ESTABLECERSE
No debe ser nada fácil encontrarse con el lugar en el mundo en el que establecerse. Entre otros muchos motivos debe ser porque cada uno va buscando la confluencia de distintos elementos idílicos que difícilmente se logran; siempre alguno habrá alguno que se nos escape. Otras veces ese buscador o buscadora no sabrá bien lo que anhela, pero percibe que el lugar en el que habita no le satisface del todo, y ahí sigue y sigue intentando dar con el lugar y la vida que le gustaría llevar. Otros hay que tiraron la toalla hace ya mucho y han asumido que, el aunque viven en un entorno que no les agrada, no les queda más remedio que seguir e ir tirando. Y habrá otros tan sumamente adaptados a su barrio, a sus calles y gentes, que ni te moles en hablarles de traslado.
El ser humano tiene un largo pasado de andar y andar los caminos. También son muchos los motivos que obligan a las personas y a los grupos humanos a vivir con el petate encima, con la casa a cuestas, sin terminar nunca de establecerse. Hay nómadas, peregrinos, vagabundos, exiliados o simplemente migrantes, que van recorriendo lugares y lugares sin saber dónde han de pararse. Tampoco debe ser sencillo no lograr echar raíces de manera estable o tener que romper con ellas y deber partir a un mundo nuevo, desconocido y por tanto previsiblemente complejo.
Algo de esa vieja tarea de traslado pervive en los que aprovechan cualquier tiempo vacacional para marcarse un periplo a lo más remoto, a lo más exótico o a aquello que la agencia de viajes te ofrezca. También están los que, aunque por motivos laborales se ven obligados a vivir en una gran ciudad, en cuanto les es posible escapan a sus pueblos, a sus segundas residencias o a hacer el llamado turismo rural. Y es que dar con el lugar ideal en el que establecerse debe ser algo así como que te toque la lotería: estar en donde se quiere ser.
No se trata sólo de hallar un entorno que parezca una postal; hace falta algo más que eso. A veces ese lugar en el mundo no sólo ha de ser físico, pues no se trata de una ubicación del GPS, sino que además debe ser existencial e incluso espiritual. Cuando alguien encuentra su sitio lo ha de reconocer con la mente y con el corazón, renunciar ya a recorrer más caminos, para al fin establecerse allí. Lo habrá conseguido.
Pues en este tiempo pascual pasa algo similar, algunos dan con la piedra desechada por los arquitectos, por los bienpensantes que tenían todo tan sumamente acabado, que sin más se escandalizaban de lo que anunciaban los apóstoles: Jesucristo era y es aquella piedra sobre la que levantar el edificio en el que se podía encontrar la complacencia justa para vivir con el Resucitado. Este sí es Aquel de quien nos hablaban las hablaban las escrituras. Este es el Resucitado en el que podemos también resucitar, siendo adoradores en espíritu y verdad. Nada que ver con todos los lugares conocidos hasta ahora en nuestras idas y venidas; aquí hay vida y se es de otra manera más plena. Aquí, en Cristo, merece la pena establecerse de manera definitiva. Este es el sitio de mi recreo, en el que siento mi libertad liberada.
El que descubre esa relación con el Hijo, tiene acceso también al Padre y posee la vida divina como un manantial de aguas vivas dentro de sí. Es ahí donde es preciso quedarse, porque ahí ya has hallado tu lugar, y simplemente deberás ir descubriéndolo y estableciéndote. Se acabó la vida nómada persiguiendo vanos afanes. Tan sólo quédate y permanece ahí. Establece con Él un sólido cimiento para levantar tu morada, una morada que es además la de otros muchos hermanos que también le han encontrado y aceptado como Él que da vida y sentido a sus vidas. A partir de entonces también Él se va a establecer en ti, en vosotros, para ser capaces de superar por el amor ese individualismo despersonalizador. Te abrirás felizmente a la fraternidad.
Deja que Él sea lo que es: el Camino, la verdad y la vida de tu nueva vida. Ponte en modo servicio, atendiendo a las necesidades y las heridas de aquellos que encuentres. Aprende a llorar con los que lloran y a reír con los que ríen. No vivas ya exclusivamente referido a ti mismo y a tus propios intereses, ya que ahí no vas a encontrar el lugar ni el ser que buscabas. Reconoce al Dios tan denostado y desechado, porque es justamente la piedra sobre la que levantar tu biografía de manera acertada. Sabrás que es ahí porque el corazón te lo va a mostrar con la sencilla dicha de haber encontrado verdadero acomodo.






