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domingo, 2 de febrero de 2025

Hasta la victoria final

HASTA LA VICTORIA FINAL


Podemos afirmar que estos son tiempos difíciles. Tampoco han debido ser fáciles otros pasados, ni lo van a ser casi seguramente los venideros. Esto es lo que hay: siempre se debe afrontar, encajar y tratar de superar aquellas contrariedades que la existencia nos va deparando. Aquí nadie se queda indemne, pues vivir debe afectarnos y por esto hemos ir aprendiendo a salir adelante, si es posible mejorados y con la mochila de recuerdos, experiencias y aprendizajes bien repleta. Si además has logrado estrechar buenos vínculos y preciadas amistades, entonces el trayecto vital ha sido, sin duda, bien ejecutado, adquiriendo en él ciertas maestría y sabiduría.

Tal vez las generaciones actuales, en su gran mayoría, han sido y son sobreprotegidos por sus padres, y por ello se encuentran en peor disposición para llevar a buen término su peripecia vital con audacia. En cualquier caso, las experiencias previa no deben determinar ni anular nunca la actitud libre con la que uno decida vivir. Es decir, que lo vivido marca e influye, pero jamás anula nuestra responsabilidad para interactuar con la realidad que se nos presenta.

Winston Churchill tampoco lo tuvo fácil, más bien le tocó enfrentarse a una situación endemoniadamente hostil, pero fue capaz de mantener la confianza plena en el triunfo último de la verdad y el bien, incluso en las más adversas circunstancias. Se dejó la vida en ello, y fue el gobernante que dijo que había que ir de derrota en derrota hasta la victoria final. Y es que en algunas ocasiones, uno ha de mantener la dirección correcta sin variarla ni un ápice, a pesar de que la decisión no sea del agrado de todos, cuando uno sabe que ha de actuar así, con arrojo, valentía y decisión, porque acaso tiene más amplitud de miras que el resto. No es locura, a veces se trata solo de mantener la sensatez.

Estamos acostumbrados a lo inmediato y a lo exclusivamente evidente. Y salirse de este minúsculo alcance nos cuesta horrores: ni miramos a medio o largo plazo, ni juzgamos tampoco más allá de las apariencias o de los intereses personales. ¿Cómo pues vamos a apostar por la esperanza contra toda esperanza? ¿Cómo vamos a ser capaces de un mínimo pensamiento utópico y transformador? ¿Dónde quedaron pues los grandes hombres movidos por ideales y una voluntad férrea? ¿Se extinguieron ya los héroes definitivamente? No, cada uno de nosotros está llamado a serlo. A presentar batalla y no dejarse vencer así por las buenas por un mundo cada vez más deshumanizado.

La Iglesia universal celebra este 4º domingo de tiempo ordinario, pasados cuarenta días de la Navidad, la solemnidad de la presentación del Señor en el templo y de la purificación de María, esto es, la fiesta de las candelas o de la Virgen de la Candelaria. Se presentan sus padres con el niño primogénito en brazos en el templo para cumplir lo que marca la ley mosaica, y allí hay un anciano y una anciana, Simeón y Ana, que reconocen que ese bebé es el Salvador, luz y esperanza de los hombres. Saben y proclaman su victoria. No puede ni podrá con Él ni el mundo ni el mal, ese niño es el mesías esperado y suya será la victoria final y definitiva. Los demás no aciertan a verlo, tan solo los dos ancianos que llevaban una larga vida piadosa. ¿En qué se basan para hacer semejante vaticinio? ¿No es muy arriesgado no limitarse a lo real sin más, en lugar de descubrir unas posibilidades insospechadas en un ser completamente normal a juzgar por su apariencia? ¿Qué tipo de victoria luminosa anuncian?

Esto de ganar o de perder no es tan simple como se cree. No es ganar como se hacer en los videojuegos dejando malparados al resto. No es quedar por encima de los otros habiendo un solo ganador y el resto perdedores. Hay quien pierde para que los otros ganen. Hay victorias sobre uno mismo, que en definitiva son de las pocas gloriosas, aunque no se comenten. Ojalá aprendamos a dejarnos ganar por el que vence con amor al mundo, en lugar de tratar de ganar como lo en tiende el mundo, pasando por encima del resto.

Necesitamos urgentemente recuperar esa capacidad de no resignarse a ser meros receptores pasivos de lo real; a terminar siendo anodinos porque solo entendemos la vida de manera extremadamente aburrida. ¿Cuándo entenderemos que en lo cotidiano puede suceder lo extraordinario? ¿Cuándo abriremos los ojos y el corazón de par en par para descubrir cómo se sirve Dios de la normalidad para propiciar nuestra total liberación? Ese bebé que traen el brazos sus humildes padres es la luz que necesitamos y que evitará que no veamos la realidad tal y como está transida de gracia.

Por ello, como dijo el poeta metiéndose a profeta, que por improbable que parezca nada habrá sido soportado en vano, sino que habrá que confiar la fuerza inmensa del pequeño brote, y que en sí lleva la grandeza de un árbol enorme.

POR IMPROBABLE QUE PAREZCA

 

No desdeñes la fuerza incipiente con la que empieza el brote,
no vayas a caer en el mismo error de los que antaño sucumbieron
por no llegar a apreciar debidamente lo extraordinario
en lo que se suele pasar inadvertido.
Goliat se sabía ducho en mil batallas,
sobrado en el ejercicio de la violencia feroz e implacable;
pero surgió alguien que no parecía más que un débil muchacho,
incapaz de llevar a cabo cualquier proeza destacable,
y sin embargo, en lo frágil estaba agazapada una victoria rotunda;
contra todo pronóstico lo inaudito terminó por imponerse.
No estés tan seguro de que siempre el mal se sale con la suya,
ni de que el inocente está sentenciado de antemano,
sino más bien percibe que en la semilla
late adormecida una energía portentosa, posible e imparable.
No siempre sucederán las cosas como se cree el malvado,
por mucho que trame sus malas artes con todo tipo de maquinaciones,
pues hay oculta una claridad inocente que va a despuntar y que desconoce,
es la esperanza de los desesperados que terminará por estar fundada
en aquello que el corazón alumbraba
con ímpetu certero al ser una sencilla verdad si doblez ni engaño.
Puede ser que en lo menudo radiquen posibilidades insospechadas;
que un cambio imprevisto traiga la mutación emancipadora.
Trata de estar situado en el lado correcto:
no en el de los que juegan con las cartas marcadas
y muestran en sus rostros cierta sonrisa anticipada y complacida,
sino en el lado de los humildes,
los que aún apuestan por lo que es justo, necesario e irrenunciable;
aquellos que se vienen dejándose la vida por causa de un amor que no defrauda,
y, por ello, no se hacen ni a sí mismos trampas.
Ten por seguro que el alba definitiva despuntará algún día 
para los que lo han aguardo con firmeza el desprecio de los soberbios;
entonces, por fin, se iluminarán sus rostros tal y como habían soñado,
y nada habrá sido soportado en vano.
No eran utopías sus corazonadas, no,
sino el reconocimiento de la razón discreta,
que se abre paso y triunfa quedamente,
aunque tan solo sea vista acaso
por los que ven más allá del mero juicio apabullante.

sábado, 12 de noviembre de 2022

LA QUE SE AVECINA

 LA QUE SE AVECINA

Pues sí, quien más o quien menos, todos estamos preocupados de la que se nos avecina; lo mostremos o no, lo comentemos o no, la preocupación va por dentro. Sin ánimo de ser catastrofista, pero viendo cómo se están poniendo las cosas, y con la que nos está cayendo encima, el que más o el que menos ya no sabemos ni dónde meternos, dónde parapetarnos, dónde ponernos a salvo de la quema. Habrá quien optará por el consabido "sálvese quien pueda" mientras que otros permanecerán en el barco hasta el final, ocupados en tratar de salvar a cuantos más. ¡Qué gran diferencia entre los individualistas y aquellos que saben ser para los demás en toda circunstancia! Con estos últimos se puede contar siempre y da gloria estar a su lado aprendiendo a ser verdaderamente humanos.

Se acerca la celebración del día de la Virgen de La Divina Providencia, y por tanto la fiesta grande de nuestro colegio, que no solo lleva ese nombre, sino que, gracias a las Hijas de Santa María de la Providencia, nos consta que Ella nos cuida y guía en nuestro día a día escolar. Ya hemos iniciado de nuevo los preparativos y ya estamos un año más llenos de ilusión esperando que llegue el día. ¡Qué gran colegio y qué inmejorable advocación mariana la que bajo su protección nos acoge!

Entonces, a pesar de la que se nos avecina, logramos mantener la calma al saber que, por mucho que nos auguren  desastres (cambio climático, guerras, carestías, pandemias, crisis de todo tipo...) nosotros contamos con nuestra Madre, nuestra protectora, y confiamos en la Divina Providencia que nunca nos ha abandonado ni lo va a hacer. Nos sentimos cuidados, seguros y amados como hijos y que, a pesar de los pesares, el amor de María y de Dios constituyen el mayor de los amparos y nuestra firmeza. Que, aunque nos la estén avecinando con saña, saldremos adelante también de la bendita mano de Santa María de la Providencia.

Pero no solo constatamos que se nos avecina lo peor, es que además al llegar al final del año litúrgico y cerrar el ciclo, en el propio evangelio se nos habla de fin de los tiempos, y de diversas catástrofes que vendrán; mas Jesús nos indica que no nos dejemos embaucar, que confiemos, porque pase lo que pase hemos de perseverar en el bien y seguir confiando. Y es que tal vez el presente, ese tiempo único en que transcurre la existencia, tiene mucho de pasado que se acaba y que está dando paso a un futuro. Es en el ahora en el que todo acaba y surge de nuevo. ¿A qué temer entonces el futuro? ¿A qué angustiarse por la que se avecina? ¿No será lo mejor abandonarse a ese amor providente de Dios mientras seguimos apostando por el Reino? Levántate, aspiremos a los mejores valores, por los que sabemos que merecen la pena. Lo que se avecina es solo el decorado en el que se forjan y afloran los héroes, no los apocados.

Sí, seremos ilusos y utópicos, tendremos fe y pasión por los hombres, pues reconocemos que en medio de la tormenta ya se va gestando la calma; que el mal no tiene -ni puede tener, ni va a tener- la palabra definitiva. Que aunque se esté avecinando lo terrible, también estamos bregando para que se avecine un mundo más hermoso y mejor. ¿En qué lado te posicionas? ¿Nos quedamos en el lamento inútil o esperamos a ese Dios que se hará hombre una vez más para mostrarnos lo que puede llegar a ser toda una historia de salvación?  ¿Qué te dice el corazón? ¿Puedes escuchar su relincho o vas a dejar que se extinga el tiempo y toda esperanza?

EL FUTURO DESEADO ESTÁ PRESENTE YA EN NUESTRO AHORA