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sábado, 7 de junio de 2025

Es el momento

 ES EL MOMENTO


En la vida las cosas suceden cuando suceden, no cuando a nosotros nos gustaría. Nosotros no somos los que marcamos el tiempo, no decidimos cuándo nos viene mejor que ocurran determinadas situaciones. Por eso hay que aprender a bailar al son que suena la música, porque en este caso, ni somos los directores de orquesta ni el DJ de turno que elige la canción. Lo importante es que suene esa melodía, que la aprecies, e incluso que el cuerpo se encuentre tan a gusto con lo que suena en ese momento que pueda moverse con total ligereza. A veces vivir puede llegar a ser como un baile, ser llevado y disfrutar de lo lindo de la pieza; aunque, si uno ya no cuenta con las mismas fuerzas de la juventud, puede acabar extenuado. Es cierto, pues, que se baila con el cuerpo, pero además del cuerpo, también se baila con todo lo que uno es: con el ánimo y con la libertad del alma.

Si en lugar de recurrir a la analogía de la danza, empleamos la de la escritura, podríamos decir que aunque uno sea el protagonista de la historia, o más bien el que se identifica en cierto grado con lo que vive el protagonista, la trama y los sucesos con los que le toca campear, la historia ni la escriben los protagonistas ni tampoco el lector.

Y así nos pasa a todos y cada uno de nosotros, que en último término no decidimos muchas cosas, aunque otras sí, y algunas, además, de enorme transcendencia, aunque no lo sospechemos. Lo normal es no estar preparado nunca del todo para salir bien parado de cualquier aventura, pero según llega la prueba, hemos de tomarla y salir del paso de la manera más digna y provechosa. ¿Qué les vamos a decir a nuestros alumnos que acaban de examinarse de la tercera evaluación? ¿No les hubiese venido muy bien contar con las preguntas de antemano? ¿O quizás disponer de unos días más para repasar y prepararse mejor? ¿Cayeron en el examen las preguntas que mejor se sabían? Cuando toca, toca, y cuando llega, llega, y no queda otra que hacer lo mejor posible la faena encomendada. La vida nos va imponiendo el momento, no sabiendo siempre cuál que puede llegar a ser decisivo. Uno ha de responder a bocajarro, con lo que en ese momento es, sabe y lleva consigo.

Así, a la chita callando, hemos recorrido el tiempo pascual hasta llegar a la solemnidad de Pentecostés. Estemos o no preparados, ha llegado la irrupción del Espíritu Santo, del mismo modo que les pilló a los apóstoles cuando temerosos se reunían a escondidas, por miedo a las represalias de los mismos que acabaron con Jesús. El Resucitado se planta en medio, se hace evidente que es el vencedor de la muerte, que está vivo y desborda vida eterna, y les transmite un doble mensaje a sus amigos. 

Primero nos dona la paz, esa paz que atraviesa muros y se abre camino para hacer posible la fraternidad. Frente a la división del mundo, frente al enfrentamiento, Jesucristo instaura la paz que nace de la reconciliación, del triunfo del bien y del amor, porque el que nace del Espíritu ya queda unido a Dios y a los hermanos; no entiende de discordias, sino que mira a los demás con los mismos ojos que Él nos contempla.

En segundo lugar, el mensaje de Jesús es que ha llegado el momento, que hemos de empezar a ser, a vivir y difundir esta cultura del encuentro entre los hombres y Dios. Es el comienzo de los tiempos de soltar amarras y cruzar los mares de la historia, la personal y la comunitaria, en la nave de la Iglesia. Somos el cuerpo intrínsecamente vivo y unido de Cristo resucitado y glorioso, anunciamos y comenzamos un nuevo mundo y un tiempo nuevo y una nueva humanidad. Los cielos nuevos y la tierra nuevas ya están comenzando; es el Espíritu el que nos mueve a esa libertad fecunda, pues no es una libertad para realizar mi propio proyecto, sino el proyecto común, el del Reino de Dios.

Por ello, Jesucristo nos conmina a la misión. Hemos de vencer a la muerte, a los apegos, a los protagonismos individualistas, a los miedos, las comodidades, las reticencias; hemos de vencernos a nosotros mismos para ser más de Dios por el Espíritu. Con esta riqueza de dones y con esta vida que nos es infundida, hemos de hacer Iglesia a los cuatro vientos. Este es el momento de la irrupción del Espíritu en el que cada uno de nosotros, unidos a los demás hermanos, hemos de tratar de estar a la altura de los tiempos. Estaremos más o menos preparados, con la efusión del Espíritu nos basta. 

Es el Espíritu que se recibe de manera expresa en Pentecostés el que capacita para formar y acrecentar el cuerpo de Cristo eclesial, unidos y diversos, y toda su actividad misionera, pastoral y caritativa que ésta lleve a cabo. Es la Iglesia la que puede ser el faro en este umbral de esta revolución tecnológica que estamos viviendo. A nuevos tiempos, nuevos retos. Ante el riesgo de la deshumanización tecnológica, de la desvinculación del tejido social humano, la Iglesia tiene una propuesta profundamente humanizadora: la revolución de la ternura y la misericordia de Dios.

Es el Espíritu el que anima e impulsa a la Iglesia formada por todo nosotros, para transformar la sociedad, no como dictan los poderes económicos y políticos, sino para liberar al hombre de todo sometimiento reduccionista. Más que nunca precisamos de la acción poderosa de Espíritu, del soplo del Resucitado, Alfa y Omega de nuestra existencia, porque Él provee de lo más necesario para dar respuesta a nuestro tiempo. Es este el momento de ser más espirituales para que gestar al ser humano que se requiere, a imagen y semejanza del Hijo en este momento de la Historia.

domingo, 2 de febrero de 2025

Hasta la victoria final

HASTA LA VICTORIA FINAL


Podemos afirmar que estos son tiempos difíciles. Tampoco han debido ser fáciles otros pasados, ni lo van a ser casi seguramente los venideros. Esto es lo que hay: siempre se debe afrontar, encajar y tratar de superar aquellas contrariedades que la existencia nos va deparando. Aquí nadie se queda indemne, pues vivir debe afectarnos y por esto hemos ir aprendiendo a salir adelante, si es posible mejorados y con la mochila de recuerdos, experiencias y aprendizajes bien repleta. Si además has logrado estrechar buenos vínculos y preciadas amistades, entonces el trayecto vital ha sido, sin duda, bien ejecutado, adquiriendo en él ciertas maestría y sabiduría.

Tal vez las generaciones actuales, en su gran mayoría, han sido y son sobreprotegidos por sus padres, y por ello se encuentran en peor disposición para llevar a buen término su peripecia vital con audacia. En cualquier caso, las experiencias previa no deben determinar ni anular nunca la actitud libre con la que uno decida vivir. Es decir, que lo vivido marca e influye, pero jamás anula nuestra responsabilidad para interactuar con la realidad que se nos presenta.

Winston Churchill tampoco lo tuvo fácil, más bien le tocó enfrentarse a una situación endemoniadamente hostil, pero fue capaz de mantener la confianza plena en el triunfo último de la verdad y el bien, incluso en las más adversas circunstancias. Se dejó la vida en ello, y fue el gobernante que dijo que había que ir de derrota en derrota hasta la victoria final. Y es que en algunas ocasiones, uno ha de mantener la dirección correcta sin variarla ni un ápice, a pesar de que la decisión no sea del agrado de todos, cuando uno sabe que ha de actuar así, con arrojo, valentía y decisión, porque acaso tiene más amplitud de miras que el resto. No es locura, a veces se trata solo de mantener la sensatez.

Estamos acostumbrados a lo inmediato y a lo exclusivamente evidente. Y salirse de este minúsculo alcance nos cuesta horrores: ni miramos a medio o largo plazo, ni juzgamos tampoco más allá de las apariencias o de los intereses personales. ¿Cómo pues vamos a apostar por la esperanza contra toda esperanza? ¿Cómo vamos a ser capaces de un mínimo pensamiento utópico y transformador? ¿Dónde quedaron pues los grandes hombres movidos por ideales y una voluntad férrea? ¿Se extinguieron ya los héroes definitivamente? No, cada uno de nosotros está llamado a serlo. A presentar batalla y no dejarse vencer así por las buenas por un mundo cada vez más deshumanizado.

La Iglesia universal celebra este 4º domingo de tiempo ordinario, pasados cuarenta días de la Navidad, la solemnidad de la presentación del Señor en el templo y de la purificación de María, esto es, la fiesta de las candelas o de la Virgen de la Candelaria. Se presentan sus padres con el niño primogénito en brazos en el templo para cumplir lo que marca la ley mosaica, y allí hay un anciano y una anciana, Simeón y Ana, que reconocen que ese bebé es el Salvador, luz y esperanza de los hombres. Saben y proclaman su victoria. No puede ni podrá con Él ni el mundo ni el mal, ese niño es el mesías esperado y suya será la victoria final y definitiva. Los demás no aciertan a verlo, tan solo los dos ancianos que llevaban una larga vida piadosa. ¿En qué se basan para hacer semejante vaticinio? ¿No es muy arriesgado no limitarse a lo real sin más, en lugar de descubrir unas posibilidades insospechadas en un ser completamente normal a juzgar por su apariencia? ¿Qué tipo de victoria luminosa anuncian?

Esto de ganar o de perder no es tan simple como se cree. No es ganar como se hacer en los videojuegos dejando malparados al resto. No es quedar por encima de los otros habiendo un solo ganador y el resto perdedores. Hay quien pierde para que los otros ganen. Hay victorias sobre uno mismo, que en definitiva son de las pocas gloriosas, aunque no se comenten. Ojalá aprendamos a dejarnos ganar por el que vence con amor al mundo, en lugar de tratar de ganar como lo en tiende el mundo, pasando por encima del resto.

Necesitamos urgentemente recuperar esa capacidad de no resignarse a ser meros receptores pasivos de lo real; a terminar siendo anodinos porque solo entendemos la vida de manera extremadamente aburrida. ¿Cuándo entenderemos que en lo cotidiano puede suceder lo extraordinario? ¿Cuándo abriremos los ojos y el corazón de par en par para descubrir cómo se sirve Dios de la normalidad para propiciar nuestra total liberación? Ese bebé que traen el brazos sus humildes padres es la luz que necesitamos y que evitará que no veamos la realidad tal y como está transida de gracia.

Por ello, como dijo el poeta metiéndose a profeta, que por improbable que parezca nada habrá sido soportado en vano, sino que habrá que confiar la fuerza inmensa del pequeño brote, y que en sí lleva la grandeza de un árbol enorme.

POR IMPROBABLE QUE PAREZCA

 

No desdeñes la fuerza incipiente con la que empieza el brote,
no vayas a caer en el mismo error de los que antaño sucumbieron
por no llegar a apreciar debidamente lo extraordinario
en lo que se suele pasar inadvertido.
Goliat se sabía ducho en mil batallas,
sobrado en el ejercicio de la violencia feroz e implacable;
pero surgió alguien que no parecía más que un débil muchacho,
incapaz de llevar a cabo cualquier proeza destacable,
y sin embargo, en lo frágil estaba agazapada una victoria rotunda;
contra todo pronóstico lo inaudito terminó por imponerse.
No estés tan seguro de que siempre el mal se sale con la suya,
ni de que el inocente está sentenciado de antemano,
sino más bien percibe que en la semilla
late adormecida una energía portentosa, posible e imparable.
No siempre sucederán las cosas como se cree el malvado,
por mucho que trame sus malas artes con todo tipo de maquinaciones,
pues hay oculta una claridad inocente que va a despuntar y que desconoce,
es la esperanza de los desesperados que terminará por estar fundada
en aquello que el corazón alumbraba
con ímpetu certero al ser una sencilla verdad si doblez ni engaño.
Puede ser que en lo menudo radiquen posibilidades insospechadas;
que un cambio imprevisto traiga la mutación emancipadora.
Trata de estar situado en el lado correcto:
no en el de los que juegan con las cartas marcadas
y muestran en sus rostros cierta sonrisa anticipada y complacida,
sino en el lado de los humildes,
los que aún apuestan por lo que es justo, necesario e irrenunciable;
aquellos que se vienen dejándose la vida por causa de un amor que no defrauda,
y, por ello, no se hacen ni a sí mismos trampas.
Ten por seguro que el alba definitiva despuntará algún día 
para los que lo han aguardo con firmeza el desprecio de los soberbios;
entonces, por fin, se iluminarán sus rostros tal y como habían soñado,
y nada habrá sido soportado en vano.
No eran utopías sus corazonadas, no,
sino el reconocimiento de la razón discreta,
que se abre paso y triunfa quedamente,
aunque tan solo sea vista acaso
por los que ven más allá del mero juicio apabullante.

domingo, 5 de enero de 2025

Carta de los Reyes

CARTA DE LOS REYES


Estimados amigos de toda edad:

Ya sabemos que no es nada frecuente que seamos nosotros los que nos dirijamos, siempre es al contrario, pero en esta ocasión, permitidnos que lo hagamos. Estamos en deuda con todos vosotros, pues llevamos años y años recibiendo innumerables cartas vuestras, y, creednos, no disponemos del tiempo ni la ocasión oportuna para contestaros a cada uno de vosotros con la atención y consideración que os merecéis todos. Nos ha sido prácticamente imposible hasta ahora, por lo que aprovechamos para tratar de contestaros a todos juntos a la vez. Espero que sepáis disculpadnos, os lo rogamos.

Ser anciano no tiene, en realidad, demasiado mérito, pues mientras nos dedicábamos a desempeñar lo mejor posible nuestro singular cometido, los años han ido sucediéndose, y poco a poco, ya contamos con tantos que perdimos la cuenta de ellos hace mucho tiempo. Los días, las semanas, los meses y los años, son grandes regalos que a menudo se nos van pasando desapercibidos, pero, creednos, lo son, y por ello, como tal deberíamos recibirlos: con asombro y gratitud, nunca con pesar, como si fueran otra carga más.

Y de eso queríamos hablaros, desde que empezamos a ejercer como dadores de regalos, no hemos descuidado nuestra tarea nunca. A ella nos hemos dedicado siempre con la misma ilusión y el mismo empeño, aunque no podemos decir lo mismo de las personas a las que les entregábamos los presentes. Todo y todos han cambiado: lo que anteriormente era gratitud, hoy casi se ha convertido en exigencia y queja. Parece que antes siempre acertábamos con lo poco que podíamos dejar en cada casa, a cada niño, y hoy nada es suficiente, siempre quieren más y más. Tanto es así que ya nosotros estamos pensando si pedirnos la jubilación anticipada para dedicarnos a cualquier otra labor. Que sea lo que Dios disponga, pues nosotros somos felices con solo seguir siendo obedientes y generosos, como hemos venido haciendo.

Hoy en día, al menos en esta sociedad occidental, parece que se da demasiado importancia a lo material, a lo accesorio, a lo que nos dicen unos y otros a través de los medios de comunicación y la publicidad que es lo valioso. Cuánto mayor precio tenga una mercancía, parece que es mejor. Sin embargo, desde aquella primera vez, allí en Belén, nosotros tres descubrimos que lo importante es acercarse al misterio, es decir, hacerse presente, y entregarse uno mismo. Bien es verdad que uno ha de llevar consigo quién es y lo que es, con sus aciertos y sus fallos, con sus penas y alegrías, con sus capacidades y con sus limitaciones, y tratar de expresarlo de alguna manera, a través de algo simbólico. Nosotros, ya lo sabéis, escogimos el oro, el incienso y la mirra. Esa vez acertamos.

Tengo que decir que los que en realidad recibimos un regalo inmenso, un regalo que en modo alguno no se ha quedado desfasado ni ha perdido su vigencia, fuimos nosotros. Aquel bebé fue nuestro gran regalo: poder verle, sentirle, acogerle y adorarle ¡Qué privilegio! ¡Qué emoción!. Nos dimos cuenta inmediatamente que toda la sabiduría que habíamos adquirido con nuestro esfuerzo humano, tan solo fue la causa de nuestra motivación para ponernos en camino e ir hasta allí a adorarle. Allí recibimos un pedacito de eternidad incombustible, y ya nunca hemos dejado de ser reyes, sabios o magos.

¡Cuánto nos gustaría que pequeños y grandes aprendieran a recibir también ese regalo! Desde entonces, para nosotros ya todo es regalo: el tiempo, las compañías, los trabajos, la simpatía, la belleza, la paz. Sí, creednos, desde que nos encontramos con Él, el Niño Dios, todo puede ser regalo que se da y se recibe en la gratuidad del amor.

Lo que debe estar pasándonos a los hombres y mujeres de hoy es que, al acudir poco ya al pesebre en el que duerme sereno el Hijo de Dios, pues andamos más pendientes de esos vanos regalos de los anuncios, que envolvemos después en preciosos papeles, en lugar de regalarnos los unos a los otros, perdonarnos, pasar más tiempo juntos, aprender a encontrarnos y convivir como hermanos. Bien están todos los regalos materiales, los detalles, pero no olvidemos que la alegría compartida, el cariño mutuo, la comprensión y la cercanía, son el mejor regalo, ese que no se compra en ninguna gran superficie, sino que brota en la ternura del corazón.

Que tengamos, por tanto, todos una epifanía, una presencia real de Dios pequeño, humilde y sencillo, entre nosotros, y todo nos será don y regalo. No perdamos la esperanza ni la ilusión, para nosotros sigamos llevando a cabo nuestra labor año tras año, con la misma fidelidad y entrega con la que adoramos aquella vez a Jesús.

 

Vuestros, Melchor, Gaspar y Balthasar.

 

 


martes, 16 de enero de 2024

El momento decisivo

 EL MOMENTO DECISIVO

A menudo nos cuesta entender hasta los mensajes más sencillos. No se trata de que no tengamos capacidad para comprenderlos, ni tampoco que nos hablen en un idioma desconocido, más bien es que ni ponemos suficientes ganas, ni apenas atención, ni interés alguno, y así no hay manera de enterarse de algo, aunque sea claro y fácil de asimilar. Además, como es un mal muy extendido este de no enterarse ni de la misa la media, pues ni siquiera nos preocupa, con ser uno más de los que van exclusivamente a lo suyo, nos damos por satisfechos.

Una cosa es ir de enteradillo y otra muy distinta, pero no por ello igualmente censurable, no darse por enterado por mucho que haya personas de buena voluntad que una y otra vez nos adviertan por propia experiencia de lo que ocurre y nos puede ocurrir si no espabilamos. No nos sirve de mucho, pues lo cómodo es no escuchar, no sea que advirtamos algo que desconocíamos y nos sintamos obligados a cambiar de actitud y hasta de vida, que eso de cambiar de verdad requiere grandes dosis de amor propio, verdadera fuerza de voluntad y no poco esfuerzo.

Entonces es comprensible que aquellos que asumen la noble tarea y deber de suplir nuestra adormecida conciencia, terminen por desanimarse, pues ¿para qué van a tomarse tantas fatigas y sinsabores si no están por la labor de darse por enterados? De verdad que son tan meritorios todos aquellos que en lugar de ponerse exclusivamente ellos a salvo, se molestan y preocupan de tratar de advertir y ayudarnos para que a los demás nos pueda ir mejor. Tal vez porque han descubierto que si prescindes de tratar de ayudar al otro, tu propia dicha no puede ser completa, pues la alegría y el bien o se comparte o no lo es del todo. A ver si esta sociedad tan individualista, consumista y capitalista, termina por descubrir que el evangelio puede ser el remedio para reencontrarnos con la humanidad perdida. Recuperemos los vínculos interpersonales y el sano afán por lo común. 

En el libro de Jonás se nos cuenta cómo a él le toca asumir ese desagradable papel de poner en sobre aviso a los habitantes de Nínive lo que se les viene encima si persisten en su mal proceder. No debió de hacerlo mal Jonás, pues tuvo gran poder de convicción, ya que los ninivitas recapacitaron y dejaron de practicar las injusticias y fechorías a las que damos rienda suelta los humanos cuando expulsamos a Dios del campo de juego,  cuando nos creemos dueños absolutos (omnipotentes) de nuestras acciones, como si no tuviesen ninguna consecuencia, ni tampoco tuviésemos que dar explicaciones a nadie de lo que hacemos. Sin embargo, los ninivitas, al haber hecho caso a Jonás, reestablecieron el justo y sensato proceder de los unos para los otros, evitando a tiempo males mayores.

Si uno mira como están las cosas y cómo se están poniendo, la verdad es para preocuparse y pensar en hacer ya algo. Pero ¿a quién le importa? ¿Quién es consciente del derrotero que llevamos y trata de advertir y poner remedio? Aunque viniese otro Jonás a anunciar los mayores desastres (inflación, carestía, paro, fractura social, violencia, pérdida de derechos y libertades, desastres naturales, pobreza, etc.) nada haríamos salvo tildarle al que levante la voz de aguafiestas, para seguir a lo nuestro y mirando para otro lado, evitando así tener que cambiar y enmendar nuestros errores. Esta parálisis para espabilar a tiempo es la causante, sin duda, de que nuestros males no encuentren aún solución alguna, como si hubiésemos asumido que nada podemos hacer porque excede nuestras posibilidades. Que Dios nos coja confesados entonces, porque no hemos de ponernos en serio a solucionar nuestras desdichas, tal y como habríamos de tratar de hacer.

Sin embargo, el apóstol San Pablo en la primera carta a los Corintios nos lo recuerda "el momento es apremiante", y, por tanto, que no nos apeguemos tanto a las rutinas, sino que vivamos conscientes y despiertos, pendientes de lo que de verdad importa, más de nuestro ser que nuestro continuo hacer sin sentido.

Y en el Evangelio también sorprende el modo de proceder de los primeros discípulos ante la llamada de Jesús. Lo dejan todo empantanado. Cambian radicalmente de vida. Se dan cuenta de que hay otra forma de vida mucho más libre y liberadora, con otros objetivos mucho más grandes y a más largo plazo. Que uno puede soltar de golpe esta vida que llevamos tan adaptadas a lo que dicta el sistema, para seguir solo y por encima de todo al Señor, que te llama y te requiere para un aprendizaje y una misión. Deja de vivir autoreferido, para vivir según Dios, construyendo fraternidad.

¿Qué vas a hacer tú con tu vida? ¿Vas a escuchar la llamada de Jonás o la que hoy nos lanza Jesús que te incitan a un cambio profundo de valores y prioridades? ¿Vas a hacer caso a la advertencia del evangelio o vas a seguir como si nada, totalmente paralizado? ¿Qué te retiene? Deja las redes y comienza ya a VIVIR, pues el momento puede ser verdaderamente apremiante y decisivo si estás dispuesto a dar ese giro, ese aumento progresivo de perspectiva, ese hacer tu propio camino al andar y no surcar tristemente los caminos trillados que no te satisfacen. Lo fácil es no darte por enterado una vez más, es volver a escurrir el bulto, no querer reaccionar; lo verdaderamente audaz es asumir que necesitamos un cambio radical, que éste es posible, y que no puede esperar. ¿Es tas dispuesto a arriesgar? ¿Quieres escuchar al Maestro y hacerte su discípulo? ¿De verdad que tienes otra propuesta más apasionante? Jesucristo libera si tú quieres, pero has de querer y empezar a escoger lo mejor.

En definitiva, eres tú el que ha de decidirse. ¿Qué eliges?   


miércoles, 3 de enero de 2024

Carta a los Reyes Magos

        CARTA A LOS REYES MAGOS 2024



Queridas Majestades:


Se dice que cada vez se escriben menos cartas, y como ustedes ya sabrán esa parece que es la tendencia; sin embargo, esta costumbre tan nuestra de seguir celebrando la Epifanía del Señor nos permite año tras año ejercitarnos en el noble arte de retomar la pluma y el papel y ponernos a escribir de nuevo cartas. Gracias, por tanto, por no admitir en modo alguno mensajes a través de dispositivos digitales, y por tanto que si queremos pedirles a sus majestades algo, habremos de tener que practicar la escritura a mano.


No sé yo sí hemos sido buenos o malos este año que acabamos de concluir, supongo que de todo habrá habido. Y si lo comparamos con otros años anteriores, seguramente este último no se diferencie demasiado de los anteriores. Lo que sí está claro es que hubiésemos podido ser mejores de lo que hemos finalmente sido, y, debido a nuestra escasa fuerza de voluntad, se nos han terminado quedando los buenos proyectos una vez más en meros buenos propósitos.


Y ya, dejando a su sensato y experimentado discernimiento si nos merecemos o no algún presente, empezamos ya a formularles nuestras peticiones, pues el ser humano no se cansa nunca de desear y de pedir, pues por mucho que ya tenga siempre ambiciona más, independientemente de si se lo merece o no, si se lo ha ganado o no. Dependemos, por tanto, de su reconocida generosidad.


No quisiera cansarles esta vez solicitándoles más bienes materiales, de esos que solemos pedirles tantos, pues con los que disponemos ya estamos en realidad bien servidos, y además, no conviene tener siempre de todo en demasía, pues, al final, uno se termina malacostumbrando. No, este año no es que queramos ser más originales, sino que vemos que hay otros regalos, menos tangibles, que tal vez precisamos mucho más. Por ejemplo, más que juguetes, deberíamos solicitarles verdaderas ganas de jugar, ganas y tiempo para saber disfrutar con cualquier cosa, en cualquier momento y en compañía de buena gente; quitarle importancia y seriedad a tantos asuntos que no son ni tan importantes ni acuciantes y saber dársela los que verdaderamente lo tienen: cuidar a los demás y aprovechar el tiempo que pasamos con ellos.


Por ello, a lo mejor también deberíamos pedirles mayor capacidad de aceptación, es decir ni resignarnos con lo que sea, ni tampoco frustrarnos las cosas cuando no salen como nosotros queremos, pues entre otras causas no solo estamos nosotros en el mundo con nuestros gustos y forma de ver y entender la vida.


Y además de las ganas de jugar con ilusión, esto es, animarnos a seguir una estrella; y de la capacidad de aceptación para reconocer en el pesebre al Niño Dios; también me gustaría pedirles una última cosa más. sería algo de sentido común para saber convivir cordialmente los unos con los otros, en lugar de considerar que el vecino, el diferente o el que opina de una manera distinta a mí es un rival o un enemigo a combatir. Que sepamos entendernos por encima de toda distancia, y resolver pacientemente y mediante el diálogo cualquier tipo de desencuentro. Más convivir en lugar de combatir, es decir, aprovechar que nos ha nacido el Señor, ese que nos habéis enseñado a reconocerlo y adorarlo, para aprender a ser más hermanos los unos de los otros. Mucho podremos hacer en este año entrante si remamos juntos y concordes.


Como ven, con los años uno no tiene por qué dejar de seguir siendo un niño y escribiendo la tradicional carta a los Reyes Magos, pero sí puede dejar de pedir meramente para uno mismo, y finalmente termina por entender que cuanto beneficia a todos es mejor y, además, también termina ayudando a poder ser feliz también uno mismo.


Y concluyo ya. Les aseguro que si ustedes son tan gentiles de regalarnos algún regalo de los que le hemos pedido, u otro cualquiera que consideren conveniente, este año sí que vamos a tratar de hacer buen uso de ellos y además ser un poco mejores.


Y traigan lo que traigan, cuenten con nuestra entera gratitud por permitirnos a todos seguir creyendo y renovando nuestra ilusión.


¿Y tú, no te animas también a escribir y presentarles tu carta a los Reyes Magos?

sábado, 9 de diciembre de 2023

Tirar la toalla

 TIRAR LA TOALLA


Se decía hace tiempo que los jóvenes actuales se frustran con facilidad, que como se lo han dado con suma facilidad, a cambio de ningún esfuerzo o logro, cuando no consiguen lo que quieren, se frustran mucho, y, airados o desanimados, no ven otro camino que tirar la toalla. Supongo que como en toda afirmación genérica habrá un gran margen de error, y que por tanto, dentro de nuestros jóvenes actuales tendremos de todo, unos que se frustran a las primeras de cambio y otros que, aunque les fastidie no lograr a la primera lo que se proponen, persisten en el intento a ver si en algún momento lo acaban consiguiendo. Esta diversidad de posibles actitudes ante el fracaso ha debido de darse en todo tiempo y lugar, aunque eso sí, cuando desde bien pequeño se ha tenido que luchar para sobrevivir, había que renunciar a casi todo y arremangarse para aportar, parece que el músculo del tesón sí que se desarrollaba bastante más que cuando uno se acostumbra a que se lo den ya hecho..

Y un poco nos puede ir pasando a todos, los jóvenes y los no tan jóvenes, pues hasta el más pintado pasa por momentos de bajada de ánimo, es decir, de bajón, porque aunque hagas todo lo posible, la realidad, más dura y terca que el diamante, es poco proclive a escuchar y concedernos nuestros sueños y deseos. Tampoco pedimos tanto; pero nada, que nos damos de bruces con unas circunstancias poco favorables. Ahora bien, como dijimos anteriormente, unos tirarán la toalla, mientras otros se crecerán y darán aún más de si por salirse con la suya.

Si uno mira la cruda actualidad de frente, pues lo normal es que o se ponga a llorar o salga huyendo por dónde buenamente pueda. ¡Qué poco halagüeño es el momento histórico que nos ha tocado vivir! Aunque es posible que ningún otro momento haya sido un jardín de rosas desde aquella ocasión en que por mordisquear un poco una manzana, fuimos expulsados sin contemplaciones del Edén para el que estábamos originalmente hechos. Desde entonces, entre unas cosas y otras, no hemos levantado cabeza: pobrezas y miserias, robos, discordias, enfrentamientos, guerras, pandemias, injusticias, atrocidades... 

Es decir, lo de menos fue la controvertida cuestión de la manzana, lo más grave estaba por venir. Y en esas estamos todavía, pues bien mirado que aunque se nos llene fácilmente la boca de proclamas espléndidas sobre el progreso, los derechos y el bienestar, seguimos poco más o menos en lo mismo: nuevas pobrezas y miserias, nuevos robos, nuevas o antiquísimas discordias, enfrentamientos, guerras, pandemias, injusticias, atrocidades. Más de lo mismo; lo de siempre. ¿Cómo no nos van a entrar ganas de tirar la toalla definitivamente?

Sin embargo, hoy, como siempre, más que nunca no solo no hemos de desistir, de desanimarnos y tirar la toalla; todo lo contrario, hemos de liarnos la manta a la cabeza y clamar ante lo que pasa. Esa voz que clama en el desierto, pues aunque estemos solos, aunque seamos pocos y pintemos aún menos, lo único digno que podemos hacer es rebelarnos, alzar la voz y anunciar con todas las consecuencias esa palabra profética que denuncia y anuncia.

Pongámonos a trabajar ya en serio por ese cielo nuevo y esa tierra nueva deseada y vislumbrada ya por los profetas del Antiguo Testamento. Vistámonos con piel de camello o con cualquier otra indumentaria, pero hemos de reclamar ese mundo contrario al que nos siguen llevando los poderosos. No nos acomodémonos a este mundo materialista y superficial que está hecho contra el ser humano. Sabemos que Dios va ha realizar una intervención definitiva que permita seguir luchando esperanzados por salvar al hombre de toda opresión y pecado, ya sea externo o interno, pues hemos sido creados para el amor y por el Amor. Nada puede apagar esa inmensa luz que llevamos dentro. Esa inmensa y frágil luz que nos anima a no desistir, a no tirar la toalla, sino a esperar activamente al Salvador que viene. Preparémonos ciertamente a acoger su venida.

Esta es la misión fundamental del Adviento: tomar aliento, hacer sitio despojando de nosotros todo lo que no sea auténtico y favorezca la venida de Jesucristo. Reilusionémonos, es posible, es verdad, va a pasar, al menos en uno mismo, pero por algo se empieza. No misnusvaloremos la fuerza, el sentido y el poder de lo pequeño, pues justamente en lo pequeño, lo sencillo, lo humilde y lo discreto es donde actúa portentosamente el Altísimo. Dejémonos hacer por Él. Esta es la tarea del Adviento, ni más ni menos, como para tirar la toalla cuando puede producirse lo mejor, lo esperado a la vez que inesperable.

Esperemos y no desesperemos, escuchemos y escrutemos su palabra, Él llega, aunque el mundo no esté dispuesto nuevamente a recibirle, pero tú sí. Todo lo hará nuevo y podrás descubrir esa tierra nueva y ese cielo nuevo en el que tienen cabida Dios y el hombre.   







viernes, 1 de septiembre de 2023

Siguiente trayecto

 SIGUIENTE TRAYECTO


A nadie se le escapa, incluso los más despistados o desinformados han llegado a enterarse a tiempo: se acabó lo que se daba, ha venido de nuevo septiembre y con él el final de las vacaciones estivales. No cabe alternativa y hemos de retomar la actividad académica, la vuelta a las clases, a los libros de texto y al estudio.

Pero ya desde el inicio, cuando vas a comenzar algo, conviene preguntarse por cómo lo vives: ¿con resignación o con ilusión? ¿con tristeza o más bien con alegría? Pues mientras lo piensas y validas tus sentimientos recuerda que todo comienzo, aunque al principio cueste, lleva en sí una esperanza, porque supone nuevos momentos por vivir, para encontrarse con los compañeros, nuevas propuestas, trabajos diferentes, retos, proyectos.

Date cuenta que en realidad el curso que ahora vamos a iniciar es una gran oportunidad, una gran aventura para vivir con tus semejantes y aprender con ellos a descubrir quién eres y lo que quieres realmente ser. ¿Vas a estar apático ante tanto bueno que te espera?

Recuerda también que la actitud con la que asumas este nuevo período depende en gran medida de uno mismo, ya que cada uno ha de tener la capacidad de gestionar sus propias emociones, enfocarse en positivo y no dejarse llevar por inercias o pereza. Merece mucho la pena empezar ya y con todas las ganas de que seas posible.

Recuerda que en La Provi se aprende y a la vez se pasa muy bien aprendiendo, pues aprender no es para nada aburrido, bien al contrario, aprender es siempre emocionante. ¿Aún no te has enterado? Pues prepárate, este curso 2023-2024 va a ser como una de esas atracciones espectaculares en las que os montáis al final de curso.

Desde la Fundación nos han propuesto un año más un lema que va a encauzar y orientar toda la labor educativa en los distintos colegios. Desde el nuestro nos sumamos entusiasmados al lema propuesto ESCUCHA. Efectivamente, saber escuchar a la realidad circundante, a uno mismo, a los otros (padres, abuelos, amigos, profesores, Dios) es fundamental. Si no sabemos escuchar porque estamos distraídos, no te enteras y no puedes aprender nada. Escuchar debe ser prioritario. Pero para escuchar hay que estar dispuesto a hacer silencio y sitio para tratar de entender con el corazón. ¿Estás dispuesto?

Así que ya sabes, no hay excusa que valga, porque:

si este año quieres aprovechar
habrás de ponerte a ESCUCHAR👂

¡¡¡MUY BUEN CURSO!!!


miércoles, 4 de enero de 2023

De las memorias perdidas del anciano Rey Melichor

DE LAS MEMORIAS PERDIDAS

DEL ANCIANO REY MELICHOR 


Con todos ustedes, en absoluta primicia mundial para los lectores de este blog, os presentamos un extracto de las memorias inéditas de Melichor, Rey, sabio o mago de algún remoto territorio de la antigua Persia.


“Lo recuerdo perfectamente, como si fuese hoy, como si lo estuviera viviendo ahora. Ya la memoria, a mis años, me falla mucho; de hecho al cabo de unas horas no recuerdo si hoy he comido sopa o lentejas, pero lo que me ocurrió aquella en ocasión, no se me olvida ni olvidará nunca, parece estar siempre presente, ajeno por completo al paso del tiempo, que todo se lo lleva, salvo la impronta viva que me dejaron aquellos días.


Yo tenía por aquel entonces muchos años menos, como la mitad de los que ahora tengo, que ya no sé cuántos son y casi prefiero ni saberlo, porque sí sé que son muchos. Yo, desde que tuve uso de razón, me dediqué apasionadamente a escrutar el curso de las estrellas. Me pasaba las noches expectante, vibrando al unísono con los astros que titilaban al parecer con tanta emoción como la que yo sentía. Conocía el nombre y la posición de todas ellas, de tal modo que aunque me hubiese perdido en un desierto hubiera sabido orientarme sin ningún problema. Y es que las estrellas nos hablan a pesar de su silencio, el problema es que a menudo ni las miramos, ni las escuchamos, ni las entendemos, pues tienen un lenguaje que solo hemos llegado a conocer algunos: locos, poetas, enamorados, astrónomos y eremitas. Y tal vez yo tenga algo de todos ellos, pues lo más lejano era para mí era mi mundo verdadero, mi realidad, con la que yo estaba más familiarizado.


Pues sucedió que por aquel entonces entre la profusión de estrellas, apareció una singularmente brillante y desconocida. Y es que el cielo es como un fuego vivio, que está en continua combustión, y aunque los tiempos del espacio no corren sincrónicamente con el nuestro, si guardan una cierta correlación. Por tanto, al principio no logré entender ni supe descifrar lo que esa nueva estrella podría significar, pero sí fui consciente que presagiaba una singularidad de mucha relevancia. Como también conocía las escrituras y escritos de muchos otros sabios, no me costó demasiado descifrar qué era lo que anunciaba ese precioso lucero: que iba a nacer el Mesías, el esperado; que el Dios Creador del Cielo y la Tierra que se iba a hacer hombre como nosotros para descubrirnos el sentido y la maravilla de la vida.


En seguida dispuse mi partida, y con una pequeña comitiva de mi entera confianza y ciertos obsequios con los que reconocer la majestad del Soberano nacido, partí en la dirección que esa estrella me marcaba. Dentro de mí se había también despertado como otra estrella interior que me impelía a seguir a la que brillaba en el firmamento, marcándome indefectiblemente mi camino. ¿Por qué no seguiremos más nuestras estrellas, nuestras corazonadas en lugar de hacer caso a las indicaciones interesadas que nos llegan por doquier y que tanto nos apartan de la verdadera luz que buscamos? No lo sé, nunca lo he sabido, pero me apena mucho ver a tantos que son incapaces de descubrir esa estrella interna, o a veces externas, que nos va marcando el camino a seguir en nuestras vidas.”


“Resulta que en el largo camino que emprendí me encontré con otros dos Reyes sabios, o magos, como también nos han venido llamando desde entonces. En ellos encontré no solo leales compañeros de camino, sino verdaderos hermanos que también compartían mis mismos anhelos. Sí, al igual que yo, Melchor, que procedía de Persia, mi gran amigo Gaspar venía desde Etiopía, y Balthasar, excelente músico y cantor, era un sabio Rey de los lejanos territorios de la India. ¡Qué buenos momentos pasamos durante el viaje compartiendo idéntica emoción por el misterio! En realidad los tres nos habíamos puesto en camino por el mismo motivo, el anuncio de la estrella que confirmaba el nacimiento del Salvador. Ignorábamos el destino final al que nos conduciría la estrella, pero avanzábamos alegres y esperanzados porque sabíamos que se cumplirían todas nuestras expectativas, que merecía la pena habernos puesto en camino.


Pasamos muchos días juntos en los que se fue estrechando nuestra amistad, y poco a poco nos fuimos acercando a una ciudad llamada Jerusalén, de la que habíamos oído hablar mucho. Allí había un Rey que nos recibió muy bien y nos trató con verdadera atención. Fueron sus consejeros los que nos hablaron por primera vez de una aldea conocida como Belén, en la que era previsible que hubiese acontecido ya el nacimiento de ese Niño, más rey que todos nosotros juntos. Pero a este tal Herodes no le vimos sincero, porque aunque nos sonreía, el brillo de sus ojos en realidad nos daba miedo, por lo que emprendimos de nuevo nuestra marcha y la misma estrella siguió guiándonos hasta esa aldea llamada Belén. Nunca regresamos a compartir con él nuestro hallazgo, pues ni nos apetecía ni lo encontrábamos conveniente. Los que sabemos interpretar las estrellas lejanas, también captamos las verdaderas intenciones de los rostros, por mucho que traten de cautivarnos, pues la verdad, aunque muchas veces escondida, brilla por sí sola como una estrella.


Realmente no acierto expresar con palabras cómo fue el encuentro con el Niño; en todo parecía un niño más, sin embargo, esa estrella, que como dije antes se había encendido también en mi interior -y a mis otros sabios acompañantes les sucedía exactamente igual- se volvió al contemplarle un verdadero manantial de gratitud. Reconocimos que el Niño, al que habían puesto por nombre Jesús, era un niño más, pero, además, Él era en verdad el Hijo de Dios, aquel que anunciaban los textos sagrados. No puedo precisar en qué rasgos se percibía su reconocible realeza, pero aun siendo muy humildes, la grandeza de ese pequeñín no la habíamos contemplado ni antes ni lo volvimos a hacer después. En ese momento todo encajaba en el universo, todo alcanzaba su sentido y su lugar de una manera admirable, insospechada, ilógica y preciosa: sin duda alguna Él era el Mesías.


Le adoramos, le veneramos y le dimos nuestros presentes, pero ellos a su vez nos concedieron una paz y una bondad extraordinarias que no se nos ha agotado nunca. Mi corazón aún está lleno de ese amor que irradiaba del Niño Jesús.”


“Volvimos alabando a Dios porque nos había otorgado la merced de conocer a su Hijo, y aunque nos tuvimos que separar los tres Reyes Magos, hemos seguido manteniendo la amistad y todos los años nos escribimos y nos juntamos desde entonces para volver a regalar distintos regalos a todos los niños buenos que nos recuerdan al Niño Dios. Porque son ellos los que aún mantienen la ilusión, y es preciso avivarla.”


"Que vuestras vidas también estén llenas de esa bendición sin igual que es saber reconocer al Dios nacido, al Dios mortal, al Amor hecho hombre por amor a los hombres. Desde entonces todas las noches son sagradas y maravillosas, porque el Redentor ha consagrado nuestro mundo al personarse en él, y ya no hay vuelta atrás. Que siempre, siempre puedas mirar tanto las estrellas como a cualquier otro ser con la simplicidad con la que vimos nosotros en aquella primera Navidad al Niño, descubriendo la grandeza infinita de lo pequeño y concreto. Tal vez ese sea el misterio de la Navidad: aprender a mirar reconociendo la presencia del Dios cercano en la tierra."


Se hace saber que queda terminantemente prohibido cualquier reproducción total o parcial de este texto, respetando los derechos de autor de los herederos reconocidos del Rey Melchor y la legalidad vigente en materia de copyrigth.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Puestos a vivir

 PUESTOS A VIVIR


En ello estamos todos, en aquella noble aventura de ir viviendo. Cerramos un año, el 2022; un año que no ha sido ni mucho menos tan bueno como hubiéramos deseado. Pero es que los deseos son solo eso, deseos, buenas intenciones, aunque no todo lo que deseemos esté en nuestras manos conseguirlo. No por ello hay que desengañarse y dejar de desear, porque los seres humanos tenemos que tratar de tener los mejores deseos, y además, intentar llevarlos a cabo denodadamente. Podríamos incluso llegar a afirmar eso de "dime qué deseas y te diré quién eres". Desemos y desémonos lo mejor, y tratemos de alcanzar esas metas hacia las que nos apuntan los deseos. Se nos abre un nuevo año, contamos por tanto con un horizonte en el que tenemos licencia plena para desear, y desear que nuestros deseos se vuelvan realidad.

Al acabar un año es casi obligado hacer cierto balance, pero no necesariamente al modo que hacen los contables, ni tampoco uno demasiado apresurado, sino de un modo personal; ello nos permitirá ser mucho más conscientes de lo que hemos vivido en el año que se extingue, lo que se nos ha dado, lo que nos ha faltado, lo que nos ha sorprendido y no esperábamos, y tantas y tantas personas que me han acompañado en este recorrido temporal. La entrada de este blog quiere ser una invitación a realizar ese saludable ejercicio de reflexión personal: ¿Qué has aprendido? ¿Qué has descubierto? ¿En qué has mejorado? ¿Qué aspectos habría que enmendar o reforzar para ser más el que uno es? Si quieres puedes ayudarte de un papel y un bolígrafo, porque anotar a veces puede ayudar a pensar y expresar lo que uno piensa.

También es verdad que en el transcurso de este año se nos han ido personas muy queridas, pero además de recordarlas y echarlas de menos, vamos a tener una mirada agradecida por la huella hermosísima que nos han podido dejar. ¿Estás dispuesto/a a mantener vivo su legado? Tal vez esta sea la mejor manera para que los que ya se han ido perduren para siempre en nuestro amor. Entre otros, justo el último día del año fallecía, exhausto, tras una vida totalmente entregada a Dios y la Iglesia, el Papa emérito Benedicto XVI. Trataremos de mantener viva también su ejemplo y sus enseñanzas. Gracias a todos ellos.

Y, ¿cómo no? al terminar un año se nos abre otro lleno de oportunidades y retos, y debemos estar a la altura de lo que vaya viniendo. En estos últimos años hemos tenido que reaprender que nos necesitamos los unos a los otros, que lo que nos sobra es egoísmo e individualismo, y que solo saldremos adelante si nos apoyamos y somos para los demás. Tal vez este año toque seguir por este mismo camino de trabajar todos juntos en la superación de todos los problemas y en el aportar soluciones. En nuestro colegio así lo creemos y así tratamos de vivirlo día a día. Nos lo enseñaron las Hijas de Santa María de la Providencia, y es que además somos Educación y Evangelio, este es nuestro proyecto, nuestro empeño, nuestra ilusión. 

Puestos a vivir ya en el año nuevo que vamos a estrenar, sería oportuno también hacerse una lista de intenciones, vamos a avivar las ganas de desear y poner toda la carne en el asador para lograrlos. No desees en mediocre, ni en tacaño, ni en modo particular exclusivamente; puestos a desear deseo que desees un mundo más humano, como el que Jesús nos ha propuesto, un mundo en que reine la belleza y el bien, un mundo por el que merezca la pena apostar.

Y ya que tenemos unos deseos muy parecidos ¿no vamos a ponernos manos a la obra día a día y hombro con hombro? Cuenta conmigo, yo estoy contigo para ayudarte a alcanzar tus deseos. Y si quieres tú los míos. No tenemos ninguna lámpara maravillosa, ni tan siquiera una bonita varita mágica, pero tenemos la ilusión, la fe y la fuerza para levantarnos y luchar por ellos, y cuando luchamos juntos es muy difícil que nada pueda pararnos. Para Dios todo es posible, y para nosotros, con Él, también.

¡¡¡MUY FELIZ 2023!!!  

viernes, 25 de noviembre de 2022

En preparación

En preparación


Lo cierto que uno está siempre preparándose para lo que pueda acontecer en el futuro. Y es muy conveniente no dormirse en los laureles, sino ir haciendo acopio de experiencia, de apendizajes, y de todo tipo de reservas, para tratar de asegurarse el porvenir. Ya lo pudimos aprender de aquella excelente fábula de la hormiga y la cigarra. Pero tal vez al tratar de tenerlo todo tan atado y bien atado se nos esté pasando algo básico por alto: nada menos que vivir. Mientras la cigarra se dedicaba solo a difrutar holgazaneadamente, la obcecada hormiguita trabajaba con total dedicación. Una pasó frío, la otra solitaria abundancia.

Unos no quieren ni pensar en el porvenir, tal vez porque les tiene más que escamados; otros, precisamente por la incertidumbre, tratan de acumular todo tipo de recursos de manera incesante. ¿Vivir despreocupadamente o vivir con la preocupación constante de salvar los muebles? ¿Acaso son las dos únicas posturas posibles? ¿Y cuál de ellas es la acertada?

Justo este domingo es el primero del tiempo de Adviento, por tanto, comenzamos un nuevo año litúrgico y celebrativo. Por ello las lecturas nos proponen una nueva manera de estar viviendo: la espera ilusionada. Tal vez los despreocupados al estilo de la cigarra no esperan nada y viven inconscientemente un ahora irresponsable, pero los otros tampoco esperan nada, al menos nada bueno, y por ello tratan de hacer todo lo posible por tenerlo todo bajo control por ellos mismos, como si eso fuera posible. Pero Jesucristo una vez más nos descoloca y nos avisa de que hemos de estar preparados y espectantes, porque todo puede cambiar de la noche a la mañana.

Hemos de estar preparados, porque algo nuevo y de gran alcance va a surgir de pronto y lo más seguro es que nos pille con el pie cambiado. ¿Qué puede ser esto tan esclarecedor? Pues la venida del Hijo del hombre, el Mesías, el que había de venir. Por tanto, levantémonos, dejemos de vivir como si esto no fuese a ocurrir o como si no fuera con nosotros. "La noche está avanzada, el día se echa encima". Hemos por tanto de tratar de ser seres de luz y para la luz, constructores del Reino de Dios, Reino de justicia y comunión. ¿Lo intentamos?

Debemos por tanto estar atentos y alertas. Ni ser meras cigarras, ni tampoco solo abnegadas hormigas, sino ser como aves que ansían la libertad del cielo y se preparan para muy pronto empezar a volar. Dejemos las comodidades, las distracciones, las tristezas y pasividades, comienza la cuenta atrás. El Señor viene a nuestro encuentro y hemos de transformarnos en seres más capaces de Dios. Viene el Hijo del Hombre a nuestro encuentro y hemos de estar preparados para alzar las alas y comprobar que si te fías de Él puedes llegar a volar.

Sé que es muy difícil salir de las rutinas, romper con los moldes a los que nos hemos ido acostumbrando, pero sabes bien que eso no es suficiente para que tu vida pueda considerarse feliz del todo. Mira dentro ¿qué horizonte esperas? ¿Te basta con ser cigarra u hormiga o has nacido para ser Hijo de Dios? Levántate, se acerca el día de nuestra liberación. Él ya viene y eso lo cambia todo. Comienza, confía, ilusiónate, prepárate, adiestra tu corazón en el noble arte de esperar al que es el Amor.

Una tierra nueva y un nuevo cielo están por venir, sumarse a la lucha para que sean posibles exige una transformación profunda en nosotros. Ahora por fin va a ser posible el cumplimiento de nuestros mejores sueños. Ya están a nuestro alcance. Jesucristo viene a vencer. ¿Vas a propiciar su venida con tu actitud?