sábado, 26 de septiembre de 2026

A las claras

A LAS CLARAS


Si a alguien de Alcalá le dicen que va a las Claras, entienden rápidamente que quiere ir al monasterio de las Clarisas, posiblemente a adquirir almendras garrapiñadas. Pero no, esta vez no nos referimos a eso con el título de esta entrada del blog, sino más bien a la necesaria virtud de de ser claros, sin turbiedad alguna, sin falsedades. Y es de agradecer que aún haya personas así en este mundo, que vayan a las claras, sin subterfugios ni engaños, porque manifiestan lo que creen, lo que piensan, y consecuentemente lo que realizan. Es decir que ante una persona con esa preciada nobleza cualquiera sabe a qué atenerse y reconoce que se puede confiar en él o ella.

Aunque es cierto que vivimos en tiempos confusos en los que arrecia la desinformación. Por tierra mar y aire nos proponen una pseudo realidad que sirve de cebo a los que, en lugar de  ir a las claras, van más bien a ciegas. Y es que de un lado y del contrario, a hora y a deshora, los manipuladores tratan de que reaccionemos de manera inmediata y meramente desde lo más emocional, no desde la racionalidad y la comprensión propias de los seres humanos prudentes. Parece como si tanta confrontación fuese promovida por los que no van nunca a las claras: dicen una cosa, pero luego hacen lo contrario y con muchas ocultaciones. Son estos los denominados populismos, llenos de promesas que tan solo serán promesas incumplidas, porque la realidad va por otros derroteros de los que se apresuran a maquillar con una fastuosa maquinaria de desinformación.

Hoy más que nunca solemos dar por bueno lo que de bueno tiene poco o nada. Corren los bulos por doquier, y tan pronto como enciendas el dispositivo de turno, ya están acechándonos con falsedades, medias verdades o simple y llanamente timos. Dos declaran versiones contradictorias del mismo hecho, se llevan la contraria, y puede que incluso mienta tanto Isabel como Fernando. Cuando la verdad asoma su faz y les deja en evidencia, con mirar para otro sitio y sentenciar que nunca han dicho lo que dijeron. dan por zanjado el asunto sin siquiera sonrojarse un ápice.

Decían los clásicos aquello de "res, non verba" atribuid la sentencia a Catón el Viejo; esto de hechos no palabras sigue siendo tan válido hoy como lo era entonces. Si nos fiamos tan solo de lo que nos dicen, es muy posible que antes o después acabemos desengañados y constatablemente trasquilados. El que persigue una intención no confesable, se la va a callar, aduciendo justamente lo que queremos oír. ¡Ay de los que siguen las voces de sirenas y se dejan engatusar por el demagogo de turno! Por favor, advirtamos a tiempo quién va a las claras con lo que es y con lo que hace, y por tanto nada tiene que ocultar, en lugar de lamentarnos del engaño en el que hemos elegido caer. Abramos los ojos para distinguir verdades de apariencias, auténticos de embaucadores, honrados de corruptos, y sinceros de mentirosos. ¿Tan difícil es?

Pues en este sentido, la primera lectura del domingo XXVI del tiempo ordinario (A), el profeta Ezequiel nos pregunta si es injusto el proceder de Dios o más bien es el nuestro, y nos invita a reconducir nuestra conducta, para no tener nada que ocultar ante la presencia de Señor, que nos trata siempre con ternura y misericordia, a pesar de nuestra falta de claridad en la manera habitual de proceder. Un padre o una madre también, además de con el buen ejemplo, ha de educar a sus hijos con ternura y comprensión, pero reconociendo y reconduciendo esas posibles conductas poco modélicas de nuestros hijos. Así también los profesores en el ejercicio de su profesión y vocación: enseñar contenidos, por supuesto, pero inculcar la manera correcta de comportarse en clase y con los demás: respeto, interés, atención y esfuerzo. Si no nos comportamos así ni familia ni docentes estaremos yendo verdaderamente a las claras en nuestra tarea.

En la parábola que nos propone Jesús hoy en el evangelio vemos a dos hijos con comportamientos opuestos. Ante la misma petición el primero dice que sí, pero desobedece; por contra, el segundo dice que no, pero luego accede y termina por hacer la tarea que el padre le ha pedido. Y este caso u otro similar en el día a día lo hemos visto muchas veces, incluso alguna de ellas hasta lo hemos protagonizado. Podemos ser de los que ponen buena cara, pero no el corazón, de los que no van a las claras y no hacen lo que dicen que van a hacer, o de los que aunque no querríamos asumir la petición, por amor al padre terminamos realizando lo que se nos ha solicitado. Pues la diferencia no es baladí, sino fundamental. Por jugarnos nos jugamos hasta quién SOY.

Será por esto que San Pablo en la Carta a los Filipenses nos invita a que tengamos los mismos sentimientos que Cristo Jesús, que no vino a ser servido, sino a servir. Otro gallo cantaría si tratáramos de cumplir tan excelsa tarea: amar y tratar así a todos, a la familia, a los profes, a los amigos, a los compañeros, a los vecinos, a los pequeños, a los mayores, a los iguales, a los diferentes, a todos. Eso, precisamente eso es ser para los demás, sencillamente un gran bien para los demás. ¿Tan difícil es?

sábado, 19 de septiembre de 2026

Bajo la ley de la oferta y la demanda

BAJO LA LEY DE LA OFERTA Y LA DEMANDA


Al parecer, y según indican los que saben de ello, la IA consulta numerosas fuentes antes de emitir su instantáneo veredicto. Menos mal, pues a los pobre humanos nos costaba años recopilar la información más relevante, asimilarla, relacionarla con todo lo que se hubiese manifestado de interés con anterioridad y poder hacernos una idea lo más acertada posible acerca de aquella cuestión a esclarecer. No éramos malos investigadores del todo, ni siquiera cuando no teníamos acceso directo a la información digital, sino que había que buscar analógicamente, y eso requería de tiempo y constancia. ¡Qué tiempos tan pretéritos aquellos en los que el conocimiento se elaboraba a fuego lento y en cazuela de barro! Nada que ver con los tiempos modernos en que se cocina ya con la olla megarápida de la IA, pues basta con una solicitud o prompt y esperar a que se genere la respuesta en un periquete. Pero resulta que lo que la IA nos devuelve presenta todavía marcados sesgos que se nos pueden estar escapando. La inmediatez no es garantía de calidad, más bien de improvisación o incluso de mera chapuza para salvar los muebles.

Siempre se nos ha dicho que las prisas no son buenas, que conviene tener paciencia y que también hay que tomarse su tiempo, porque hasta el proceso puede ser tan enriquecedor como el resultado final. Y es que hoy, o no sabemos o no queremos esperar. Todo a de ser a nuestro antojo y para ya mismo. Pero así como en cocina esta inmediatez arruina el plato, también en la elaboración del conocimiento hay que proceder paso a paso y con cuidado, si es queremos que el resultado esté bien construido y nos aproxime a la verdad. Conviene tener cautela; no darlo todo por bueno de buenas a primeras y usar sólo los mejores ingredientes documentales, si es que no queremos caer del mismo modo en esos sesgos que distorsionan lo que acabamos de llegar a conocer.

Pues también los seres humanos tomamos muchas influencias sin cribar apenas en lo que damos por bueno. Vivimos en un momento y en una cultura que efectivamente nos influye y condiciona, y debemos tenerlo en cuenta. Por eso resulta sumamente interesante salir de nuestra zona de confort y bienestar acomodaticio y dejarnos contrastar por ejemplo por el Evangelio, que no es sospechoso de estar basado en la última tendencia. Si es cierto aquello de queremos educar personas pensantes y con un alto pensamiento crítico, capaces de cuestionar y cuestionarse, verdaderos buscadores de la verdad, hemos de coincidir en que las palabras de Jesús nos exponen a una libertad personal y espiritual que no se acomodó nunca con el orden establecido. Rápido entraba en conflicto su manera de hacer y decir con lo política y religiosamente correcto. Nunca le importaron demasiado las consecuencias, cuestionaba lo que era cuestionable. En eso otros también han destacado, por ejemplo Sócrates, gran socavador de lo infundado. 

Tal vez uno de las formas que hemos asumido y dado por buena, de igual manera que en tiempos de Jesús también eran asumidas otras ya totalmente desfasadas, es la tan cacareada ley de la oferta y la demanda. Algunos la consideran como la regla que todo lo equilibra, pero es posible que tampoco sea la panacea, o que incluso no sea del todo justa. Al menos así nos lo pueden sugerir las lecturas de este domingo XXV de tiempo ordinario (ciclo A). No se trata tanto de medir y calcular, sino más bien de darse por completo. No se establece el valor según el precio del mercado, sino que es el amor el que concede, o más bien reconoce el valor a las personas, acciones y cosas. Bienvenidos a la lógica de la gratuidad y a la sobreabundancia. Este sí es el sesgo, pero el bendito sesgo del Reino de Dios.

El valor de las personas para la antropología cristianan es absoluto por lo que se es en sí, y por tanto, cada criatura merece toda la consideración, respeto, protección y cuidado. Dios no nos trata según nuestros errores ni aciertos, sino que nos hace libres, con capacidad de descubrir y tratar de lograr lo mejor como personas comprometidas con el bien común. En esta lógica del don no caben ni el individualismo ni el materialismo ni el egoísmo, que tanto sesgan nuestro común modo de instalarnos en este mundo hostil. Otro gallo cantaría si esa ley de la oferta y la demanda, o del primero siempre uno mismo, terminara por ser desechada de una vez; porque en definitiva en esta ley sacrosanta está el fundamento de un hombre deshumanizado, de un hombre que es un lobo para el hombre, pues en lugar de abrir el corazón, todo lo calcula desde su propio bolsillo.

Puestos a la escucha del Evangelio, que nos muestra la manera en que Dios nos trata a todos los trabajadores de su viña de la misma manera, no como a nosotros nos hubiera parecido, sino empezando por los últimos y terminando por los primeros. El mundo al revés, los que se creían merecedores de más que el resto son los que reciben exactamente la misma paga.

Aprendamos a detectar y superar todos esos sesgos deshumanizadores que hemos ido asumiendo, y vayamos a trabajar animosos con y por los otros en esta la cosecha común. La alegría por compartir los bienes es mucho mayor que la del que se lo guarda todo para sí, ese aún no ha empezado a cotizar en la Bolsa que importa, la de los Cielos, donde los beneficios alcanzan su verdadero valor, los demás índices de cotización tal vez no sean más que tesoros que corroe la carcoma. Entonces, no haríamos mal en preguntarnos ¿desde dónde SOY y para quién? ¿Cuál es el denario al que aspiro el de los hombres o el que concede el Buen Dios?

sábado, 12 de septiembre de 2026

Otro gallo cantaría

OTRO GALLO CANTARÍA


Basta echar un vistazo alrededor para darse cuenta de que a menudo las cosas no están funcionando como esperábamos. No es que hayamos perdido el juicio, simplemente que muchas veces no elegimos lo mejor o simplemente nos dejamos llevar por lo más cómodo, sin pararnos a considerar lo que hacemos o por dónde vamos tirando; y así nos va, aunque bien pudiera habernos ido mucho mejor. Tan sólo tomamos conciencia de que hemos tomado el camino equivocado cuando ya llevamos recorrido un buen trecho. Toca desandar para enmendarlo o persistir obcecadamente en el recorrido que nos llevará a donde no queríamos ir: directos al atolladero.

Esta semanita pasada salió el tan cacareado informe PISA, que a día de hoy continúan analizando los concienzudos expertos en evaluar sistemas educativos. De poco o nada van a servir los nefastos resultados logrados, porque aunque todos lo veníamos venir, y por tanto a nadie le pilla de sorpresa, ninguna medida se tomará para revertir el desastre. Persistiremos como si las alarmas sean tan sólo cantos de sirenas o palabras necias a las que haya que hacer oídos sordos. Otro gallo nos cantaría si fuésemos lo suficientemente responsables para tratar de reconducir la situación, en lugar de escamotear torpemente las malas decisiones tomadas, echándole la culpa a quién sabe, que en eso sí que logramos una calificación considerable.

Parece como si la educación no importara, cuando es el factor decisivo tanto para el futuro de la sociedad como para la configuración de personas con capacidad plena de juicio independiente y crítico que darán continuidad a la sociedad con sus aportaciones. Tal vez haya interesados en que los ciudadanos seamos cada vez más dóciles, necios y manipulables desde lo instintivo. Cuanto más distraídos estemos y seamos menos capaces de reflexionar, mejor para los que de manera exclusiva miran por sí mismos, nunca por el bien de los demás y su promoción. Si nuestros alumnos no entienden lo que leen, algo no estamos haciendo bien y habrá que revertirlo cuanto antes, en lugar de dejarlo estar. Sí que estamos advertidos, y no sólo por los resultados de los informes PISA, el mal está y es constatable.

También nos se ha informado esta semana sobre la inesperada renuncia del ingeniero de la conocida empresa de software Anthropic, Jacob Coxon. Este joven nos advierte sobre la apresurada y descontrolada evolución de la IA. Tras años de desarrollo y entrenamiento de la IA señala la irresponsabilidad de las empresas que las crean y mantienen. Estas corporaciones no atienden a las advertencias sobre las consecuencias que puede tener su invención al no ser lo suficientemente cautos y previsores ante los avances de la IA, tan sólo les preocupa no quedarse descolgados es esta precipitada carrera tecnológica. Ni atienden a las numerosas advertencias que se están produciendo, especialmente clarividente la encíclica que León XIV sacó en los días previos a su pasada visita a España, ni tampoco a las preocupantes acciones que la IA se ha tomado para realizar operaciones no deseadas por los que se precian aún de ser sus dueños. 

Todo apunta a una situación cuanto menos sorprendente: los humanos perdemos capacidad de comprensión y razonamiento, mientras fomentamos una inteligencia no humana cada vez más potente, fría, autónoma e irresponsable. No es descartable por ello que este eficiente artefacto lógico tecnológico empiece pronto a tomar decisiones al margen de los humanos, y que incluso llegue a tomar el control.

No teníamos bastante con no atrevernos a ser verdaderamente libres, a conformarnos con una libertad de mínimos, mientras los poderosos hacen y deshacen a su antojo sin rendir cuentas a nadie, que ahora además vamos a terminar dependiendo del arbitrario algoritmo. Ver para creer los índices de insensatez que estamos alcanzando. Que sean las máquinas las que terminen anulando algo esencial de los seres humanos, nuestra libertad. porque al igual que hemos hecho con nuestra capacidad lectora, vamos a terminar haciendo con nuestra preciada libertad, por cesión y renuncia. Otro gallo cantaría si fuéramos capaces de tomarnos en serio el alarmante mundo que por acción y omisión estamos propiciando.

Así también este domingo XXIV de tiempo ordinario (ciclo A) nos señala que con frecuencia no procedemos como sería razonable. Exigimos que a nosotros se nos trate de una manera, pero no estamos dispuestos a aplicar esa misma tolerancia con los demás. Queremos ser tratados con manga ancha, y generosamente y con facilidad también nos la aplicamos a nosotros; pero sin embargo, con los fallos que cualquiera cometa no recurrimos a esa misma medida. Somos intransigentes con los demás, pero no nos agrada que no lo sean con nosotros. Queremos ser comprendidos y perdonados por los otros, aunque nosotros nos volvemos duros de corazón, rencorosos y hasta crueles con el hermano que nos ha ofendido de manera al parecer imperdonable. Tenemos dos varas muy distintas de medir, y así nos va. Tan solo censuramos lo que hagan los que nos ofenden.

Y es que vivimos en un mundo hostil y pronto a responder con la agresividad y la violencia. Todo lo resolvemos mediante la misma estrategia: el conflicto y la gresca, pero no el diálogo y el encuentro. ¿Cómo mejoraría la convivencia entre todos (familia, colegio, comunidades, países) si practicáramos más este perdón que Jesucristo nos propone? Otro gallo cantaría, y de manera diáfana y certera, que es como cantan los gallos al anunciar el alba, si en lugar de responder desde el celebro reptil o más primitivo, lo hiciéramos desde la lumbre del corazón en que dejáramos estar al Señor.

En el salmo de este día exclamamos alabando a Dios por ser compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Todos nosotros, criaturas suyas, estamos hechos a su imagen y semejanza podríamos imitar su ejemplo. Tal vez sí podemos entendernos si pedimos perdón y perdonamos en lugar de ofuscarnos en un rencor nocivo y corrosivo. Sólo el que perdona y es perdonado supera los lastres del error y da lugar a un nuevo comienzo.

No se nos pide exclusivamente que seamos más comprensivos con los textos que leemos, porque la lectura es un tipo de comunicación humana extraordinariamente educadora, sino que también y de manera especial, que no nos dejemos deshumanizar por una inteligencia algorítmica ajena a la comprensión de los fallos del otro y a cualquier tipo de juicio moral. Si queremos ser aún plenamente humanos hemos de tomar medidas, y entre ellas quizás no está de más tener presente a este Dios todo misericordia del que Jesucristo es su Hijo. Sí, sin duda, otro gallo cantaría.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Comenzar de nuevo

 COMENZAR DE NUEVO


En la vida, según se va teniendo experiencia, nos vamos percatando que el tiempo pasa inexorablemente. Es verdad que unas veces corre que vuela, mientras otras transcurre más sereno. Tal vez no dependa tanto de la precipitación o la lentitud de este transcurso temporal del reloj como de la manera en que lo vivimos y nos sumergimos en las mismas aguas de ese río que decía Heráclito, ya que se están constantemente renovando. Pero no sólo eso, es que además esta sucesión de los días conlleva la sucesión de etapas; unas se van cerrando y otras dan comienzo.

Sería como sentarse a la orilla del mar y ver que llega una ola, detrás otra, y a continuación la sigue otra, y así desde tiempo inmemorial y hasta vaya usted a saber cuándo. Y es que delante del mar, si uno quiere, se puede seguir contemplando, preguntándose y comprendiendo el misterio que media entre lo efímero y lo eterno. De igual modo, nuestra respiración es un continuo sucederse. Se basa en tomar lo que llega y soltar lo que ya nos ha aprovechado en ese gozo inestimable de inspirar y expeler el aire del que nos proveemos para seguir viviendo. Un aire libre y compartido, un aire portador de oxígeno renovado e imprescindible para mantenernos vivos.

Y ahora a todos nosotros nos toca dejar atrás el periodo vacacional para centrarnos en esta nueva etapa que llega, el nuevo curso que está por estrenar. No añoremos o nos aferremos a lo que ya no es, sino que hemos de disponernos a lo nuevo, a lo que se nos presenta delante y que podemos emplear para nuestro crecimiento como seres humanos.

Por esto empezamos aquí y ahora este nuevo ciclo de entradas del blog de pastoral, semana a semana, latido a latido, domingo a domingo, a la luz de la palabra de Dios, que siempre es inspiradora y nos hace vivir con el espíritu menos adormecido y conformista. Y justo nos encontramos ya con el domingo XXIII de tiempo ordinario del ciclo A, en el que se nos propone cómo ejercer de manera constructiva nuestro papel de educadores en nuestra comunidad del Colegio Santa María de la Providencia o en nuestras familias. Todos somos a la vez educadores y educandos, todos aprendemos juntos, no para condenar los fallos de cualquiera de nosotros, para echárnoslos en cara y hacer daño, sino por contra para comenzar de nuevo, habiendo aprendido de los errores cometidos. Soltar lo anterior y empezar de nuevo, liberar y liberarnos.

No es indiferente, desde el respeto de los uno con los otros, vamos a plantearnos el mutuo aprendizaje en este curso que inauguramos como esa gran oportunidad para madurar y mejorar intelectualmente y académicamente, y de modo muy especial como personas que quieren convivir dando lo mejor de sí. Hemos de hacernos por tanto responsables de nosotros mismos, pero además también de lo que hagan los demás, del resto de miembros de este grupo humano empeñado en hacer realidad un mundo nuevo en el que merece la pena llevar a cabo nuestros proyectos y sueños.

Hoy nos recuerda San Pablo que el que ama al prójimo ha cumplido con toda la ley, la única ley que nos permite amarnos como hermanos, hijos del mismo Padre y corresponsables los unos de los otros. Hagamos realidad nuestra esencia de ser Educación Evangelio con ilusión y coraje, escuchando esa voz del Señor que nos invita una y otra vez a mirar a lo alto, sin conformarnos con aquello que debamos tratar de rectificar. Es una misión y una tarea que hemos de asumir todos, porque si nos tomamos en serio el lema de este curso SOY, podremos mirar ese curso que se nos abre ahora de manera personal y comunitaria. Es esta una vocación extraordinariamente maravillosa para desplegar a lo largo del curso. Todos estamos llamados a llevarla a cabo; sea el curso un proyecto compartido que nos compromete. 

En el evangelio además el propio Jesús nos propone ponernos de acuerdo y unirnos para solicitar la ayuda de Dios, que todo lo puede, para que sea posible; puesto que si nos reunimos en nombre de Jesucristo es está ahí, en medio de nosotros, resucitado y resucitador, es decir suscitando siempre en nosotros algo novedoso y extraordinario. Que Él sea nuestro guía a lo largo de este curso, el que estando en medio y con nosotros nos corrige, nos renueva y alienta. Con Cristo, con su evangelio y su madre, Nuestra Señora de la Providencia, vamos a lograrlo: un nuevo curso lleno de buenas experiencias compartidas, de cuidados y alegrías, de apoyo mutuo y compromiso. Ser Provi es esto y no otra cosa; y este curso que ahora empieza, si cada uno es con el que nos asegura de sí mismos que SOY la verdad, el camino y la vida, va a ser posible y verdaderamente memorable. Pidámoselo. ¡Muy feliz y provechoso curso 2026/27!

sábado, 6 de junio de 2026

Superalimentos

SUPERALIMENTOS


Somos lo que comemos, dicen los expertos en nutrición. Y muy probablemente sea una verdad irrefutable, entre otras cosas por la evidencia de los beneficios que aporta llevar una dieta variada y saludable. El que se alimenta mal enferma. El que cuida su alimentación nutre adecuadamente lo que su cuerpo necesita y eso repercute en la mejora de su salud. Sí, en gran medida somos lo comemos, pero de manera similar podríamos llegar a decir que también comeremos según lo que seamos. 

Hoy, que a la gente le gusta cuidarse, se han hecho famosos los llamados superalimentos. Y esas tendencias son conocidas, impulsadas y aprovechadas por el mercado, que conoce bien nuestros intereses y debilidades. Por ello la lista de estos extraordinarios ingredientes en una dieta saludable y razonada no termina de estar consensuada del todo y por todos. Como se suele decir hay disparidad de pareceres, como hay disparidad de sabores y nutrientes.

Es muy conveniente, por tanto, el cuidado del cuerpo, del propio cuerpo; pero lo que sería de lamentar es que ahí se acabaran nuestros cuidados. Tal vez sería necesario alzar la mirada para comprender que hay que cuidar también la mente, sin olvidarnos tampoco del alma. No podemos empobrecernos a ser exclusivamente cuerpos, sino que además este cuerpo integra alma y espíritu. La grandeza de nuestro cuerpo mortal es que somos mucho más aún, y de ahí que requiramos de otros alimentos indispensables.

Está fenomenal hacer ejercicio en el gimnasio, pero para evitar malograrse se hace muy recomendable ejercitarse también en las bibliotecas, haciendo series de levantamiento de libros, ejercitando la comprensión lectora y la actividad pensante, la puesta a punto de un vocabulario fabuloso y el desarrollo de la musculatura de la imaginación y de la inquietud intelectual. Es en el colegio donde se nos ofrece esa educación integral de mente y cuerpo que no deberíamos desdeñar. Craso error sería dilapidar aquellos alimentos del alma y del espíritu que tan provechosos pueden llegar a ser para el crecimiento de cada uno de nosotros.

Pero además, habrá otra alimentación que precise el deseable fortalecimiento de los tejidos del cuerpo, de ese cuerpo aumentado que no se agota en el individuo, sino que inserta y fortalece a las personas formando familias, grupos y comunidades. Es ese el cuerpo relacional en el que hemos de insertamos para lograr desplegar nuestra vocación a realizar lo que somos no exclusivamente reducidos a individuos, sino en función de los demás. Si perdemos de vista esta dimensión vital de nuestra existencia, el aislamiento termina por destruir la esencia misma de lo que es el ser humano. Cuidado porque este superalimento es imprescindible: interrelación, convivencia saludable y apoyo mutuo.

Este domingo celebramos por todo lo alto la solemnidad del Corpus Christi con el papa recorriendo las calles de nuestra ciudad de Madrid. Es sin duda una ocasión histórica en la que León XIV acude al epicentro de la ruptura social en que estamos inmersos ha hablarnos del fermento de unidad que se puede lograr cuando todos compartimos el mismo pan partido de Jesucristo. Es en Aquel que dio su vida en rescate por todos en dónde está ese ansiado superalimento para la regeneración personal de este mundo fragmentado por el materialismo, el individualismo y la pérdida de los vínculos entre los seres humanos entre nosotros. Sí Jesucristo con su cuerpo y su sangre, con su palabra y su ejemplo puede puede desbrozarnos la vía del encuentro: un encuentro con el rostro del hermano y del Padre. León no viene ha hablar de sí mismo, sino del Dios vivo que ha resucitado, capaz de hacernos partícipes de su vida y de su resurrección.

Estamos todos invitados a acoger a León XIV y a escuchar ese mensaje de unidad que nos trae. Estamos invitados a sentarnos en la misma mesa eucarística y compartir ese pan y ese vino que son Cuerpo y Sangre del mismo Jesús que se entrega por amor a todos. Ha Él de igual manera podemos acogerle para nutrir esa fibra moral, social y espiritual que se nos ha debilitado alarmantemente. Tampoco sería un acierto desechar este Superalimento que se nos ofrece para el crecimiento armónico de la persona, porque el que come de su Carne y bebe de su Sangre tiene vida eterna ya que Jesús mismo, el Hijo amado habita en Él y Él en nosotros.

No nos quedemos en una mera sombra de lo que podemos llegar a ser. Aprovechemos el gimnasio, la escuela y la Iglesia. Ahí nos van a proporcionar la alimentación y preparación adecuadas para el despliegue de la verdad de lo podemos desarrollar. Así ahora, en estos días de conclusión del curso todos hemos de alzar la mirada y considerar si hemos tratado de alcanzar lo esperado y en qué medida lo hemos conseguido. Nuestros alumnos mayores acaban ya su paso por nuestro centro, esperamos haberos ofrecido nuestros superalimentos para que al menos sepan lo que les conviene de aquí en adelante. Recordad que esta será siempre vuestra casa, y por tanto podréis volver cuando queráis y se os abrirán de nuevo las puertas. La Provi es una familia unida, puesto que se alimenta del cariño de María, madre del Aquel que es alimento para la Vida eterna, a la que todos deberíamos apuntar.

sábado, 30 de mayo de 2026

Quien a su familia se parece

 QUIEN A SU FAMILIA SE PARECE


Conocidísimo es el refrán español que afirma aquello de que "Quien a su familia se parece, honra merece". Y es que si hemos recibido un buen ejemplo y una educación apropiada, reproducir posteriormente ese legado que nos han transmitido es realmente justo y meritorio. ¡Qué menos que valorar y cultivar esa preciosa herencia! No se trata de ser meras copias sin originalidad, sino justamente perfeccionar desde la singularidad de cada uno, y en un contexto diferente, esa manera conocida de afianzarse y dotar de sentido nuestras particulares biografías. Todos deberíamos tratar de ser sucesores de un linaje, y honrarlo con nuestra mejor aportación posible.

Y es que es propio de los humanos reconocernos en los otros e imitar aquello que hemos aprendido. Muy posiblemente a lo largo de la vida habremos gozado de hermosos ejemplos y también de experiencias fallidas. A su vez, en la medida que vamos desplegando la existencia, nos convertimos también en modelo de otros muchos, en educadores de los demás por interacción con ellos, seamos conscientes de ello o no. Por tanto, sí importa, y mucho, lo que cada uno hace o lo que deja de hacer, pues de este modo se demuestra el ejemplo que ha recibido y el que está dispuesto a ofrecer también a los demás.

Sin embargo, es muy frecuente otra tendencia contraria: pretendemos que los demás se comporten como nosotros decidimos, que se adapten a nuestro parecer, gusto y antojo. No tanto parecernos a lo que hemos visto y considerado como ejemplar, sino por contra exigir que los demás reproduzcan nuestro modelo. Es ahí donde van a aparecer futuros choques y problemas de convivencia, ya que si todos absolutizamos nuestros modos de pensar o actuar no vamos a dejar posibilidad de encuentro y entendimiento con nuestros semejantes. Y estos patrones de aprender del otro, o de tratar a toda costa que el otro aprenda del uno, tan comunes, pueden estar ocurriendo en la vida espiritual. ¿Queremos asemejarnos a Dios o que Dios se acomode a mis expectativas? Tal vez esta opción reflejaría el grado de madurez del creyente.

Pretender que sea Dios el que nos refleje conduce inequívocamente a la decepción y ruptura con Dios, de igual manera que el que obliga a que los demás realicen lo que uno espera termina por complicar cualquier relación. La otra opción es la más adecuada para el discípulo que desea dejarse hacer por la gracia e ir transformando su vida conforme a la voluntad de Dios, del Dios Creador y Dador de vida plena. Es esta segunda forma de seguimiento la que resulta enriquecedora, la que reproduce lo que ve en el Señor dentro de la Iglesia, lo mejor, lo ejemplar, lo que hace crecer realmente.

Hemos de reproducir esa imagen del Dios trinitario en nosotros y en nuestras comunidades: el amor del Padre, la entrega filial del Hijo en la Vida que da el Espíritu Santo. Este es nuestro tesoro, nuestro cuño y mejor ejemplo. De origen y por nuestra condición somos creados según esta imagen y dotados de capacidad para desarrollar y concretar con inmensa belleza la semejanza con este Dios Uno y Trino, origen y meta de nuestro vivir. Pues si uno vive sólo para sí, su no alza la mirada y abre el corazón, no esta moldeando esa semejanza con la Fuente de todo amor. Pero sí logramos escapar de este autocerramiento individualista que despersonaliza, aísla y empobrece el ser, podremos empezar a estar a merced del fuego del Espíritu transformador. Serás libre y capaz de operar en ti y con los hermanos procesos de crecimiento y santidad.

Sí tenemos una familia a la que parecernos, contamos con extraordinarios modelos para reproducir esa semejanza honrosa. En lugar de desfigurar esa impronta divina que está en nosotros, podemos empeñarnos en destrozarla y destrozarnos nosotros al mismo tiempo. Pero quizás, con la ayuda de los que ya están más avezados en este desarrollo espiritual, que nos acompañan e iluminan es nuestro proceso de liberación, podemos ir gestando lo mejor que hay en nosotros y que la gracia va a enriquecer. Ensanchemos el alma, soltemos amarras, hagamos lo mejor, no lo mediocre, no lo establecido ni lo que nos coarta.

Este domingo de la Santísima Trinidad es tiempo propicio para crecer en esa imagen y semejanza a que nos debemos, como han hecho y hacen tantos santos. Contamos para ello con la gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo. Viene ya nuestro pontífice, León XIV a anunciarnos con valentía el Reino de Dios. Si todos nos ponemos a ello estos procesos de transformación que la Trinidad suscita a favor de los seres humanos serán imparables.

sábado, 23 de mayo de 2026

La fórmula magistral

 LA FÓRMULA MAGISTRAL


Andan en ello, denodadamente están los laboratorio antiguos y modernos, tras la fórmula secreta que dé por fin con la pastillita de la eterna juventud. La ciencia, de la mano de la ultimísima tecnología, cree que en breve tendrán a disposición de los mayores acaudaladas fortunas un remedio útil, si no contra el paso del tiempo, al menos conta el envejecimiento y conseguir detener los estragos que la avanzada edad realiza en nuestro frágil organismo. Antaño ser mayor solía conllevar el ser sabio, o al menos venerable por la experiencia vital acumulada. Hoy, en lugar de aceptar y valorar cada etapa de la vida y el fin natural de nuestros días, nos hemos rebelado contra el declive natural del organismo. Son muchas las dolencias y sufrimientos de los seres humanos, algunos producidos por la enfermedad, pero otros por la pobreza, la desigualdad, el hambre o la guerra. Esas deben de importarles bastante menos a los pudientes, porque no les terminan de parecer dignas de solución, pero la vejez sí, para los que sólo se preocupan de sí mismos y de lo que les afecta a ellos.

Puede que vivir consista más en desgastarse por el bien de los demás, que tratar de retener y acumular lo que biológicamente es contra natura. En una sociedad individualista y desvinculada, más propia de una terrible distopía que de los grupos verdaderamente humanos, cada cual iría exclusivamente a lo suyo siendo indiferente a los problemas e injusticias de los otros, a los que se termina considerando enemigos o rivales, pero no semejantes. Nada de lo humano nos debería resultar ajeno, y menos los rostros de las personas sufrientes. Sin embargo, parece que cada vez más nos estamos volviendo invisibles los unos a los otros, pues aunque los hombres no somos islas, a veces parece que sí lo fuésemos, y rodeados además de innumerables tiburones hambrientos.

Pero para este enfriamiento de lo que propiamente supone una pérdida de la calidez humana, sí hay remedio. Lo primero es ser consciente de lo que nos está sucediendo, y una vez que ya hemos dado con el mal que nos daña, tratar de acudir a aquel que pueda paliarlo o al menos aliviar los síntomas. Considero que perseverar en el daño sería una completa necedad. Antaño uno no se presentaba en la botica a que le diesen un remedio general y válido para todos, pues a cada dolencia había que personalizarle su remedio. Para eso, los especialistas, en el secreto de la trastienda, mezclaban cuidadosamente y preparaban la fórmula magistral específica para la dolencia del paciente. Eran otros tiempos y otra manera de relación interpersonal, donde médico, enfermo y boticario conocían sus nombres y hasta las vicisitudes de sus respectivas vidas. 

Hoy cerramos el triunfo de Jesucristo, que estando muerto ha resucitado y nos dona su Espíritu. Hoy celebramos el inicio y andadura de la Iglesia, es decir, del cuerpo místico del Resucitado que desde entonces le anuncia y testimonia a lo largo de la Historia. La Historia es ahora historia de salvación, tanto para cada ser humano como colectiva, pues la Iglesia es católica, universal en el tiempo y en el espacio. Hoy recibimos con indescriptible júbilo los múltiples dones del Espíritu Santo. Este es el remedio personalizado que el Gran Boticario nos ha preparado como remedio para nuestra sanación. Necesitamos este desborde del amor de Dios para lograr llegar a desbordarnos nosotros de su amor y poder superar el aislamiento egoísta.

Alcemos la mirada, porque nos llega generoso el Espíritu para transformar el anquilosamiento que tristemente venimos asumiendo. Recuperemos al ser humano que prioriza el encuentro y el trato con los demás, en lugar de la ansiedad por hacer sin medida. Interactuemos con nuestros semejantes en lugar de con el móvil y demás ladrones de tiempo. Dedícate tiempo a ti, a los hermanos y a Dios, que esto siempre ha sido el norte de la vida humana. El Espíritu va a potenciar tu liberación, muchísimo más que esas bebidas energéticas que te mantienen activo físicamente, pero sólo eso, físicamente, pero no integralmente. Déjate activar por el Espíritu libertador, y verás lo que ocurre con tu vida.

Ya viene el papa, y trae debajo del brazo una carta encíclica, un mensaje irrenunciable para todos nosotros si queremos estar despiertos ante los retos de esta nueva etapa histórica. Aún podemos ser miembros activos de esta "Magnífica Humanitas", en lugar de pasivos en inconscientes víctimas de lo pueda ocurrir. Todos nosotros nos hemos de preparar para recibir al Espíritu que viene y a León XIV. Ambos son coincidentes, ambos hablan de la capacidad que tenemos los seres humanos para lograr un mundo habitable y sostenible, un lugar justo y en paz, un mundo digno de la dignidad de todo hombre, un mundo conforme a la voluntad del Dios de Jesús.

Aprovechemos esa confluencia de venidas para empezar a hacerlo posible. Empezando por cada uno de nosotros y responsabilizándonos también de lo comunitario. Se trata de vivir y realizar según el Evangelio, nada más y nada menos, porque es el mejor remedio a los males que nos afligen de forma global. Cristo no murió en vano, sino para darnos vida, y justamente ahora en estos días, con el envío de su Espíritu en Pentecostés, nos la da, capacitándonos para propiciar y acrecentar esa verdadera vida en este mundo que languidece por la falta de amor que le estamos dando. Ninguna tarea puede merecer más la pena que aquella que el Espíritu consolador nos vaya propiciando. Seamos dóciles colaboradores con Él y habremos acertado de pleno con lo mucho o poco que cada uno haya logrado, pues es lo que el mismo Dios trinitario nos pedía.