos hecho hasta ahora, del afán que nos ha movido y del empeño que hemos de poner día a día, momento a momento, para lograr llegar a la meta. Porque lo que es muy seguro es que, si no tenemos ni siquiera meta ni afán que alcanzar en nuestra vida, tendremos la actitud de la cigarra, y viviremos en la inconsciencia y la inconstancia, verdaderamente lejos de la actitud mucho más acertada de la hormiga o del peregrino.

Sí, conviene recordar que siempre termina por llegar el fin, que en la famosa fábula era el invierno; y que allí ya no sirven engaños, escusas o componendas, ahí se nos impone la verdad desnuda y solo cuenta ya lo que hemos ido haciendo hasta entonces. El peregrino al acabar descubre que lo verdaderamente importante no fue llegar al lugar sagrado que se fijó al comienzo, sino todos y cada uno de los momentos que vivió con afán mientras llegaba, es decir, la perseverancia en el esfuerzo y el cambio producido en él mismo al proseguir en su empeño.

Así a nosotros, como se nos recuerda en el evangelio, se nos confían unos talentos y un tiempo de entera libertad para sacarles todo el partido que podamos en bien de todos. Podemos, día a día, ir incrementando el valor de lo que somos mediante todo aquello bueno que vayamos haciendo, pero para ello, hemos de tener y mantener ese bendito afán, constancia y fuerza de voluntad, porque de lo contrario, llegará el tan temido invierno, y habremos de dar cuenta de lo que hemos hecho con nuestros días, y no sabremos ni dónde meternos, pues nada de nada hemos hecho, salvo descansar de estar cansados.

Pídele a María, a Santa María de la Providencia, cuya festividad vamos a celebrar juntos toda esta semana, que te ayude a vivir tu vida con verdadero afán, con ilusión, y a ser provi con todos y para todos; que no te falten nunca las fuerzas para seguir afanado en tus más nobles afanes, pues, al final, esa será la mejor manera de poner en práctica todos esos talentos admirables que posees, dándote a los demás. ¿Te atreves? ¿Te animas? Recuerda que te juegas mucho en ello. 

¡VIVA LA PROVI! ¡SÉ TÚ TAMBIÉN PROVI!





jueves, 22 de junio de 2023

JUNTOS SOMOS MÁS PROVI

 JUNTOS SOMOS MÁS PROVI


Lo primero agradecer a la parroquia de Santiago y a su párroco, José, que nos haya acogido una vez más. Pero también hacer extensible el agradecimiento a todos vosotros, alumnos, antiguos alumnos, profesores y familias por estar aquí, por venir a agradecer a ese Dios que nos ha ido acompañando a lo largo de todos estos días, de todo el curso y de todos los cursos que hemos pasado hasta ahora en La Provi. Pues el amor de nuestro Dios es inmenso y sin hacerse notar nos cuida y quiere siempre para nosotros lo mejor. Hoy venimos a esta eucaristía a expresárselo: Gracias, Padre, por todo lo recibido de ti durante este año. 


Como estamos entre amigos y reunidos delante de nuestro Padre, que todo lo comprende y perdona, aprovecho para haceros una confidencia: a mi no me gusta predicar, sino escuchar, porque soy consciente de todas mis carencias y quiero seguir aprendiendo. Si a pesar de esto estoy aquí hablandoos es porque me lo habéis pedido, no porque yo lo quiera. Vamos que me ha tocado. 


Porque decía uno de los más eminentes teólogos de los últimos años que el creyente es ante todo un oyente de la Palabra. Y la Palabra, así con mayúsculas, es Jesucristo. Por lo tanto, para aprender mucho hay que escuchar muy bien y mucho, pero aún todavía más, si en lo que queremos progresar es como cristianos, dejar de escucharnos tanto a nosotros y más al Hijo de María. Ella nos dice en el pasaje que leemos aquí el día de la Providencia “Haced lo que Él os diga”. Que cada uno de los presentes examine si escucha a María, y si hacemos caso de su recomendación: ¿Escuchamos a nuestros padres? ¿Escuchamos a nuestros profes? ¿Escuchamos a nuestros sacerdotes y catequistas? ¿Escuchamos a Jesucristo? ¿O somos como un cántaro agrietado que nunca es capaz de retener nada? Pues, fijaos, de ello va a depender quiénes logremos ser. 


No sé si os habréis dado cuenta de cómo ha empezado el apósito San Pablo en la segunda carta a los Corintios, en la primera lectura de hoy: “Ojalá me toleraseis unos cuantos desvaríos”, justamente así, quiero comenzar yo hoy, sabiendo que a vuestros profesores les tenéis que aguantar muchos desvaríos, pero muy especialmente a mí, que a veces empiezo a soltar mis reflexiones, y es como las tormentas, ya parará. Es verdad que a veces también nos toca aguantar también muchos desvaríos vuestros. Lo bueno es que los que os graduáis hoy ya no vais a tener que aguantar ningún desvarío más, salvo el de ahora, este de hoy va a ser el último sermón (pero para el resto no). 


Vemos en el Evangelio de hoy como los apóstoles se sienten necesitados de Dios, de poder ejercitarse en la oración, en la conversación con Dios Padre. Sin embargo, nosotros tratamos de vivir muchas veces de espaldas a Dios, sin tratar de escucharle, de tenerle presente, de descubrirle en nuestras vidas, de no buscar su voluntad, y no tener una relación de confianza e intimidad, porque eso es la oración, una auténtica relación de amor recíproco. 


Y yo me pregunto y os pregunto ¿Cómo podemos aspirar a ser personas libres sin esa relación liberadora con el amor del Padre? ¿Cómo pretendemos ser medianamente felices sin cultivar esa dimensión profunda de nuestro ser, la espiritualidad? Sin embargo, los apóstoles le piden a Jesús que les enseñe a rezar, porque detectan que no es algo marginal en sus vidas, sino fundamental para realizar su identidad. 


La Virgen María, al igual que todos los grandes santos, fueron principalmente hombres y mujeres orantes. También nosotros si queremos hacer lo que Él nos dice escuchemos cómo nos enseña Jesús a rezar y a hacer de esa oración la manera de conducir con acierto nuestras vidas. Es cierto que hay muchas maneras de rezar e incluso también mucha oraciones que han compuesto diferentes autores para facilitarnos a nosotros las palabras con las que podemos hablar y lo que deberíamos sentir, sin embargo, nosotros tenemos un gran tesoro que no sabemos ni descubrir ni valorar, tenemos la mismas palabras que Él nos enseñó para dirigirnos al Padre, es decir, el propio Hijo, que conoce a fondo la intimidad de Dios y el corazón del hombre (pues Él es Dios y hombre) nos muestra cómo ha de ser nuestra oración. 


No se trata de emplear grandes palabras, altisonantes y muy elaboradas, sino al contrario, sencillas y sentidas, naturales, auténticas y salidas desde lo más profundo de nuestro ser, porque hablamos a Dios, pero al Dios que nos ama y escucha como Padre. Para dirigimos al Padre que no es exclusivo mío, sino de todos los hermanos, y por eso empleamos el posesivo plural, Padre nuestro que estás en el cielo, por encima de todos y todo, no atrapado en lo material y mundano, sino en el cielo, en lo inmenso. 


Luego le pedimos que venga a nosotros su reino, a lo más profundo de nosotros habite ese reino de justicia, misericordia, acogida, verdad, ternura, amor, y que por ello impulsemos en nuestro mundo la voluntad de bien que él desea para todos. 


También le pedimos que no nos falte el pan a ninguno, pero el pan que alimenta el cuerpo, el pan que alimenta la cabeza y el corazón, que es el pan de su palabra, y el pan que alimenta el espíritu, que es el pan que es cuerpo de Cristo, que no nos falte ese pan que nos alimenta, sana y transforma. Ojalá tengamos verdadera hambre de saciarnos y compartir esos panes que Dios nos da. 


Le pedimos después que nos ayude a perdonarnos entre nosotros, de la misma manera que Él nos perdona, porque comprendemos que todos podemos fallar. Le pedimos también que nos ayude a ser más libres y por ello ser capaces de salir indemnes de toda posible tentación, porque vamos aprendiendo a elegir bien el bien, pero nos reconocemos necesitados de su fuerza para enfrentarnos al mal.


Por lo tanto, el padrenuestro es una oración para rezarla pero sobre todo para tratar de hacerla vida, para vivirla. Y así tenemos que tratar de vivir, hoy los alumnos de 4º dejáis La Provi, y por ello, además de ser para los demás, tenéis que portar una singularidad ejemplar: tratad de escuchar al que nos escucha, tratad de vivir orando y orar viviendo. Sabed que es posible y deseable. Pueden ocurrir muchas y diferentes cosas, pero si sois hombres y mujeres de oración, con esa vida interior cuidada y cultivada, podréis afrontar y superar todo. No estáis solos ni contáis nada más que con vuestras propias fuerzas, Santa María de la Providencia no os va a dejar de la mano. Tenedlo por seguro. No lo olvidéis nunca. Tampoco que este es y será siempre vuestro cole y vuestra casa. 

AQUÍ OS ESPERAMOS





sábado, 12 de noviembre de 2022

LA QUE SE AVECINA

 LA QUE SE AVECINA

Pues sí, quien más o quien menos, todos estamos preocupados de la que se nos avecina; lo mostremos o no, lo comentemos o no, la preocupación va por dentro. Sin ánimo de ser catastrofista, pero viendo cómo se están poniendo las cosas, y con la que nos está cayendo encima, el que más o el que menos ya no sabemos ni dónde meternos, dónde parapetarnos, dónde ponernos a salvo de la quema. Habrá quien optará por el consabido "sálvese quien pueda" mientras que otros permanecerán en el barco hasta el final, ocupados en tratar de salvar a cuantos más. ¡Qué gran diferencia entre los individualistas y aquellos que saben ser para los demás en toda circunstancia! Con estos últimos se puede contar siempre y da gloria estar a su lado aprendiendo a ser verdaderamente humanos.

Se acerca la celebración del día de la Virgen de La Divina Providencia, y por tanto la fiesta grande de nuestro colegio, que no solo lleva ese nombre, sino que, gracias a las Hijas de Santa María de la Providencia, nos consta que Ella nos cuida y guía en nuestro día a día escolar. Ya hemos iniciado de nuevo los preparativos y ya estamos un año más llenos de ilusión esperando que llegue el día. ¡Qué gran colegio y qué inmejorable advocación mariana la que bajo su protección nos acoge!

Entonces, a pesar de la que se nos avecina, logramos mantener la calma al saber que, por mucho que nos auguren  desastres (cambio climático, guerras, carestías, pandemias, crisis de todo tipo...) nosotros contamos con nuestra Madre, nuestra protectora, y confiamos en la Divina Providencia que nunca nos ha abandonado ni lo va a hacer. Nos sentimos cuidados, seguros y amados como hijos y que, a pesar de los pesares, el amor de María y de Dios constituyen el mayor de los amparos y nuestra firmeza. Que, aunque nos la estén avecinando con saña, saldremos adelante también de la bendita mano de Santa María de la Providencia.

Pero no solo constatamos que se nos avecina lo peor, es que además al llegar al final del año litúrgico y cerrar el ciclo, en el propio evangelio se nos habla de fin de los tiempos, y de diversas catástrofes que vendrán; mas Jesús nos indica que no nos dejemos embaucar, que confiemos, porque pase lo que pase hemos de perseverar en el bien y seguir confiando. Y es que tal vez el presente, ese tiempo único en que transcurre la existencia, tiene mucho de pasado que se acaba y que está dando paso a un futuro. Es en el ahora en el que todo acaba y surge de nuevo. ¿A qué temer entonces el futuro? ¿A qué angustiarse por la que se avecina? ¿No será lo mejor abandonarse a ese amor providente de Dios mientras seguimos apostando por el Reino? Levántate, aspiremos a los mejores valores, por los que sabemos que merecen la pena. Lo que se avecina es solo el decorado en el que se forjan y afloran los héroes, no los apocados.

Sí, seremos ilusos y utópicos, tendremos fe y pasión por los hombres, pues reconocemos que en medio de la tormenta ya se va gestando la calma; que el mal no tiene -ni puede tener, ni va a tener- la palabra definitiva. Que aunque se esté avecinando lo terrible, también estamos bregando para que se avecine un mundo más hermoso y mejor. ¿En qué lado te posicionas? ¿Nos quedamos en el lamento inútil o esperamos a ese Dios que se hará hombre una vez más para mostrarnos lo que puede llegar a ser toda una historia de salvación?  ¿Qué te dice el corazón? ¿Puedes escuchar su relincho o vas a dejar que se extinga el tiempo y toda esperanza?

EL FUTURO DESEADO ESTÁ PRESENTE YA EN NUESTRO AHORA