sábado, 28 de febrero de 2026

Adentrarse en el laberinto

ADENTRARSE EN EL LABERINTO


Buena gana de calentarse la cabeza, de complicarse, de meterse en camisas de once varas. Bastantes complicaciones ya tenemos, como para que con motivo de la Cuaresma además se nos invite a dejar las comodidades en las que nos hemos instalado, para internarnos en otro lío del que no sabemos si nos llevará a algún sitio, y ni siquiera si esa supuesta salida es adonde queríamos llegar. Lo habitual suele ser quedarnos en la trinchera, tal y como estamos e ir campeando el temporal según vaya viniendo; es decir limitarnos a una pasividad temerosa. ¿Pero acaso la vida es sólo eso o en algún momento habrá que atreverse a algo por lo demás necesario? Sea como sea, hay un poderoso impedimento que nos tiene paralizados a la mayor parte de los mortales, y por ello terminamos conformándonos con unos mínimos vitales que no nos satisfacen. Somos más, aspiramos a más, pero nos quedamos en mucho menos.

Ahora bien, el camino cuaresmal, si es que estamos dispuestos a afrontarlo, nos va a llevar a un atolladero, a todo un laberinto existencial del que no sabemos a ciencia cierta si sabremos resolverlo. ¡Ay de aquellos que nunca jamás se atrevan a cruzar por ese laberinto o desierto que portamos dentro de nosotros! ¿Cómo plantearnos nuestra propia identidad sin buscar en nuestro propio interior laberíntico? Puede que eso que creemos ser, y que nos suele venir dado desde parámetros externos a nosotros, no sea más que un disfraz coercitivo que nos impide mostrar nuestro verdadero rostro. Habrá que escapar de identidades incompletas o incluso faltas que hemos ido asumiendo.

Al menos en Cuaresma toca tratar de ponerse en verdad ante nosotros y ante Dios, sin engaños, sin tapujos y sin excusas. Y ello requiere ponerse en marcha, atreverse, adentrarse en ese exilio voluntario de inadaptación y comenzar a lanzarse preguntas de largo alcance. De igual manera que un árbol no puede llegar a alcanzar todo su desarrollo si no crece hacia adentro en la tierra, en lo secreto, y allí encontrar el fundamente en que sostenerse, cada uno de nosotros no podrá desarrollar su potencial si a la vez no indaga en lo profundo y echa raíces potentes que le permitan sostenerse con firmeza. Claro que les va a costar trabajo a las raíces abrirse paso en la oscuridad de la tierra, pero es esa la manera de poder afianzarse para después extender tronco y ramas con poderío y gracia.

Abrán, que presta atención a la voz de Dios por encima de otras voces y ruidos, emprende su viaje dejando atrás aquello que era y poseía buscando lo que no sabía, lo que en verdad debía ser. Tras esa partida y el recorrido en post de lo intuido ya será Abrahán. En este tiempo de Cuaresma también hemos de aventurarnos nosotros en esa búsqueda que nos conduzca a la proximidad con lo que Dios nos tiene preparado. Si no acudimos al encuentro con el Dios más íntimo a nosotros que nosotros mismos, no aprovecharemos ese itinerario que se nos ofrece. El laberinto primero te llevará adentro, al secreto, y de allí saldrás transformado, con una certeza que brotará de la experiencia, y habrás echado raíces que te nutrirán y sostendrán.

Durante ese viaje interior no vas a estar solo sino guiado por Aquel que te llama. Él te aguarda y te acompaña, Él cuida de ti y te sostiene, Él es la brújula que te orienta para cruzar el desierto o el laberinto sin posibilidad de extraviarte. Amárrate bien al timón que te mantendrá en el rumbo correcto. Cuentas con la fuerza de su misericordia y los vientos son favorables. Sal de tu tierra, emprende tu viaje.

Si sigues, y Él te lo permite, podrás también ascender con Cristo al monte Tabor. Vas a participar en algo insólito. Allí, en lo secreto, te va a ser mostrado lo que permanece y permanecerá oculto: la verdadera naturaleza de Jesús, enteramente hombre y Dios, ese, el Hijo amado en el que se complace el Padre y que hemos de escucharlo para tener verdadera Vida y verdaderas raíces. Es el monte de la transfiguración, el que asciende allí, como si se hubiera sumergido de lleno en el misterio de Dios, bajará del monte también transfigurado. Ya no serás el mismo que subiste, tal y como el que ha sido capaz de encontrar la salida del laberinto, en sí llevará también la zarza ardiendo, esa llama que abrasa pero no se consume; esa que otorga Dios a los que aprenden a transfigurarse en la llama del amor.

Si superamos comodidades, reparos, perezas, miedos y bloqueos y nos atreveremos a adentrarnos en el laberinto, aunque haya pruebas y soledad, también habrá hallazgo y verdad. Si activamos nuestra libertad personal fundamental, la que tiene sed de Dios, aprovecharemos esta Cuaresma también para transformarnos con Él. Vamos hacia Jerusalén con Jesús. Ha de ser un camino de desprendimiento y liberación, una purificación. Vamos a la entrega del Hijo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Podemos ascender con Él, podemos ser sus seguidores, o por contra quedarnos al margen, como si lo que aconteció, acontece y acontecerá no fuera con nosotros.

Es necesario superar lo que todavía no se es, atravesar la oscuridad del sinsentido, para descubrir a Aquél que se nos transfigura, el que es luz del mundo y puede ser la luz en la que reconocer el rostro del Dios humanado, del rostro del hermano y de también de tu propio rostro humano. A su luz, a la luz posible por la oración. Caminemos, pues, hacia la claridad, aunque sea incierto aún el camino.

sábado, 21 de febrero de 2026

Darle la vuelta al calcetín

 DARLE LA VUELTA AL CALCETÍN


Con frecuencia no nos damos cuenta de que las cosas son susceptibles de modificación, incluso de poder darle por completo la vuelta. Es comprensible que nos adaptemos a lo que hay, pero esta acomodación no debe evitar el deseo de mejora, porque si no estaríamos condenados a someternos a una realidad que se nos impone de modo tiránico. Es por eso que cualquier persona con un alto nivel de esfuerzo y superación, no se rinde fácilmente, aunque la situación con la que tenga que campear no tenga demasiados visos de llegar a una solución satisfactoria. Al menos lo intenta.

Un partido de tenis se puede remontar aún cuando todo parezca avocado a la inminente derrota. Que se lo digan, si no, a nuestro grandísimo campeón Rafa Nadal, pues como hubiese la más mínima posibilidad de remontar, ahí iba a estar, pegando fuerte y nunca viéndose como perdedor. Y es que hay que ser capaz de ver las inmensas posibilidades que quedan inadvertidas incluso donde todos dan ya la batalla por perdida. El mismo Albert Einstein decía que "En medio de la dificultad se encuentra la oportunidad. No trates de ser una persona de éxito, trata de ser una persona de valor. El éxito es efímero, pero el valor deja huella. Lo que realmente define a alguien no es cuánto logra, sino cómo contribuye al mundo. La creatividad, la curiosidad y la capacidad de cuestionarlo todo son las herramientas que transforman los problemas en posibilidades". Así que el que es capaz de intentarlo es el que puede llegar a ser capaz de darle la vuelta al calcetín del problema, de la pregunta o del atolladero, y encontrar finalmente un camino por el que avanzar.

Tenemos en nuestro idioma diferentes expresiones para indicar lo que supone la capacidad de transformar completamente una situación: "giro inesperado" "darle la vuelta a la tortilla" o "darle la vuelta al calcetín". Cada una de estas frases hechas tiene su particularidad: la primera parece no aludir al agente que realiza la acción; la segunda tiene el sentido de completar una acción; mientras que la tercera expresaría una capacidad de resolver drástica y sencillamente una situación complicada. "Ponerlo todo patas arriba" no implica que se resuelva, pero sí que se trata de alterar con todo aquello que no debía estar más como estaba. A veces hay que atreverse a tomar esas decisiones que desbloquean y permiten comenzar de otra manera o al menos encontrar una salida.

Y metidos ya el el tiempo litúrgico fuerte de la Cuaresma, toca exponerse a aquello que incluso tratamos insistentemente de evitar plantearnos. No queda otra, en Cuaresma no es que nos pongamos de serio riguroso, es que nos ponemos a tratar de coger al toro por los cuernos, en lugar de seguir escapando de nosotros mismos y de aquellas pseudo verdades útiles para andar por casa.

Empezando por el Génesis -que siempre será buen comienzo-, vemos a Adán y Eva haciendo y un uso cuestionable de su libertad paradisiaca, y saltándose a la torera el mandato divino. No debía ser para nuestros primeros padres suficientemente apetecible el múltiple bien y la concordia inicial, y, tal vez debido a la propia condición humana, terminaron por hacer lo único que no debían hacer. Pero como muy bien nos indica San Pablo en la carta a los Romanos, es el mismo Jesucristo el que viene al mundo a darle por completo la vuelta al calcetín de la situación creada por nuestros famosos antecesores. Sin embargo Cristo sí obedece, reestablece y perfecciona la unión entre el Creador y sus criaturas.

Y en el evangelio de este primer domingo de Cuaresma vemos a Jesús internarse en el desierto para encontrarse allí, superando las pruebas de las tentaciones, con la verdad irrebatible de su condición de mesías y salvador. Y es que sin desierto ni prueba no sale a relucir la verdadera identidad oculta de lo que cada uno es. Es ahí, en el meollo del problema, en donde anda suelta y oculta la solución que debemos encontrar. No es que sea una aguja en un pajar, sino que en el desolado desierto cuaresmal, se trataría más de hallar una luz fundamental en medio de un vasto dominio de arenas fulminadas por un sol arrasador. Para rescatar al hombre y devolverlo a su verdadera condición original, debía el mismo Dios hacerse hombre, para que todos pudiéramos volver a ser humanos retomando la vinculación con el Dios del que nunca debimos desgajarnos. Jesús, por tanto, enfrentándose a la necesidad y al tentador, es como nos gana para sí y nos libera.

No nos engañemos, llevando una vida superficial y comodona, y perfectamente instalada en lo banal, el calcetín de nuestra propia existencia está y estará del revés. Hay que atreverse, exponerse, dar la cara e incluso la batalla. Seamos libres para asumir riesgos, para pensar, sentir y discernir por nosotros mismos. Vamos, que el tiempo cuaresmal ha empezado y el desierto está también dentro de uno esperándonos. Él venció y nosotros con Él vamos a vencer también. Alejémonos ya de los espejismos de la irrealidad e internémonos ya en la prueba. Trata de convertirte en alguien que se sabe también espiritual. Tú y tus más profundas verdades están en juego. Ahí, en el laberinto de lo que no es ni satisface estará la solución que tanto anhelas. ¿Te atreves? Tal vez del desierto logres sacar un verdadero Edén, o al menos la satisfacción de conocer tu identidad real, pero para ello habrás de darle necesariamente la vuelta al calcetín.

sábado, 14 de febrero de 2026

Acertar de pleno

ACERTAR DE PLENO


Basta con un poquito de maña y práctica para comenzar a adiestrarse en el tiro con arco. Si además se cuenta con un buen monitor y se persevera, lo lógico es ir progresando y afinar poco a poco la puntería. Tal vez podríamos aventurarnos a establecer similitudes entre esto del tiro al arco y una vida que tensa, que se esfuerza y apunta un objetivo lejano, pero preciso. Cada intento supone arriesgarse: bien se puede fallar, bien se puede acertar. Así, por ello, en la vida deberíamos también tratar de ir adquiriendo cierta pericia en el noble arte vivir; pero las evidencias muestran que no siempre se tiene esa disposición para la adquisición de conocimientos, destrezas, habilidades y competencias necesarias para acertar de lleno con una biografía que produzca satisfacción, propia y ajena, que obtenga la calificación máxima.

¿Qué nos impide al menos tratar de conseguir vivir con cierto mérito y de manera honesta? Basta prestar atención a aquellos que optaron por la vía fácil frente a los que su existencia ha consistido en todo un ejemplo de superación. Fueron afinando la puntería, para acabar acertando de pleno. ¿Por qué entonces nos obcecamos tantas veces en emular a los que mal empiezan y peor aún acaban? ¿Es que no estamos ya suficientemente advertidos de vidas extraviadas? De necedad habría que calificar la elección de aquellos que habiendo sido advertidos persisten en vivir como insensatos. Poco piensan por sí mismos, se dejan llevar sin control ni dominio propio, son pasto del capricho o del viento que sopla an cada momento. No logran hacerse con las riendas de su vida, y por ello no llegan a buen término.

Y es que afortunadamente no partimos de la nada, sino que podemos aprovechar el tesoro que nos han legado los maestros que en el mundo han sido, para establecer el suelo nutricio adecuado en el que arraigarnos. Contamos con su experiencia, con su rico bagaje, con un saber verdaderamente aprovechable. Hubo y hay hombres sabios de los que se puede aprender mucho. Desde ahí que haya que tratar de descubrir lo valioso de sus enseñanzas para afinar el tino de nuestras decisiones. Hagamos, por tanto, el esfuerzo es escuchar y escrutar la sabiduría recibida, para que desde ella podamos aprender el camino recto que conduce al acierto. No es lamentable errar, pero, sin embargo, sí que lo será si fallamos por descuido o desinterés, echando en saco roto lo mejor del mensaje que nos ha hecho llegar la tradición sapiencial.

Las lecturas de este VI domingo de tiempo ordinario, previo ya a la inminente Cuaresma, nos avisan que no nos queda otra que optar, hacer uso de nuestra libertad, para amar de manera abierta y sincera o limitarnos a un amor egocéntrico, pacato y cerrado. Si quieres vivir a la manera que Dios te propone, valora y agradece, en lugar de exigir y quejarte; reconcíliate con el hermano, piensa, siente y actúa conforme a los mandatos del Señor, creador del hombre y del universo, y no atentes contra su voluntad. Procura que tu comportamiento sea intachable, por mucho que los reclamos para no hacerlo sean numerosos. Cada uno ha de ser responsable de lo que hace y de lo que deja de hacer, aún teniendo la posibilidad de haberlo realizado. Ahí está el acierto o el fallo, y también el secreto que nos capacita para lograr la plenitud, porque no es sino amando como se llega a ella.

Los seres humanos, hoy como ayer y como siempre, con toda urgencia, hemos de superar una condición humana reductora, que no desarrolla todo su potencial. Hemos sido hechos para Dios, y como dice San Agustín, nuestro corazón no está satisfecho hasta que no descansa en Él. Si quieres seguir tu propia ley al margen de la de Dios, para utilizar al resto de semejantes según tu interés: sólo cosecharás dolor e insatisfacción. Por contra, si accedes, acoges y amas como Él nos enseña, puedes considerarte sabio, pues sigues al que es la Sabiduría.

Aprovecha esta vida, no la desperdicies ni malogres; intenta acertar de pleno. Dentro de ti, allá donde la conciencia se hace oír, allí el Señor te habla a lo más íntimo. Si escuchas esa voz y actúas en consecuencia, tu acierto será pleno, y no tendrás duda de ello. Además, para los que aciertan hay un premio eterno, sin que la Agencia Tributaria pueda mermártelo, porque hay que dar al César lo que es del César, pero a Dios lo que de verdad cuenta, lo que verdaderamente está en juego.

Vive para lo grande, no te quedes en el engaño del gozo inmediato ni de las posesiones materiales, pues el mundo suele publicitar una manera fraudulenta de conducirte, no buscando tu bien sino otros intereses inconfesables. Descubre, pues, la grandeza de la vida vivida desde el espíritu. Recompón tu perspectiva con sabiduría y acierto: escucha, conecta, transforma, pues Dios se ha hecho carne real y todo está lleno de su gloria para los que saben descubrirlo y admirarlo. Goza de Dios y de los hermanos y de la vida vivida con acierto. No lo lamentarás. Aprovecha que viene la Cuaresma para depurar lo que en verdad merece la pena.

sábado, 7 de febrero de 2026

En el lado correcto

EN EL LADO CORRECTO

De manera consciente o no, en la vida nos vamos posicionando hacia un lado u otro de la balanza. A ser posible, al menos deberíamos saber dónde nos encontramos ubicados, por si es ese el lado en el que queremos estar, o, por contra, cambiarnos al que consideremos el correcto. Conviene por ello saber en qué territorio nos encontramos, para poder decidir hacia dónde seguir avanzando, o por dónde retroceder, en el caso de advertir que andamos extraviados. Se hace verdaderamente preocupante no saber ni en dónde se ubica uno, porque entonces se estará perdido por completo.

Es frecuente también que defendamos unas ideas como si estuviésemos instalados en una orilla, pero a la hora de la verdad actuemos de una manera totalmente opuesta. Eso pondría en evidencia nuestra falta de congruencia: creemos estar en una determinada posición, pero nuestras acciones y decisiones lo desmienten, porque ocupamos una muy distinta sin ni siquiera haberlo advertido. Muchas veces llevamos puestas las orejeras del propio interés o de la ideología, con las que nos impedimos a nosotros mismos contemplar otros posibles espacios, salvo aquel en el que nos encontramos férreamente establecidos, es decir, en nuestra zona de no atrevernos a nada, no arriesgarse, e impedir todo crecimiento, apertura y transformación. En fin, sumidos en una auténtica parálisis existencial.

El otro día nos contó una profesora de nuestro centro un cuento de esos que si uno quiere aprovecharlo, da para plantearse cuestiones de hondo calado. Decía que para hacer consciente a su hija sobre cómo le afectaban las cosas y prepararla para la vida, un padre le hizo poner tres cazos con agua a hervir. En el primero colocó una zanahoria, en el segundo un huevo, y en el tercero un puñadito de granos de café. La zanahoria sometida al agua en ebullición se ablandó; el huevo se endureció; pero los granos de café generaron un café aromático y delicioso. Por lo que, dependiendo de dónde se encuentre cada cada uno, se reaccionará de manera diferente. Los dos primeros entendieron que no era para nada su lugar el agua caliente al que estaban siendo sometidos, que estaban se encontraban en medio hostil. La zanahoria se dejó ganar cambiando su dureza en lo contrario, mientras que el huevo pretendió vencer su fragilidad solidificándose. Sólo los granos de café encontraron que el agua hirviendo sí podía ser un lugar idóneo para sacar de sí aquello que guardaban, pues el calor del agua era su aliado.

Cuántas veces nosotros no sabemos estar en el lado adecuado. Cuántas veces el lugar no parece ser el mejor para nosotros. Si admitimos que estando ahí poco vamos a dar de sí, porque no estamos donde podemos desplegar en gran medida lo que verdaderamente somos, reaccionaremos como la zanahoria o como el huevo, pero no como los granos de café. Sin embargo, aún sabiendo que toda dificultad encierra oportunidades para la transformación -lo que no implica que la ausencia de dificultades también las tiene-, la comodidad nos impide en ocasiones aprovecharlas. Y es que estar en el lado correcto no suele suponer que este se convierta en el más fácil y confortable, sino que exige valor, decisión y normalmente complicaciones.

Una vez más, semana a semana y domingo a domingo, la liturgia nos orienta y alienta. ¿Dónde te sitúas? ¿Buscas destacar y sólo llevar una existencia comodona y privilegiada? ¿O el ser cristiano te mueve a ocupar el lugar en el que no te puedes vender para colocarte en una posición destacada? Hay que revisar las coordenadas a la luz de la conciencia y de las lecturas de este V domingo de tiempo ordinario. El profeta Isaías nos indica el lugar correcto para ser vida abierta a los demás: comparte, hospeda, no te desentiendas. No debes ocultarte como Adán o Caín tras la transgresión cometida, sino afirmar sin miedo "Aquí estoy", en el lugar donde acierto a buscar y cumplir tu voluntad. Esa es la luz que brilla cuando el hombre ama y hace el bien a sus hermanos.

No ocupemos por más tiempo el territorio de las sombras, los engaños, manipulaciones, traiciones y excusas. Tratemos de ocupar el puesto del que está dispuesto a servir, el humilde, el compasivo. Porque hemos de ser la sal y la luz de la tierra, y hemos de propiciar que este mundo deje de ser un mundo hostil e inhumano. Comprometámonos en lo poco, pero necesario, que esté en nuestras manos. Así este mundo brillará como solo puede brillar la tierra cuando esta es semejante al Reino de Dios. Hay que situarse ya y en el lado más conveniente para todos, ese en el que Dios te pide que habites siendo sal que da sabor y luz que logra que la belleza salga a relucir.

Desde muy joven, San Juan XXIII se propuso a sí mismo un decálogo para propiciar estar en ese lado correcto y no malograr su existencia. Escribió el famoso Decálogo de la serenidad. Si lo ponemos en práctica también nosotros podremos situarnos en el mismo lugar que él, el Papa Bueno, que coincide de pleno con el mismo lugar de Jesucristo. Si al joven Roncalli le sirvieron, también a nosotros puedan servirnos.

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente al día, sin querer resolver los problemas de mi vida todos de una vez.

2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé criticar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.


3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.

4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos..

5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9.- Sólo por hoy creeré firmemente -aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena Providencia de Dios se ocupa de mí, como si nadie más existiera en el mundo.

10.- Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

¡Ánimo, que es tiempo propicio para llevar a la práctica este Decálogo, aunque sólo sea por hoy!