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sábado, 22 de enero de 2022

A vueltas con la paz

A VUELTAS CON LA PAZ



Dicen que las palabras se las lleva el viento, y así es en gran medida, pero no siempre. Puede que haya palabras y palabras. Me explico: son las mismas, esas que estoy empleando en este momento o esas que la Real Academia Española estudia, clasifica, limpia, fija y da esplendor. Pues parece que del todo no se las lleva ninguno de los vientos que soplen, vengan de dónde vengan.

Tampoco se ha llevado las palabras que dijo el que es la Palabra, esto es, Jesucristo, porque la Iglesia a través de la historia, del devenir no siempre proclive a valorar y mantener lo valioso, ha sabido custodiar y proclamar a los cuatro vientos.

También en los anaqueles de la bibliotecas descansan innumerables tesoros de palabras escritas a la espera de su lector. Y mientras aguardan no pierden ni un ápice de su belleza, de su intensidad, de su grandiosa propuesta.

Por tanto, tal vez ocurra que lo que difiere entre esas palabras volátiles, que se lleva el viento sin más ni más, y esas otras que permanecen tan vivas, sea lo qué dicen y el cómo lo dicen.

Hoy vamos a darle la oportunidad a las palabras escritas con el corazón por un hombre admirable, sencillas, pero audaces, porque merecen la pena volver a escucharse y aprender de ellas una vez más.

LA PAZ NUESTRA DE CADA DÍA por José Luis Martín Descalzo

Mi amigo Pepe Cóleras es un antimilitarista furibundo. Vive, desde hace algunos años, obsesionado por el tema de la guerra. Se sabe de memoria el número de cabezas atómicas que tiene cada uno de los posibles contendientes, la instalación de los misiles, la capacidad de sus portaaviones y bombarderos, la cifra de posibles megatones que podrían hacer estallar.

Pero Pepe no se contenta con conocer las cosas: las pone en acción. No hay manifestación antibelicista o ecologista en la que no tome parte. Es experto en pancartas, en slogans, en canciones pacifistas. No fue objetor de conciencia porque descubrió el antimilitarismo cuando ya quedaba lejos el servicio militar, aunque aún sueña a veces con los años de cárcel que hubiera podido pasar en caso de haber sido tan gloriosamente objetor.

Para compensar este retraso, Pepe Cóleras se ha encadenado ya cuatro veces a la puerta de otros tantos cuarteles y ha participado ya en varias marchas contra centrales nucleares, y nada menos que en cuarenta y dos -contadas las lleva- manifestaciones contra la OTAN. Aún enseña con orgullo la cicatriz («la condecoración», según él) que una pelota de goma le dejó en el pómulo y la oreja derechos.

Lo extraño es que todo este pacifismo se le olvida a Pepe en su vida cotidiana, que parece más inscrita bajo el signo de su apellido que de sus planteamientos antibélicos. Porque Pepe es discutidor y encizañador en la oficina, intolerante con su mujer, duro con sus hijos, despectivo hacia su suegra, áspero con su portero y sus vecinos. Y toda la paz que sueña para el mundo se olvida de cultivarla en su casa.

Escribo esta pequeña parábola no para devaluar la acción pública contra la guerra (en un mundo tan loco como éste en que vivimos, todo servicio a la paz merece elogios), sino para recordar que, al fin, la gran paz del mundo sólo se construirá con la suma de muchos millones de pequeñas porciones de paz en la vida de cada uno.

Yo tengo la impresión de que muchos de nuestros contemporáneos viven angustiados ante la idea de que un día un militar o un político idiota apretarán un botoncito que hará saltar el mundo en pedazos, y no se dan cuenta de que hay en el mundo no uno, sino tres mil millones de idiotas que cada día apretamos el botoncito de nuestro egoísmo, mil veces más peligroso que todas las bombas atómicas. Y a mí me preocupa, claro, la gran guerra posible; pero más me preocupa que, mientras tememos esa gran guerra, no veamos siquiera esas mil pequeñas guerras de nervios y tensión en las que vivimos permanentemente sumergidos.

¡Qué pocas almas pacíficas y pacificadoras se encuentra uno en la vida cotidiana! Hablas con la gente, y a la segunda de cambio te sacan sus rencorcillos, sus miedos; te muestran su alma construida, si no de espadas, sí, al menos, de alfileres. ¡Qué gusto, en cambio, cuando te topas con ese tipo de personas que irradian serenidad; que conocen, sí, los males del mundo, pero no viven obsesionados por ellos; que respiran ganas de vivir y de construir!

Hace años se publicó una novela que se titulaba La paz empieza nunca. A mí me gustaría escribir algo que se llamase «la paz empieza dentro». Porque me parece que creer que una posible futura guerra depende, ante todo, de los nervios o de la dureza de los que gobiernan hoy, como se echa la culpa de las pasadas a Hitler o Stalin, es una simple coartada: la fabricación de chivos expiatorios para librarnos nosotros de nuestras responsabilidades. El mundo tiene líderes violentos cuando es el propio mundo violento. Si el mundo fuese pacífico, los líderes violentos estarían en sus casas mordiéndose las uñas. La guerra no está en los cañones, sino en las almas de los que sueñan en dispararlos. Y los disparan.

Me gusta, por eso, que el Diccionario cuando define la palabra «paz» ponga como primera acepción la interior y la defina como la «virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y a las pasiones».

Con esta definición ciertamente el mundo está ya en guerra. Porque ¿quién conoce hoy ese don milagroso de un alma tranquila sosegada? ¿Quién no vive turbado y con todas las pasiones despiertas? Nunca floreció tanto la angustia; nunca abundó tanto la polémica; nunca fueron tan anchos los reinos de la cólera y la ira. Basta abrir un periódico para comprobarlo.

Y, como es lógico, no estoy hablando de la falsa paz de los cementerios, de la que ya hablara hace un montón de siglos Horacio, el poeta latino. «Hacen un desierto y llámanlo paz.» Hablo, por el contrario, de la paz como florecimiento de la vida, según aquello de Gracián que recordaba que «hombre de gran paz, hombre de mucha vida». 0, si se prefiere, según la mejor definición que de la paz conozco, la que diera Santo Tomás al presentarla como «la tranquilidad activa del orden en libertad». Hoy, es sabido, oscilamos entre el orden sin libertad y la libertad sin orden, con lo que nos quedamos sin tranquilidad y sin acción.

Habría que empezar, me parece, por curar las almas. Por descubrir que nadie puede traernos la paz sino nosotros mismos. Y que cuando se dice que hay que preparar la guerra para conseguir la paz, eso sólo es verdadero si se refiere a la guerra interior contra nuestros propios desmelenamientos interiores.

Las únicas armas verdaderas contra la guerra son la sonrisa y el perdón, que juntos producen la ternura. De ahí que alguien que quiere a su mujer y a sus hijos sea mucho más antibelicista que quienes acuden a manifestaciones. De ahí que un buen compañero de oficina que siempre tiene a punto un buen chiste sea más útil para el mundo que quienes escriben pancartas. O que quien sabe escuchar a un viejo y acompañar a un solitario sea mil veces más pacificador que quien protesta contra la carrera de armamentos. Porque el armamento que más abunda en este siglo xx es el vinagre de las almas, que mata a diario sin declaraciones de guerras.

No puedo ahora recordar sin emoción a uno de los más grandes pacificadores de este siglo, el querido Papa Juan XXIII. Hizo mucho, ciertamente, con su Pacem in terris, pero esta encíclica ¿qué otra cosa fue sino el desarrollo ideológico de lo que antes nos había explicado con su sonrisa? Con mil hombres serenos, sonrientes, abiertos, confiados y humanamente cristianos como él, el mundo estaría salvado. Pero no se salvará con pancartas y manifestaciones.

SÉ TU MEJOR VERSIÓN Y BUSCA LA CONCORDIA PARA ALCANZAR LA PAZ

sábado, 8 de enero de 2022

Un nuevo comienzo

 UN NUEVO COMIENZO


Es sin duda una verdadera suerte estar siempre de estreno, estar siempre comenzando, seguir, sí pero seguir en la novedad que cada presente nos va proporcionando. A veces cometemos el tremendo error de dejarnos llevar por la inercia y el atolondramiento sin llegar a caer en la cuenta de que lo más importante de la vida es que esta -y a nosotros con ella- se renueva a cada momento. Sí, lo repito de nuevo, estamos continuamente de estreno, renovándonos.

En estos días que volvemos a las clases después de las vacaciones de Navidad podemos preguntarnos: ¿Cómo volvemos? ¿Qué nuevo comienzo estamos dispuestos a empezar a vivir? ¿Vamos a seguir exactamente igual que antes? ¿O a tiempo nuevo cara y actitud nueva?

Efectivamente estamos ya en el año del Señor de 2022. Hace nada celebrábamos que Jesús nos había nacido en Belén; y después de esto ¿qué? ¿Ha servido para algo su nacimiento? ¿Te ha afectado de alguna manera a tu forma de ser y de vivir? ¿En qué quedó toda la alegría y la ilusión de estos días?

¡Qué bueno sería que de todo lo vivido en estos pasados días, que Dios se hace hombre, pudiéramos sacar algo para esa mejor versión de cada uno de nosotros! ¿Puede ser posible?

Pues para empezar ese año nuevo que como hemos dicho estamos estrenando, si os parece podríamos empezar deseándonos y diciéndonos los mejores deseos que salgan de nuestro corazón. Sí, soñar y desear a lo grande, pero no solo para uno mismo, sino esta vez para los demás. Y si además no nos conformamos solo con desear lo mejor a los demás y expresarlo, sino que además contribuimos a que les ocurra.

Aprovechemos este nuevo comienzo para ampliar un poco la mirada y, en lugar de mirar de manera exclusiva por mi, mis deseos, mis agobios y tristezas, empezamos a incluir a todas aquellas personas que nos aman y amamos. Entonces sí que estaremos estrenando un periodo nuevo, mejor y maravillosos para todos los seres humanos, porque todos estaremos implicados en construir un mundo mejor, conforme a la voluntad de Dios, conforme al corazón inmenso de este Dios con nosotros.

¡¡¡Empecemos!!!



lunes, 13 de septiembre de 2021

SÉ TU MEJOR VERSIÖN

 SÉ TU MEJOR VERSIÓN


Encuentra tu mejor versión.

Porque nadie puede alumbrar por ti,

saber por ti.

Nadie puede crecer por ti.

Nadie puede buscar por ti.

Nadie. Solo tú.

Encuentra tu mejor versión,

no es necesario que copies o imites a nadie,

tú, sí, tú y solo tú eres por si solo único, original e irrepetible.

Danos tu mejor versión.

¿Crees que puedes quedarte en alguien que no sabe sacar lo mejor de lo que llevas dentro?

No serías tú,

ni nadie podría llegar a conocer de lo que tú eres capaz,

y ni siquiera tú lo llegarías a conocer.

Llegar a ser la persona que quieres,

esa que en el fondo sabes que puedes ser,

está en tu mano.

Convierte este curso en la gran oportunidad.

Sí, juntos lo vamos a conseguir.

Ponle empeño, ponle ilusión.

El secreto: poner a trabajar tus talentos.

Sabemos de dónde partimos,

pero todavía no lo que podrás lograr.

¿Es que no te vas a atrever?

La mejor versión de ti, y de todos nosotros, es posible,

en lo académico, pero también en lo personal.



domingo, 6 de diciembre de 2020

Segunda semana de Adviento: Allanad el camino al Señor

 

ADVIENTO

TIEMPO DE ESPERANZA


2ª SEMANA DE ADVIENTO

Tiempo de cambiar



Palabra del Señor

¿Qué Tenemos que hacer? ¿Cómo podemos propiciar ese camino de llegada del Señor? ¿Cómo allanar sus caminos? ¿Cómo disponer nuestro corazón? ¿Qué quiere expresar esa segunda vela que encendemos en nuestra corona de Adviento?  



domingo, 13 de septiembre de 2020

Me gusta cuidarte

 

Con mucha ilusión os presentamos el lema de la Fundación Educación y Evangelio, de la que nuestro Colegio forma parte, para este curso 2020-21. Nos identificamos completamente con este lema, porque hemos aprendido de María que ser Providencia es cuidar y dejarse cuidar por el amor misericordioso e incondicional de Dios.

Este curso, debido a la pandemia, nos va a servir para ponernos manos a la obra y realizar, día a día, la hermosa tarea de cuidarnos los unos a los otros, porque nos sentimos miembros de una gran familia y no estamos dispuestos a que nos pase nada a nadie. La mejor manera de SER PARA LOS DEMÁS es ejerciendo el cuidado (de los alumnos, de las familias, de los profesores) hasta en los más mínimo detalle.

¡Qué hermoso reto para llevar a la práctica en nuestro colegio! 

Qué bueno sería que una vez descubierto que tanto tú como yo somos vulnerables,

aprendiéramos a estar más pendientes los unos de los otros.


Qué bueno sería que lo que estamos viviendo en estos tiempos difíciles

nos sirviera por fin para aprender

que lo importante es estar bien con todos y a buscar el bien del otro,

porque siempre es la mejor manera de construir nuestra felicidad.


Qué bueno sería que aprovechásemos la gran oportunidad que se nos ofrece

para sacar del corazón lo más valioso que portamos dentro:

esas ganas irrefrenables de favorecer la vida, toda la vida,

amando con ilusión y compromiso, para convivir cuidándonos los unos de los otros.


Qué bueno sería que saliéramos de nuestros egocentrismos microscópicos

para saber mirar alrededor con altura de miras

y entender esas razones del corazón que nos llevan a vivir simplemente

más atentos a las necesidades y problemas de los que hacemos el camino juntos.


Qué bueno sería que cada día en nuestro colegio

viviéramos ese bello arte de dar y cuidar:

ser para los demás con un corazón valiente,

porque eso es ser PROVIDENCIA y este es nuestro empeño.

¿Te apuntas también tú? ¡Vamos!