sábado, 10 de octubre de 2026

¿Nos lo esperábamos?

¿NOS LO ESPERÁBAMOS?


Es sabido que el color verde es el color de la esperanza, y su razón ha de tener semejante afirmación. Cierto que cuando en el campo vemos verdear los pastos, los cultivos, llenarse los árboles de brotes incipientes, sabemos que se nos promete una gran abundancia de bienes venideros. El que espera prevé que se cumpla aquello que anhela; por contra, el que ha renunciado a la esperanza, difícilmente logra contar con las fuerzas necesarias para seguir adelante. La esperanza es tan necesaria para los seres humanos como el aire o el agua. como el amigo, el compañero o ese ser que nos sustenta. Aunque la cosa no pinte bien, no renunciemos así por las buenas a mantener bien vivas nuestras esperanzas.

Asimismo, si uno enarbola la esperanza contra toda desesperanza, se pondrá en marcha e intentará con esfuerzo y ganas, luchará y hasta será capaz de enfrentarse y superar todas las vicisitudes que se le presenten, porque no pierde la esperanza de lograrlo. Frente a los que dan el partido por perdido de antemano, y no tratan de dar la batalla siquiera o al menos aceptar un digno y meritorio fracaso ya que al menos se hizo lo que se pudo heroicamente. No es lo mismo ni parecido ceder que resistir, al menos hay que intentarlo.

Hay, sin embargo, sucesos no previstos, que nos pillan desprevenidos, y que nos desarman e incluso requieren de nosotros una capacidad de superación extraordinaria. En muchas ocasiones esa capacidad de sobreponerse a las adversidades también nos sorprenden, pues ignorábamos contar con esas fuerzas y hasta con personas a nuestro lado dispuestas a echarnos una mano y a ofrecernos su apoyo. Y es que las penas con pan son menos, y con otros cercanos resultan hasta llevaderas.

Por todo esto podemos afirmar que la vida es siempre previsible, en cierta media, e imprevisible al mismo tiempo; que nos sorprende a veces, pero que otras muchas sucede conforme a lo acostumbrado. Sucederán cambios a los que veníamos haciendo a la idea, y otros que surgen de forma súbita e imprevista, pillándonos totalmente con el pie cambiado. Al no esperarlos, nos cuesta lo suyo afrontar esos imprevistos. No es que la vida sea una partida de ajedrez, pero si uno aprende en cierta medida a anticiparse, sabrá mejor campear ante aquella jugada que cabría imaginar.

No hacía falta hacer muchas premoniciones para acertar que el otoño, con su tradicional paisaje iba abriéndose paso; y que tarde o temprano las lluvias harían acto de presencia; que los días se nos estaban acortando, o que los primeros catarros empezarían a aparecer. Así también por esta época aparecen los ganadores del premio Nobel, siempre con un toque de novedad y de regocijo por el mérito y reconocimiento que conllevan. Los supermercados empiezan también a exponer productos navideños, aunque quede por llegar aún la natividad. Incluso se barruntaba un fin de ciclo en lo político; tal vez nos haya sorprendido algo la rapidez con la que se ha anunciado la convocatoria de elecciones generales. Está aún por ver lo limpio del proceso electoral o si por contra nos demuestran esta vez saber comportarse con un mínimo de decoro democrático, ajeno al populismo, la demagogia y el enfrentamiento. Quzás no se puedan pedir peras al olmo, y todo suceda según nos tememos.

Y además, este domingo XXVIII de tiempo ordinario, en el evangelio de  San Mateo se nos recuerda que aunque no lo esperaban, ciertas personas insignes fueron invitadas a la boda del hijo del Rey, pero no se lo debían esperar y declinaron asistir. Decidieron priorizar lo suyo por encima de lo que lo que el Rey les proponía. Tal respuesta tampoco era esperada por aquel monarca, que esperaba al menos algo de agradecimiento por los numerosos favores de que habían sido objeto. Así que mandó recado a los que pasaban por los caminos y que, aunque tampoco esperaban esa invitación, sí acudieron al banquete. Pero uno de los nuevos invitados llegó sin ponerse las galas exigidas por el protocolo de palacio para la ocasión, y fue expulsado.

Nosotros podemos esperar esa invitación al banquete del Hijo o puede resultarnos una verdadera sorpresa. Pero ¿acaso no nos lo ha anunciado el profeta Isaías? ¿Es que no has abierto el buzón del corazón a comprobar si te ha llegado tu invitación personalizada? Podemos seguir meramente a lo nuestro y rechazar esta distinción, o al revés, aceptar exultantes la invitación al gran convite del amor y del consuelo de Dios. Allí hay sitio para todos, allí no hay injusticias ni llanto, sino fraternidad y alegría entre todos los comensales compartiendo los mejores manjares.

Nuestros alumnos suelen cantar al inicio de las eucaristías aquel "Ven a la fiesta"; sí pero ¿a qué fiesta acudir? Hay que tener tino, porque hay fiestas y fiestas. Que no te den gato por liebre en esto de las fiestas. Porque hay macrofiestas y las hay exclusivas. En unas hay que sacar entrada a precios poco populares, y en ella todo lo que consumas está medido y tasado, incluido el máximo IVA, mientras que en otras tan sólo quieren que estés gratuitamente y compartas lo que eres: nada tiene precio porque todo es donado. En unas te ponen ellos la música, pero en otras la música la pones tú formando parte de un nosotros coral que celebra la vida. En unas acaban todos extenuados, mientras en otras fiestas nada ni nadie se agota.  

Elige bien, porque aquel que se monta la fiesta por su cuenta, se queda fuera del banquete del Señor. El que no se prepara para esta fiesta con sus mejores galas, desaprovecha la gran ocasión. Empecemos ya a buscar aquello que se nos favorece, aquello con lo que se accede con toda la dignidad de bautizado al palacio celestial. Lo que más agrada a los ojos de Dios es vivir conforme al evangelio. Las tendencias en vestidos para el banquete siempre la marcan las bienaventuranzas. Que entonces nuestras vidas, acciones y deseos sean cumplir la voluntad de Dios: amarle con todo tu ser y al prójimo como a ti mismo. Con esto llevaremos el traje adecuado para asistir a la eterna fiesta. Qué despropósito sería acudir allí con el traje sucio de la mentira y del egoísmo, ese es el que más nos desfigura, pues nos echarán de allí en cuanto hagamos acto de presencia.

Nos lo han avisado, y por tanto sabemos bien lo que nos espera. Anticípate, que ya va a empezar aquí la preboda del Reino. También tú estás invitado. Mira a los que ya se han confeccionado los trajes más sencillos y bellos, parecen santos. También puedes tú lucirlos con divina elegancia.

sábado, 3 de octubre de 2026

¿Quién pierde más?

¿QUIÉN PIERDE MÁS?


Que no siempre se gana, nos lo hemos ido aprendiendo ya desde muy chiquitos. Pues es muy cierto eso de que unas veces se gana y otras se pierde. Ni se nace sabiendo ganar ni tampoco sabiendo perder; se requiere un proceso de aceptación, reflexión y adaptación a la realidad. Grandes son los que se alegran con los triunfos también de los otros, los que felicitan al que nos ha superado, a los que se le reconoce todo el mérito. Por contra tendríamos que calificar con un adjetivo poco agradable a los que recurren a las trampas que sean necesarias para ganar a toda costa, porque se emperran en ser ellos los únicos con derecho al pódium. Con alguien así todos perdemos y hasta se pierde el juego o la competición, tan sólo gana el mal.  

Ahora bien esto debería hacernos caer en la cuenta de que si hemos perdido es porque algo hemos hecho mal, o al menos que ha habido aspectos en los que podríamos seguir mejorando. No está de más, por tanto, tratar de llevar una vida más consciente, serena, que recapacita, aprende y sabe reconducir el itinerario a la mínima ocasión. Lo contrario, es decir, obcecarse en aquello que nos hace perdernos a nosotros mismos, porque vamos más que sobrados para cuestionarnos o para que nos cuestionen, llevará inexorablemente a un abismo del que muy difícilmente habrá retorno.

Los humanos queremos bastarnos y sobrarnos, aun teniendo sobrada experiencia de que nadie llega a ser nada, si no es por la ayuda prestada de los demás. Los enfermos graves bien saben que sin los cuidados de médicos y enfermeros difícilmente saldrán adelante; la madre que va dar a luz también se reconoce necesitada de ayuda. La carencia es propia de la condición humana, como también lo es el estar dispuestos a atender a aquellos que en un momento dado precisen ayuda.

Sin embargo, a pesar de ello, algunos van por la vida de autosuficientes, de hechos a sí mismos, muy autoabastecidos de sus logros. Ni siquiera son mínimamente agradecidos, porque creen que nada tienen que agradecer a nadie, y en esto pecan de imprudentes y poco experimentados. Para sus intereses (que debe ser a lo único que alcanza su vista) nada precisan de nadie y por tanto descartan al Otro y a los demás. ¿Qué necesidad tienen de ellos? En su propio yo desorbitado están en su salsa, haciendo de menos a los demás.

Las lecturas de este domingo XXVII de tiempo ordinario (A) nos hablan de la ingratitud de todos los que se consideran amos y señores de todo y de todos, con derecho a manipular a su antojo lo que sea necesario. Para ellos no hay límite a sus pretensiones, que son en definitiva lo único que les importa. No respetan nada ni a nadie. Se ven por encima de toda norma o deber moral, pues no va con ellos. Tal vez si analizamos un poco la realidad, sí que se aprecia la capacidad de destrucción que provocan estas actitudes narcisistas y egoístas. Nada queda a su paso en pie, por donde pisan no vuelve a crecer la hierba.

En lugar de favorecer la vida en relación, la socaban; en lugar de construir convivencia al tener en cuenta al resto de personas y sus derechos, solo se ocupan de lo suyo. Puede incluso que la mayor parte de los problemas, pequeños y grandes, que acarreamos, sean producidos por esa actitud de anulación del prójimo.

Y esos que sólo miran por lo suyo ignorando a los demás, es muy probable que tampoco tengan en cuenta al Dios de Jesús. Como mucho a su falso dios: el poder, el dinero, el disfrute exclusivamente personal, etc. Se creen los ganadores porque parece que han cosechado el éxito, mas tras ese aparente éxito puede esconder un rotundo fracaso personal y comunitario. Si la meta del ser humano es llegar a ser una persona virtuosa, como lo era para los clásicos, desde luego que perdieron su vida. Si la meta es llevar una vida buena y digna, desde luego han fallado. Si la meta es buscar y cumplir la voluntad de Dios, pueden afirmar que malograron por completo el fin de sus días. El Dios que anuncia Jesús les resulta insoportable y arremeten todo lo que tenga que ver con Él. No puede haber más Dios que ellos mismos.

Y es que nos cuenta Jesús en el evangelio de este domingo XXVII de tiempo ordinario (A) que Dios plantó y construyo una hermosa viña. Ningún detalle le faltó para que fuera una viña extraordinaria, pero los trabajadores a los que puso al cargo, en lugar de agradecer y cuidar de esa fértil plantación, se la apropiaron como suya, quisieron ganársela para ellos. Para no tener que reconocer al dueño ni agradecerle nada, asesinaron a los que enviaba el dueño, incluso a su propio hijo. ¿Son entonces merecedores de trabajar en una villa cedida y de aprovecharse de los frutos para ellos exclusivamente?

Pues tanto ayer como hoy solemos autoproclamarnos los ganadores y señores de todo. En muchas ocasiones no queremos compartir con nadie lo que somos, no aceptamos la gratuidad del don de la vida y de la creación que nos acoge. Tan solo parece que estamos para explotarla, pero no tanto para mejorarla haciendo un verdadero hogar para todos. Y es que los falsos ganadores quieren que todos perdamos.

Pero hay aún una manera de perder ganando, no rechazando a quien ellos rechazan de raíz, a Jesucristo, verdadera piedra angular de la preciosa viña del Padre, la piedra imprescindible para que todo se mantenga en pie, y lograr que todos encontremos nuestro su lugar en esta viña, el Reino de los Cielos. Esa piedra angula bien puede que sea entonces la verdad, no la mía, sino la que hemos ido descubriendo entre todos como la que verdaderamente es: Cristo.

Al parecer las sociedades occidentales, tras años de rechazo al Hijo del hombre que pasó por la vida haciendo el bien y que acabó ajusticiado por los que querían salvarse meramente a sí mismos, se le comienza a reconocer de nuevo, es la Luz del mundo, la piedra angular. En la reciente visita del papa León XIV a Francia, se ha puesto de manifiesto una sorprendente tendencia: se están incrementando de forma notable los bautizos de adultos, los que sí se reconocen agradecidos al Dios de la Vida, el Dueño de la viña, el Creador. Qué bueno que no todos los trabajadores de la viña se limiten a exigir lo que no es suyo, sino que empiecen a reconocerse en deuda con el Dador. Pues el mismo fenómeno de retorno a admitir nuestra gran verdad olvidada y a tratar de llevar una vida de fe y de gracia, también ha empezado a surgir en España. ¡Qué alegría poder trabajar en su viña y dejarnos sostener por la que fue, es y será la única piedra angular posible! Con Cristo está la victoria inmarcesible.

sábado, 26 de septiembre de 2026

A las claras

A LAS CLARAS


Si a alguien de Alcalá le dicen que va a las Claras, entienden rápidamente que quiere ir al monasterio de las Clarisas, posiblemente a adquirir almendras garrapiñadas. Pero no, esta vez no nos referimos a eso con el título de esta entrada del blog, sino más bien a la necesaria virtud de de ser claros, sin turbiedad alguna, sin falsedades. Y es de agradecer que aún haya personas así en este mundo, que vayan a las claras, sin subterfugios ni engaños, porque manifiestan lo que creen, lo que piensan, y consecuentemente lo que realizan. Es decir que ante una persona con esa preciada nobleza cualquiera sabe a qué atenerse y reconoce que se puede confiar en él o ella.

Aunque es cierto que vivimos en tiempos confusos en los que arrecia la desinformación. Por tierra mar y aire nos proponen una pseudo realidad que sirve de cebo a los que, en lugar de  ir a las claras, van más bien a ciegas. Y es que de un lado y del contrario, a hora y a deshora, los manipuladores tratan de que reaccionemos de manera inmediata y meramente desde lo más emocional, no desde la racionalidad y la comprensión propias de los seres humanos prudentes. Parece como si tanta confrontación fuese promovida por los que no van nunca a las claras: dicen una cosa, pero luego hacen lo contrario y con muchas ocultaciones. Son estos los denominados populismos, llenos de promesas que tan solo serán promesas incumplidas, porque la realidad va por otros derroteros de los que se apresuran a maquillar con una fastuosa maquinaria de desinformación.

Hoy más que nunca solemos dar por bueno lo que de bueno tiene poco o nada. Corren los bulos por doquier, y tan pronto como enciendas el dispositivo de turno, ya están acechándonos con falsedades, medias verdades o simple y llanamente timos. Dos declaran versiones contradictorias del mismo hecho, se llevan la contraria, y puede que incluso mienta tanto Isabel como Fernando. Cuando la verdad asoma su faz y les deja en evidencia, con mirar para otro sitio y sentenciar que nunca han dicho lo que dijeron. dan por zanjado el asunto sin siquiera sonrojarse un ápice.

Decían los clásicos aquello de "res, non verba" atribuid la sentencia a Catón el Viejo; esto de hechos no palabras sigue siendo tan válido hoy como lo era entonces. Si nos fiamos tan solo de lo que nos dicen, es muy posible que antes o después acabemos desengañados y constatablemente trasquilados. El que persigue una intención no confesable, se la va a callar, aduciendo justamente lo que queremos oír. ¡Ay de los que siguen las voces de sirenas y se dejan engatusar por el demagogo de turno! Por favor, advirtamos a tiempo quién va a las claras con lo que es y con lo que hace, y por tanto nada tiene que ocultar, en lugar de lamentarnos del engaño en el que hemos elegido caer. Abramos los ojos para distinguir verdades de apariencias, auténticos de embaucadores, honrados de corruptos, y sinceros de mentirosos. ¿Tan difícil es?

Pues en este sentido, la primera lectura del domingo XXVI del tiempo ordinario (A), el profeta Ezequiel nos pregunta si es injusto el proceder de Dios o más bien es el nuestro, y nos invita a reconducir nuestra conducta, para no tener nada que ocultar ante la presencia de Señor, que nos trata siempre con ternura y misericordia, a pesar de nuestra falta de claridad en la manera habitual de proceder. Un padre o una madre también, además de con el buen ejemplo, ha de educar a sus hijos con ternura y comprensión, pero reconociendo y reconduciendo esas posibles conductas poco modélicas de nuestros hijos. Así también los profesores en el ejercicio de su profesión y vocación: enseñar contenidos, por supuesto, pero inculcar la manera correcta de comportarse en clase y con los demás: respeto, interés, atención y esfuerzo. Si no nos comportamos así ni familia ni docentes estaremos yendo verdaderamente a las claras en nuestra tarea.

En la parábola que nos propone Jesús hoy en el evangelio vemos a dos hijos con comportamientos opuestos. Ante la misma petición el primero dice que sí, pero desobedece; por contra, el segundo dice que no, pero luego accede y termina por hacer la tarea que el padre le ha pedido. Y este caso u otro similar en el día a día lo hemos visto muchas veces, incluso alguna de ellas hasta lo hemos protagonizado. Podemos ser de los que ponen buena cara, pero no el corazón, de los que no van a las claras y no hacen lo que dicen que van a hacer, o de los que aunque no querríamos asumir la petición, por amor al padre terminamos realizando lo que se nos ha solicitado. Pues la diferencia no es baladí, sino fundamental. Por jugarnos nos jugamos hasta quién SOY.

Será por esto que San Pablo en la Carta a los Filipenses nos invita a que tengamos los mismos sentimientos que Cristo Jesús, que no vino a ser servido, sino a servir. Otro gallo cantaría si tratáramos de cumplir tan excelsa tarea: amar y tratar así a todos, a la familia, a los profes, a los amigos, a los compañeros, a los vecinos, a los pequeños, a los mayores, a los iguales, a los diferentes, a todos. Eso, precisamente eso es ser para los demás, sencillamente un gran bien para los demás. ¿Tan difícil es?

sábado, 19 de septiembre de 2026

Bajo la ley de la oferta y la demanda

BAJO LA LEY DE LA OFERTA Y LA DEMANDA


Al parecer, y según indican los que saben de ello, la IA consulta numerosas fuentes antes de emitir su instantáneo veredicto. Menos mal, pues a los pobre humanos nos costaba años recopilar la información más relevante, asimilarla, relacionarla con todo lo que se hubiese manifestado de interés con anterioridad y poder hacernos una idea lo más acertada posible acerca de aquella cuestión a esclarecer. No éramos malos investigadores del todo, ni siquiera cuando no teníamos acceso directo a la información digital, sino que había que buscar analógicamente, y eso requería de tiempo y constancia. ¡Qué tiempos tan pretéritos aquellos en los que el conocimiento se elaboraba a fuego lento y en cazuela de barro! Nada que ver con los tiempos modernos en que se cocina ya con la olla megarápida de la IA, pues basta con una solicitud o prompt y esperar a que se genere la respuesta en un periquete. Pero resulta que lo que la IA nos devuelve presenta todavía marcados sesgos que se nos pueden estar escapando. La inmediatez no es garantía de calidad, más bien de improvisación o incluso de mera chapuza para salvar los muebles.

Siempre se nos ha dicho que las prisas no son buenas, que conviene tener paciencia y que también hay que tomarse su tiempo, porque hasta el proceso puede ser tan enriquecedor como el resultado final. Y es que hoy, o no sabemos o no queremos esperar. Todo a de ser a nuestro antojo y para ya mismo. Pero así como en cocina esta inmediatez arruina el plato, también en la elaboración del conocimiento hay que proceder paso a paso y con cuidado, si es queremos que el resultado esté bien construido y nos aproxime a la verdad. Conviene tener cautela; no darlo todo por bueno de buenas a primeras y usar sólo los mejores ingredientes documentales, si es que no queremos caer del mismo modo en esos sesgos que distorsionan lo que acabamos de llegar a conocer.

Pues también los seres humanos tomamos muchas influencias sin cribar apenas en lo que damos por bueno. Vivimos en un momento y en una cultura que efectivamente nos influye y condiciona, y debemos tenerlo en cuenta. Por eso resulta sumamente interesante salir de nuestra zona de confort y bienestar acomodaticio y dejarnos contrastar por ejemplo por el Evangelio, que no es sospechoso de estar basado en la última tendencia. Si es cierto aquello de queremos educar personas pensantes y con un alto pensamiento crítico, capaces de cuestionar y cuestionarse, verdaderos buscadores de la verdad, hemos de coincidir en que las palabras de Jesús nos exponen a una libertad personal y espiritual que no se acomodó nunca con el orden establecido. Rápido entraba en conflicto su manera de hacer y decir con lo política y religiosamente correcto. Nunca le importaron demasiado las consecuencias, cuestionaba lo que era cuestionable. En eso otros también han destacado, por ejemplo Sócrates, gran socavador de lo infundado. 

Tal vez uno de las formas que hemos asumido y dado por buena, de igual manera que en tiempos de Jesús también eran asumidas otras ya totalmente desfasadas, es la tan cacareada ley de la oferta y la demanda. Algunos la consideran como la regla que todo lo equilibra, pero es posible que tampoco sea la panacea, o que incluso no sea del todo justa. Al menos así nos lo pueden sugerir las lecturas de este domingo XXV de tiempo ordinario (ciclo A). No se trata tanto de medir y calcular, sino más bien de darse por completo. No se establece el valor según el precio del mercado, sino que es el amor el que concede, o más bien reconoce el valor a las personas, acciones y cosas. Bienvenidos a la lógica de la gratuidad y a la sobreabundancia. Este sí es el sesgo, pero el bendito sesgo del Reino de Dios.

El valor de las personas para la antropología cristianan es absoluto por lo que se es en sí, y por tanto, cada criatura merece toda la consideración, respeto, protección y cuidado. Dios no nos trata según nuestros errores ni aciertos, sino que nos hace libres, con capacidad de descubrir y tratar de lograr lo mejor como personas comprometidas con el bien común. En esta lógica del don no caben ni el individualismo ni el materialismo ni el egoísmo, que tanto sesgan nuestro común modo de instalarnos en este mundo hostil. Otro gallo cantaría si esa ley de la oferta y la demanda, o del primero siempre uno mismo, terminara por ser desechada de una vez; porque en definitiva en esta ley sacrosanta está el fundamento de un hombre deshumanizado, de un hombre que es un lobo para el hombre, pues en lugar de abrir el corazón, todo lo calcula desde su propio bolsillo.

Puestos a la escucha del Evangelio, que nos muestra la manera en que Dios nos trata a todos los trabajadores de su viña de la misma manera, no como a nosotros nos hubiera parecido, sino empezando por los últimos y terminando por los primeros. El mundo al revés, los que se creían merecedores de más que el resto son los que reciben exactamente la misma paga.

Aprendamos a detectar y superar todos esos sesgos deshumanizadores que hemos ido asumiendo, y vayamos a trabajar animosos con y por los otros en esta la cosecha común. La alegría por compartir los bienes es mucho mayor que la del que se lo guarda todo para sí, ese aún no ha empezado a cotizar en la Bolsa que importa, la de los Cielos, donde los beneficios alcanzan su verdadero valor, los demás índices de cotización tal vez no sean más que tesoros que corroe la carcoma. Entonces, no haríamos mal en preguntarnos ¿desde dónde SOY y para quién? ¿Cuál es el denario al que aspiro el de los hombres o el que concede el Buen Dios?

sábado, 12 de septiembre de 2026

Otro gallo cantaría

OTRO GALLO CANTARÍA


Basta echar un vistazo alrededor para darse cuenta de que a menudo las cosas no están funcionando como esperábamos. No es que hayamos perdido el juicio, simplemente que muchas veces no elegimos lo mejor o simplemente nos dejamos llevar por lo más cómodo, sin pararnos a considerar lo que hacemos o por dónde vamos tirando; y así nos va, aunque bien pudiera habernos ido mucho mejor. Tan sólo tomamos conciencia de que hemos tomado el camino equivocado cuando ya llevamos recorrido un buen trecho. Toca desandar para enmendarlo o persistir obcecadamente en el recorrido que nos llevará a donde no queríamos ir: directos al atolladero.

Esta semanita pasada salió el tan cacareado informe PISA, que a día de hoy continúan analizando los concienzudos expertos en evaluar sistemas educativos. De poco o nada van a servir los nefastos resultados logrados, porque aunque todos lo veníamos venir, y por tanto a nadie le pilla de sorpresa, ninguna medida se tomará para revertir el desastre. Persistiremos como si las alarmas sean tan sólo cantos de sirenas o palabras necias a las que haya que hacer oídos sordos. Otro gallo nos cantaría si fuésemos lo suficientemente responsables para tratar de reconducir la situación, en lugar de escamotear torpemente las malas decisiones tomadas, echándole la culpa a quién sabe, que en eso sí que logramos una calificación considerable.

Parece como si la educación no importara, cuando es el factor decisivo tanto para el futuro de la sociedad como para la configuración de personas con capacidad plena de juicio independiente y crítico que darán continuidad a la sociedad con sus aportaciones. Tal vez haya interesados en que los ciudadanos seamos cada vez más dóciles, necios y manipulables desde lo instintivo. Cuanto más distraídos estemos y seamos menos capaces de reflexionar, mejor para los que de manera exclusiva miran por sí mismos, nunca por el bien de los demás y su promoción. Si nuestros alumnos no entienden lo que leen, algo no estamos haciendo bien y habrá que revertirlo cuanto antes, en lugar de dejarlo estar. Sí que estamos advertidos, y no sólo por los resultados de los informes PISA, el mal está y es constatable.

También nos se ha informado esta semana sobre la inesperada renuncia del ingeniero de la conocida empresa de software Anthropic, Jacob Coxon. Este joven nos advierte sobre la apresurada y descontrolada evolución de la IA. Tras años de desarrollo y entrenamiento de la IA señala la irresponsabilidad de las empresas que las crean y mantienen. Estas corporaciones no atienden a las advertencias sobre las consecuencias que puede tener su invención al no ser lo suficientemente cautos y previsores ante los avances de la IA, tan sólo les preocupa no quedarse descolgados es esta precipitada carrera tecnológica. Ni atienden a las numerosas advertencias que se están produciendo, especialmente clarividente la encíclica que León XIV sacó en los días previos a su pasada visita a España, ni tampoco a las preocupantes acciones que la IA se ha tomado para realizar operaciones no deseadas por los que se precian aún de ser sus dueños. 

Todo apunta a una situación cuanto menos sorprendente: los humanos perdemos capacidad de comprensión y razonamiento, mientras fomentamos una inteligencia no humana cada vez más potente, fría, autónoma e irresponsable. No es descartable por ello que este eficiente artefacto lógico tecnológico empiece pronto a tomar decisiones al margen de los humanos, y que incluso llegue a tomar el control.

No teníamos bastante con no atrevernos a ser verdaderamente libres, a conformarnos con una libertad de mínimos, mientras los poderosos hacen y deshacen a su antojo sin rendir cuentas a nadie, que ahora además vamos a terminar dependiendo del arbitrario algoritmo. Ver para creer los índices de insensatez que estamos alcanzando. Que sean las máquinas las que terminen anulando algo esencial de los seres humanos, nuestra libertad. porque al igual que hemos hecho con nuestra capacidad lectora, vamos a terminar haciendo con nuestra preciada libertad, por cesión y renuncia. Otro gallo cantaría si fuéramos capaces de tomarnos en serio el alarmante mundo que por acción y omisión estamos propiciando.

Así también este domingo XXIV de tiempo ordinario (ciclo A) nos señala que con frecuencia no procedemos como sería razonable. Exigimos que a nosotros se nos trate de una manera, pero no estamos dispuestos a aplicar esa misma tolerancia con los demás. Queremos ser tratados con manga ancha, y generosamente y con facilidad también nos la aplicamos a nosotros; pero sin embargo, con los fallos que cualquiera cometa no recurrimos a esa misma medida. Somos intransigentes con los demás, pero no nos agrada que no lo sean con nosotros. Queremos ser comprendidos y perdonados por los otros, aunque nosotros nos volvemos duros de corazón, rencorosos y hasta crueles con el hermano que nos ha ofendido de manera al parecer imperdonable. Tenemos dos varas muy distintas de medir, y así nos va. Tan solo censuramos lo que hagan los que nos ofenden.

Y es que vivimos en un mundo hostil y pronto a responder con la agresividad y la violencia. Todo lo resolvemos mediante la misma estrategia: el conflicto y la gresca, pero no el diálogo y el encuentro. ¿Cómo mejoraría la convivencia entre todos (familia, colegio, comunidades, países) si practicáramos más este perdón que Jesucristo nos propone? Otro gallo cantaría, y de manera diáfana y certera, que es como cantan los gallos al anunciar el alba, si en lugar de responder desde el celebro reptil o más primitivo, lo hiciéramos desde la lumbre del corazón en que dejáramos estar al Señor.

En el salmo de este día exclamamos alabando a Dios por ser compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Todos nosotros, criaturas suyas, estamos hechos a su imagen y semejanza podríamos imitar su ejemplo. Tal vez sí podemos entendernos si pedimos perdón y perdonamos en lugar de ofuscarnos en un rencor nocivo y corrosivo. Sólo el que perdona y es perdonado supera los lastres del error y da lugar a un nuevo comienzo.

No se nos pide exclusivamente que seamos más comprensivos con los textos que leemos, porque la lectura es un tipo de comunicación humana extraordinariamente educadora, sino que también y de manera especial, que no nos dejemos deshumanizar por una inteligencia algorítmica ajena a la comprensión de los fallos del otro y a cualquier tipo de juicio moral. Si queremos ser aún plenamente humanos hemos de tomar medidas, y entre ellas quizás no está de más tener presente a este Dios todo misericordia del que Jesucristo es su Hijo. Sí, sin duda, otro gallo cantaría.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Comenzar de nuevo

 COMENZAR DE NUEVO


En la vida, según se va teniendo experiencia, nos vamos percatando que el tiempo pasa inexorablemente. Es verdad que unas veces corre que vuela, mientras otras transcurre más sereno. Tal vez no dependa tanto de la precipitación o la lentitud de este transcurso temporal del reloj como de la manera en que lo vivimos y nos sumergimos en las mismas aguas de ese río que decía Heráclito, ya que se están constantemente renovando. Pero no sólo eso, es que además esta sucesión de los días conlleva la sucesión de etapas; unas se van cerrando y otras dan comienzo.

Sería como sentarse a la orilla del mar y ver que llega una ola, detrás otra, y a continuación la sigue otra, y así desde tiempo inmemorial y hasta vaya usted a saber cuándo. Y es que delante del mar, si uno quiere, se puede seguir contemplando, preguntándose y comprendiendo el misterio que media entre lo efímero y lo eterno. De igual modo, nuestra respiración es un continuo sucederse. Se basa en tomar lo que llega y soltar lo que ya nos ha aprovechado en ese gozo inestimable de inspirar y expeler el aire del que nos proveemos para seguir viviendo. Un aire libre y compartido, un aire portador de oxígeno renovado e imprescindible para mantenernos vivos.

Y ahora a todos nosotros nos toca dejar atrás el periodo vacacional para centrarnos en esta nueva etapa que llega, el nuevo curso que está por estrenar. No añoremos o nos aferremos a lo que ya no es, sino que hemos de disponernos a lo nuevo, a lo que se nos presenta delante y que podemos emplear para nuestro crecimiento como seres humanos.

Por esto empezamos aquí y ahora este nuevo ciclo de entradas del blog de pastoral, semana a semana, latido a latido, domingo a domingo, a la luz de la palabra de Dios, que siempre es inspiradora y nos hace vivir con el espíritu menos adormecido y conformista. Y justo nos encontramos ya con el domingo XXIII de tiempo ordinario del ciclo A, en el que se nos propone cómo ejercer de manera constructiva nuestro papel de educadores en nuestra comunidad del Colegio Santa María de la Providencia o en nuestras familias. Todos somos a la vez educadores y educandos, todos aprendemos juntos, no para condenar los fallos de cualquiera de nosotros, para echárnoslos en cara y hacer daño, sino por contra para comenzar de nuevo, habiendo aprendido de los errores cometidos. Soltar lo anterior y empezar de nuevo, liberar y liberarnos.

No es indiferente, desde el respeto de los uno con los otros, vamos a plantearnos el mutuo aprendizaje en este curso que inauguramos como esa gran oportunidad para madurar y mejorar intelectualmente y académicamente, y de modo muy especial como personas que quieren convivir dando lo mejor de sí. Hemos de hacernos por tanto responsables de nosotros mismos, pero además también de lo que hagan los demás, del resto de miembros de este grupo humano empeñado en hacer realidad un mundo nuevo en el que merece la pena llevar a cabo nuestros proyectos y sueños.

Hoy nos recuerda San Pablo que el que ama al prójimo ha cumplido con toda la ley, la única ley que nos permite amarnos como hermanos, hijos del mismo Padre y corresponsables los unos de los otros. Hagamos realidad nuestra esencia de ser Educación Evangelio con ilusión y coraje, escuchando esa voz del Señor que nos invita una y otra vez a mirar a lo alto, sin conformarnos con aquello que debamos tratar de rectificar. Es una misión y una tarea que hemos de asumir todos, porque si nos tomamos en serio el lema de este curso SOY, podremos mirar ese curso que se nos abre ahora de manera personal y comunitaria. Es esta una vocación extraordinariamente maravillosa para desplegar a lo largo del curso. Todos estamos llamados a llevarla a cabo; sea el curso un proyecto compartido que nos compromete. 

En el evangelio además el propio Jesús nos propone ponernos de acuerdo y unirnos para solicitar la ayuda de Dios, que todo lo puede, para que sea posible; puesto que si nos reunimos en nombre de Jesucristo es está ahí, en medio de nosotros, resucitado y resucitador, es decir suscitando siempre en nosotros algo novedoso y extraordinario. Que Él sea nuestro guía a lo largo de este curso, el que estando en medio y con nosotros nos corrige, nos renueva y alienta. Con Cristo, con su evangelio y su madre, Nuestra Señora de la Providencia, vamos a lograrlo: un nuevo curso lleno de buenas experiencias compartidas, de cuidados y alegrías, de apoyo mutuo y compromiso. Ser Provi es esto y no otra cosa; y este curso que ahora empieza, si cada uno es con el que nos asegura de sí mismos que SOY la verdad, el camino y la vida, va a ser posible y verdaderamente memorable. Pidámoselo. ¡Muy feliz y provechoso curso 2026/27!

sábado, 6 de junio de 2026

Superalimentos

SUPERALIMENTOS


Somos lo que comemos, dicen los expertos en nutrición. Y muy probablemente sea una verdad irrefutable, entre otras cosas por la evidencia de los beneficios que aporta llevar una dieta variada y saludable. El que se alimenta mal enferma. El que cuida su alimentación nutre adecuadamente lo que su cuerpo necesita y eso repercute en la mejora de su salud. Sí, en gran medida somos lo comemos, pero de manera similar podríamos llegar a decir que también comeremos según lo que seamos. 

Hoy, que a la gente le gusta cuidarse, se han hecho famosos los llamados superalimentos. Y esas tendencias son conocidas, impulsadas y aprovechadas por el mercado, que conoce bien nuestros intereses y debilidades. Por ello la lista de estos extraordinarios ingredientes en una dieta saludable y razonada no termina de estar consensuada del todo y por todos. Como se suele decir hay disparidad de pareceres, como hay disparidad de sabores y nutrientes.

Es muy conveniente, por tanto, el cuidado del cuerpo, del propio cuerpo; pero lo que sería de lamentar es que ahí se acabaran nuestros cuidados. Tal vez sería necesario alzar la mirada para comprender que hay que cuidar también la mente, sin olvidarnos tampoco del alma. No podemos empobrecernos a ser exclusivamente cuerpos, sino que además este cuerpo integra alma y espíritu. La grandeza de nuestro cuerpo mortal es que somos mucho más aún, y de ahí que requiramos de otros alimentos indispensables.

Está fenomenal hacer ejercicio en el gimnasio, pero para evitar malograrse se hace muy recomendable ejercitarse también en las bibliotecas, haciendo series de levantamiento de libros, ejercitando la comprensión lectora y la actividad pensante, la puesta a punto de un vocabulario fabuloso y el desarrollo de la musculatura de la imaginación y de la inquietud intelectual. Es en el colegio donde se nos ofrece esa educación integral de mente y cuerpo que no deberíamos desdeñar. Craso error sería dilapidar aquellos alimentos del alma y del espíritu que tan provechosos pueden llegar a ser para el crecimiento de cada uno de nosotros.

Pero además, habrá otra alimentación que precise el deseable fortalecimiento de los tejidos del cuerpo, de ese cuerpo aumentado que no se agota en el individuo, sino que inserta y fortalece a las personas formando familias, grupos y comunidades. Es ese el cuerpo relacional en el que hemos de insertamos para lograr desplegar nuestra vocación a realizar lo que somos no exclusivamente reducidos a individuos, sino en función de los demás. Si perdemos de vista esta dimensión vital de nuestra existencia, el aislamiento termina por destruir la esencia misma de lo que es el ser humano. Cuidado porque este superalimento es imprescindible: interrelación, convivencia saludable y apoyo mutuo.

Este domingo celebramos por todo lo alto la solemnidad del Corpus Christi con el papa recorriendo las calles de nuestra ciudad de Madrid. Es sin duda una ocasión histórica en la que León XIV acude al epicentro de la ruptura social en que estamos inmersos ha hablarnos del fermento de unidad que se puede lograr cuando todos compartimos el mismo pan partido de Jesucristo. Es en Aquel que dio su vida en rescate por todos en dónde está ese ansiado superalimento para la regeneración personal de este mundo fragmentado por el materialismo, el individualismo y la pérdida de los vínculos entre los seres humanos entre nosotros. Sí Jesucristo con su cuerpo y su sangre, con su palabra y su ejemplo puede puede desbrozarnos la vía del encuentro: un encuentro con el rostro del hermano y del Padre. León no viene ha hablar de sí mismo, sino del Dios vivo que ha resucitado, capaz de hacernos partícipes de su vida y de su resurrección.

Estamos todos invitados a acoger a León XIV y a escuchar ese mensaje de unidad que nos trae. Estamos invitados a sentarnos en la misma mesa eucarística y compartir ese pan y ese vino que son Cuerpo y Sangre del mismo Jesús que se entrega por amor a todos. Ha Él de igual manera podemos acogerle para nutrir esa fibra moral, social y espiritual que se nos ha debilitado alarmantemente. Tampoco sería un acierto desechar este Superalimento que se nos ofrece para el crecimiento armónico de la persona, porque el que come de su Carne y bebe de su Sangre tiene vida eterna ya que Jesús mismo, el Hijo amado habita en Él y Él en nosotros.

No nos quedemos en una mera sombra de lo que podemos llegar a ser. Aprovechemos el gimnasio, la escuela y la Iglesia. Ahí nos van a proporcionar la alimentación y preparación adecuadas para el despliegue de la verdad de lo podemos desarrollar. Así ahora, en estos días de conclusión del curso todos hemos de alzar la mirada y considerar si hemos tratado de alcanzar lo esperado y en qué medida lo hemos conseguido. Nuestros alumnos mayores acaban ya su paso por nuestro centro, esperamos haberos ofrecido nuestros superalimentos para que al menos sepan lo que les conviene de aquí en adelante. Recordad que esta será siempre vuestra casa, y por tanto podréis volver cuando queráis y se os abrirán de nuevo las puertas. La Provi es una familia unida, puesto que se alimenta del cariño de María, madre del Aquel que es alimento para la Vida eterna, a la que todos deberíamos apuntar.