Blog de la Pastoral del Colegio Santa Mª de la Providencia
sábado, 30 de mayo de 2026
Quien a su familia se parece
sábado, 23 de mayo de 2026
La fórmula magistral
LA FÓRMULA MAGISTRAL
Andan en ello, denodadamente están los laboratorio antiguos y modernos, tras la fórmula secreta que dé por fin con la pastillita de la eterna juventud. La ciencia, de la mano de la ultimísima tecnología, cree que en breve tendrán a disposición de los mayores acaudaladas fortunas un remedio útil, si no contra el paso del tiempo, al menos conta el envejecimiento y conseguir detener los estragos que la avanzada edad realiza en nuestro frágil organismo. Antaño ser mayor solía conllevar el ser sabio, o al menos venerable por la experiencia vital acumulada. Hoy, en lugar de aceptar y valorar cada etapa de la vida y el fin natural de nuestros días, nos hemos rebelado contra el declive natural del organismo. Son muchas las dolencias y sufrimientos de los seres humanos, algunos producidos por la enfermedad, pero otros por la pobreza, la desigualdad, el hambre o la guerra. Esas deben de importarles bastante menos a los pudientes, porque no les terminan de parecer dignas de solución, pero la vejez sí, para los que sólo se preocupan de sí mismos y de lo que les afecta a ellos.
Puede que vivir consista más en desgastarse por el bien de los demás, que tratar de retener y acumular lo que biológicamente es contra natura. En una sociedad individualista y desvinculada, más propia de una terrible distopía que de los grupos verdaderamente humanos, cada cual iría exclusivamente a lo suyo siendo indiferente a los problemas e injusticias de los otros, a los que se termina considerando enemigos o rivales, pero no semejantes. Nada de lo humano nos debería resultar ajeno, y menos los rostros de las personas sufrientes. Sin embargo, parece que cada vez más nos estamos volviendo invisibles los unos a los otros, pues aunque los hombres no somos islas, a veces parece que sí lo fuésemos, y rodeados además de innumerables tiburones hambrientos.
Pero para este enfriamiento de lo que propiamente supone una pérdida de la calidez humana, sí hay remedio. Lo primero es ser consciente de lo que nos está sucediendo, y una vez que ya hemos dado con el mal que nos daña, tratar de acudir a aquel que pueda paliarlo o al menos aliviar los síntomas. Considero que perseverar en el daño sería una completa necedad. Antaño uno no se presentaba en la botica a que le diesen un remedio general y válido para todos, pues a cada dolencia había que personalizarle su remedio. Para eso, los especialistas, en el secreto de la trastienda, mezclaban cuidadosamente y preparaban la fórmula magistral específica para la dolencia del paciente. Eran otros tiempos y otra manera de relación interpersonal, donde médico, enfermo y boticario conocían sus nombres y hasta las vicisitudes de sus respectivas vidas.
Hoy cerramos el triunfo de Jesucristo, que estando muerto ha resucitado y nos dona su Espíritu. Hoy celebramos el inicio y andadura de la Iglesia, es decir, del cuerpo místico del Resucitado que desde entonces le anuncia y testimonia a lo largo de la Historia. La Historia es ahora historia de salvación, tanto para cada ser humano como colectiva, pues la Iglesia es católica, universal en el tiempo y en el espacio. Hoy recibimos con indescriptible júbilo los múltiples dones del Espíritu Santo. Este es el remedio personalizado que el Gran Boticario nos ha preparado como remedio para nuestra sanación. Necesitamos este desborde del amor de Dios para lograr llegar a desbordarnos nosotros de su amor y poder superar el aislamiento egoísta.
Alcemos la mirada, porque nos llega generoso el Espíritu para transformar el anquilosamiento que tristemente venimos asumiendo. Recuperemos al ser humano que prioriza el encuentro y el trato con los demás, en lugar de la ansiedad por hacer sin medida. Interactuemos con nuestros semejantes en lugar de con el móvil y demás ladrones de tiempo. Dedícate tiempo a ti, a los hermanos y a Dios, que esto siempre ha sido el norte de la vida humana. El Espíritu va a potenciar tu liberación, muchísimo más que esas bebidas energéticas que te mantienen activo físicamente, pero sólo eso, físicamente, pero no integralmente. Déjate activar por el Espíritu libertador, y verás lo que ocurre con tu vida.
Ya viene el papa, y trae debajo del brazo una carta encíclica, un mensaje irrenunciable para todos nosotros si queremos estar despiertos ante los retos de esta nueva etapa histórica. Aún podemos ser miembros activos de esta "Magnífica Humanitas", en lugar de pasivos en inconscientes víctimas de lo pueda ocurrir. Todos nosotros nos hemos de preparar para recibir al Espíritu que viene y a León XIV. Ambos son coincidentes, ambos hablan de la capacidad que tenemos los seres humanos para lograr un mundo habitable y sostenible, un lugar justo y en paz, un mundo digno de la dignidad de todo hombre, un mundo conforme a la voluntad del Dios de Jesús.
Aprovechemos esa confluencia de venidas para empezar a hacerlo posible. Empezando por cada uno de nosotros y responsabilizándonos también de lo comunitario. Se trata de vivir y realizar según el Evangelio, nada más y nada menos, porque es el mejor remedio a los males que nos afligen de forma global. Cristo no murió en vano, sino para darnos vida, y justamente ahora en estos días, con el envío de su Espíritu en Pentecostés, nos la da, capacitándonos para propiciar y acrecentar esa verdadera vida en este mundo que languidece por la falta de amor que le estamos dando. Ninguna tarea puede merecer más la pena que aquella que el Espíritu consolador nos vaya propiciando. Seamos dóciles colaboradores con Él y habremos acertado de pleno con lo mucho o poco que cada uno haya logrado, pues es lo que el mismo Dios trinitario nos pedía.
sábado, 16 de mayo de 2026
Alzad la mirada
ALZAD LA MIRADA
Si alguien se atreviese a librarse, aunque sólo fuera por un momento, del yugo de la pantalla del móvil, tal vez se percataría de que sus semejantes existen, merodean por doquier, no son virtuales, sino reales y dotados de carne y hueso. ¡Qué sorpresa, el mundo no es reductible a un mero visor! Y es que parece que el conocidísimo mito de la caverna de Platón es más actual que nunca. Sin duda estamos encadenados frente a un muro en que se nos proyectan sombras de sombras suficientemente manipuladas y creíbles, que tomamos y preferimos a la realidad monda y lironda. Y es que creemos que es preferible ver lo que han visto otros muchos, o lo que dictamina el Gran Hermano del algoritmo, a contemplar sencillamente lo que de verdad nos acontece, lo que tenemos delante, con su dosis inédita de belleza. Jamás deberíamos limitarnos a ver sólo a través del espejo.
Nos atrapa la pantalla; sucumbimos a la dictadura de la imagen y de las aplicaciones diseñadas para engancharnos. Les hemos entregado nuestra libertad y adormecido nuestras conciencias. Nunca nos han tenido más sometidos, pues ni siquiera han tenido que doblegarnos, ha sido una esclavitud libremente elegida. Y en este panorama de cesión de lo propiamente humano, se nos invita a romper con ese autosometimiento. La próxima visita de León XIV lleva como lema "Alzad la mirada". ¡Qué acierto!
Levantemos el corazón, pero para ello primero apartemos la mirada de la cárcel táctil de cristal. Tal vez basta por empezar con este pequeño gesto para descubrir el rostro del otro, el rostro del hermano, su verdad misma y la nuestra, que no tiene que coincidir exactamente con la que nos vienen presentando en los medios oficiales de la subrepticia oficialidad. Levantemos la mirada los unos y los otros para volver a suscitar el encuentro y la capacidad de relaciones efectivas y afectivas entre todos, escapando de las redes y de las interacciones meramente digitales. Recuperemos la capacidad de reconocernos aún humanos.
Empecemos al menos por eso, pero alzar la mirada supone no solamente un acto de regreso a lo humano, también supone un empoderamiento, un reconocimiento de nuestra dignidad y de nuestra capacitación para afrontar nuestro proyecto personal y comunitario. Que nadie nos conduzca sin más al atolladero de turno, hemos de ser protagonistas: pasar de la indiferencia y desafectación insensible a la toma de conciencia y al compromiso. Sí, hemos de levantar la cabeza porque hemos de abandonar el desaliento y desengaño generalizados, recupera la esperanza y las ganas de cambiar de rumbo. Todavía se le puede dar la vuelta a la tortilla, que empiece ya el motín abordo de la humanidad que pretende dejarse vencer por el tedio, la distracción permanente, el desánimo y la apatía. Tirar la toalla no puede ser una opción.
No sigamos cabizbajos enganchados a la deriva aceptada del que cree que no puede hacer nada. Los primeros apóstoles pudieron caer también presos de la desesperación tras la muerte en cruz del Maestro, pero Cristo resucitado se hizo presente y se lo impidió. Donde se le entrevé, donde está y se hace sentir, no puede cundir la desesperación, porque la fe comprende la certeza de su promesa, el triunfo inesperado de los débiles. Superemos esa tendencia feroz a la muerte del sentido, empeñémonos en volver a vivir para el amor de Dios y su voluntad transformadora de las realidades humanas. Nunca nos demos por vencidos, está con nosotros hasta el final de los tiempos.
Este domingo celebramos la solemnidad de la Ascensión a los cielos de Jesucristo. Cierra ya este periodo de se inició con el sepulcro vacío en la mañana del primer domingo de la historia. Él regresa con el Padre, para acercárnoslo mediante el envío de la fuerza del Consolador. Estas heridas suyas y nuestras, las de cada uno, serán ya focos de luz por la gracia que Él nos va a enviar en Pentecostés. Vamos allá, nos envía la fuerza de su Espíritu Santo que nos capacita para constituirnos Iglesia y ser anuncio y presencia de Cristo en esta tierra llamada a inflamarse de su amor. El ser humano es destinatario del amor de Dios y con su libertad liberada puede corresponder a su amor.
Él asciende y nosotros al alzar la mirada, el ánimo y el corazón, fortalecidos por su aliento nos quedamos aquí a la espera activa de su vuelta. Nos ha dejado instrucciones hemos de aprender a amar como Él nos amó, a servir como Él nos sirvió, a no dejar a nadie de lado, a ocuparnos los unos de los otros e invitarles a formar parte de su Reino. Que nadie se quede mirándose ya su ombligo si no quiere, cabizbajo y preso del desencanto. Es tiempo oportuno para el anuncio y aunar libertades que buscan con pasión la Verdad, la belleza y el bien. En la medida en que seamos verdaderos miembros de esta vida en Cristo, de quién procede la gracia, podremos ser auténticos ser testigos de la salvación que Dios nos regala.
Pronto vendrá León XIV a Madrid a refrescarnos el vigor y la alegría de que Cristo nos hace partícipes. Podremos encontrarnos con él, acogerle, escucharle, acoger sus palabras y tratar de llevarlas a término. Va a ser una fiesta poder estar cerca de este mensajero de la paz y de Jesucristo Resucitado. La Iglesia de Madrid se está preparando con entusiasmo. Viene a invitarnos a alzar la mirada, recobrar la esperanza y empezar a vivir según el evangelio. ¡Qué gran ocasión se nos presenta! No la dejemos escapar, va a ser un momento histórico, un verdadero regalo de Dios para todos nosotros. León, sé bienvenido.
sábado, 9 de mayo de 2026
Soltar amarras
SOLTAR AMARRAS
sábado, 2 de mayo de 2026
Establecerse
ESTABLECERSE
No debe ser nada fácil encontrarse con el lugar en el mundo en el que establecerse. Entre otros muchos motivos debe ser porque cada uno va buscando la confluencia de distintos elementos idílicos que difícilmente se logran; siempre alguno habrá alguno que se nos escape. Otras veces ese buscador o buscadora no sabrá bien lo que anhela, pero percibe que el lugar en el que habita no le satisface del todo, y ahí sigue y sigue intentando dar con el lugar y la vida que le gustaría llevar. Otros hay que tiraron la toalla hace ya mucho y han asumido que, el aunque viven en un entorno que no les agrada, no les queda más remedio que seguir e ir tirando. Y habrá otros tan sumamente adaptados a su barrio, a sus calles y gentes, que ni te moles en hablarles de traslado.
El ser humano tiene un largo pasado de andar y andar los caminos. También son muchos los motivos que obligan a las personas y a los grupos humanos a vivir con el petate encima, con la casa a cuestas, sin terminar nunca de establecerse. Hay nómadas, peregrinos, vagabundos, exiliados o simplemente migrantes, que van recorriendo lugares y lugares sin saber dónde han de pararse. Tampoco debe ser sencillo no lograr echar raíces de manera estable o tener que romper con ellas y deber partir a un mundo nuevo, desconocido y por tanto previsiblemente complejo.
Algo de esa vieja tarea de traslado pervive en los que aprovechan cualquier tiempo vacacional para marcarse un periplo a lo más remoto, a lo más exótico o a aquello que la agencia de viajes te ofrezca. También están los que, aunque por motivos laborales se ven obligados a vivir en una gran ciudad, en cuanto les es posible escapan a sus pueblos, a sus segundas residencias o a hacer el llamado turismo rural. Y es que dar con el lugar ideal en el que establecerse debe ser algo así como que te toque la lotería: estar en donde se quiere ser.
No se trata sólo de hallar un entorno que parezca una postal; hace falta algo más que eso. A veces ese lugar en el mundo no sólo ha de ser físico, pues no se trata de una ubicación del GPS, sino que además debe ser existencial e incluso espiritual. Cuando alguien encuentra su sitio lo ha de reconocer con la mente y con el corazón, renunciar ya a recorrer más caminos, para al fin establecerse allí. Lo habrá conseguido.
Pues en este tiempo pascual pasa algo similar, algunos dan con la piedra desechada por los arquitectos, por los bienpensantes que tenían todo tan sumamente acabado, que sin más se escandalizaban de lo que anunciaban los apóstoles: Jesucristo era y es aquella piedra sobre la que levantar el edificio en el que se podía encontrar la complacencia justa para vivir con el Resucitado. Este sí es Aquel de quien nos hablaban las hablaban las escrituras. Este es el Resucitado en el que podemos también resucitar, siendo adoradores en espíritu y verdad. Nada que ver con todos los lugares conocidos hasta ahora en nuestras idas y venidas; aquí hay vida y se es de otra manera más plena. Aquí, en Cristo, merece la pena establecerse de manera definitiva. Este es el sitio de mi recreo, en el que siento mi libertad liberada.
El que descubre esa relación con el Hijo, tiene acceso también al Padre y posee la vida divina como un manantial de aguas vivas dentro de sí. Es ahí donde es preciso quedarse, porque ahí ya has hallado tu lugar, y simplemente deberás ir descubriéndolo y estableciéndote. Se acabó la vida nómada persiguiendo vanos afanes. Tan sólo quédate y permanece ahí. Establece con Él un sólido cimiento para levantar tu morada, una morada que es además la de otros muchos hermanos que también le han encontrado y aceptado como Él que da vida y sentido a sus vidas. A partir de entonces también Él se va a establecer en ti, en vosotros, para ser capaces de superar por el amor ese individualismo despersonalizador. Te abrirás felizmente a la fraternidad.
Deja que Él sea lo que es: el Camino, la verdad y la vida de tu nueva vida. Ponte en modo servicio, atendiendo a las necesidades y las heridas de aquellos que encuentres. Aprende a llorar con los que lloran y a reír con los que ríen. No vivas ya exclusivamente referido a ti mismo y a tus propios intereses, ya que ahí no vas a encontrar el lugar ni el ser que buscabas. Reconoce al Dios tan denostado y desechado, porque es justamente la piedra sobre la que levantar tu biografía de manera acertada. Sabrás que es ahí porque el corazón te lo va a mostrar con la sencilla dicha de haber encontrado verdadero acomodo.
sábado, 25 de abril de 2026
Remontar la corriente
REMONTAR LA CORRIENTE
sábado, 18 de abril de 2026
Promesa cumplida
PROMESA CUMPLIDA
Lo normal sería poder fiarse de la palabra dada. Según parece, antes era costumbre ampliamente extendida cumplir con lo que se decía, porque la palabra comprometía y había que mantenerla o perder todo el prestigio. Tanto es así que para llegar a un trato no se precisaba contrato alguno, con el acuerdo verbal bastaba y sobraba. Al que después no se atenía a lo fijado se le reclamaba aquello de "Donde dije digo, digo Diego". El figura que no se atenía a lo que había dicho, perdía el respeto del resto y no sabía ya dónde meterse, pues se echaba tan mala fama encima, que tal vez no lograría quitársela jamás y perdía toda la credibilidad. Hoy, sin duda, con esto de la evolución y el progreso, hemos debido mejorar mucho, puesto ya no es preciso mantener lo que se dice, está del todo obsoleto: nada compromete. Hoy se puede afirmar cualquier cosa y mañana, con toda la cara dura del mundo, se puede negar haberlo dicho. Total no pasa nada, pues el que trata de engañar a toda costa mediante la artimaña de que su supuesta sinceridad, se va a imponer sobre tu escasa y obtusa memoria. Él es el listo, el resto unos incautos.
Y así nos va, pues con la entrada de lleno en el terreno yermo de la desconfianza, abrimos la veda para la mentira descarada. Se niega la mayor, lo evidente, puesto que nadie asumirá su responsabilidad, y asunto zanjado. Todo vale, con tal siempre no se pueda demostrar quién no cumplió con lo prometido. Si ni los unos ni los otros ya no vamos a intentar responde ni mantener los acuerdos, aunque estos sea de mínimos, salta por los aires toda posibilidad de entendimiento, de convivencia, de diálogo, y nos encontraremos entonces, por propio mérito, en las puertas de la barbarie, porque las posibilidades para la civilización terminarán por agostarse. Habremos acabado con ella. El hombre contra el hombre estará servido.
Pero que no cunda el pánico, puesto que ni todo el mundo se ha pasado ya al lado oscuro ni está por hacerlo. Así pues, a pesar de esos que se caracterizan por un comportamiento tan indecoroso, no van a ser capaces de destruir a una comunidad, que sí es capaz de aguantar el tipo y cumplir con sus compromisos. No salen en los medios de comunicación, pero andan entre nosotros, tienen nombre, apellidos y domicilio; pasean por nuestras calles y no tergiversan de buenas a primeras lo que dijeron. Son sencillamente personas de las que uno se puede fiar, y nos consta por experiencia su nobleza y ausencia de doblez; estos sí que mantienen y mantendrán su palabra.
En el Antiguo Testamento leemos una serie de promesas en forma de alianza que Dios establece con los hombre. Esa promesa mesiánica Dios la cumple, y lo hace de manera imprevista en su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador. No eran ni fanfarronadas, ni meros delirios de los hombres ahítos de la vastedad del cielo y del desierto, sino que eran profecías de las que sí merecía la pena fiarse. Pedro, en los Hechos de los Apóstoles, bien claro lo afirma. Poco margen de duda queda, en el que murió en la cruz es posible reconocer al Salvador, porque no sólo pasó por la vida haciendo el bien a todos, anunciando la irrupción del Reino de Dios y su justicia, es que además ha resucitado para resucitarnos también. No han podido con Él ni los temores de los poderosos y sus tramas, ni la crueldad extrema de los que se ensañaron con Él, ni tampoco las múltiples traiciones de sus amigos, porque la fuerza del que no abandona, el Padre, en quien se sostenía, estaba cumpliendo la promesa dada. Por ello, los que reconocen el cumplimiento de las promesas de Dios en Jesucristo se convierten y cambian radicalmente su manera de orientarse en la vida. Han descubierto que la palabra dada por Dios y renovada en Jesús no defrauda.
Que bueno sería, que seguros en el cumplimiento de la Palabra que se encarna y salva, que se nos abrieran los ojos a una realidad nueva y resucitada. Iban dos inmersos en su decepción, pues los sueños que se habían atrevido a trazar parecía que de un recio golpazo se les habían venido abajo. El Maestro, por el que habían apostado, había acabado como un auténtico perdedor. Sin embargo, ahí estaba con ellos, haciéndose el encontradizo con ellos y de esta forma poder abrirles el entendimiento e iluminarles la realidad que no llegaban a descubrir.
Y es que a menudo vivimos sumidos en una lógica humana eminentemente básica, valida para nuestros afanes, pero inservible por completo para las cosas de Dios, para las cosas del espíritu. Hay que resucitar con el resucitado para empezar a descubrir todo lo que está ahí, más íntimo a nosotros que nosotros mismos, más intrínseco a la realidad en que nos movemos y existimos, para llegar a percibir esa presencia diáfana y misteriosa de Jesucristo resucitado y resucitante entre nosotros. Con sólo creer ya le estás dando permiso a Dios para que empiece a operar esa transformación silenciosa en ti, que es producto de esa nueva vida que Él nos otorga. Él dio la vuelta y del fin hizo el gran comienzo. También nosotros podemos hacer realidad lo que su Pascua supone.
Que en este tiempo pascual recorramos el camino de regreso a Emaús, como aquellos dos discípulos de los que nos habla hoy el Evangelio. Él se nos va a aproximar y va a propiciar un encuentro que nos va a marcar. Cristo es el Dios con nosotros, verdadero encuentro, dispuesto a salir al camino de toda oveja perdida. Detectemos los signos que nos avisan que la verdad de Dios está ahí proponiéndonos ese reconocimiento del definitivo cumplimiento de la promesa de su amor, para que le descubrirle en la fracción compartida del pan y regresemos prestos también nosotros al encuentro con nuestros hermanos. Entonces ya sí podremos ser testigos veraces, hombres de palabra, que hablan desde la experiencia de Dios, que es absolutamente de fiar, porque siempre está cumpliendo su promesa salvífica.






